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Culto
La fábula del Oscar de los hermanos Larraín

La fábula del Oscar de los hermanos Larraín

Hace 12 años partieron mal con Fuga, y hoy manejan Fábula, la compañía que hizo de Chile un país respetable en los festivales de Berlín, Cannes y Sundance. En 2012, Pablo Larraín dirigió No y nuestro país tuvo su primera nominación al Oscar extranjero. Hoy, los productores de Una mujer fantástica trabajan en dos filmes en EE.UU., cobijan dos producciones locales y planifican tres series.

El cine, como sucede en pocas artes, es una disciplina que se entiende bien con las relaciones fraternas. No hay que tener demasiados conocimientos enciclopédicos para recordar que los hermanos Lumière patentaron el primer cinematógrafo en 1895. Tampoco hay que bucear tanto en las aguas profundas del cine del siglo XX para encontrar a grandes parejas fraternas detrás de películas definitivas. Ahí están los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, y también Jean-Pierre y Luc Dardenne. O, en Estados Unidos, Joel y Ethan Coen. Y, en el más reciente terreno independiente, los hermanos Ben y Joshua Safdie.

En Chile, al menos una pareja de hermanos está detrás de un hito en la historia fílmica nacional: los Larraín. Para ser exactos, Pablo y Juan de Dios Larraín, de 41 y 39 años respectivamente, creadores de Fábula, la compañía que ha producido buena parte de los grandes éxitos a nivel de crítica del cine local en la última década. El primero es, además, director de cine y en esa calidad ha realizado Tony Manero (2008), la película que les dio prestigio en el Festival de Cannes; Post mórtem (2010), el largometraje que logró grandes reseñas en el Festival de Venecia; No, la primera cinta chilena en ser nominada al Oscar extranjero; El club (2015), el trabajo que ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín; Neruda (2016), su arriesgada reversión de un pedazo de vida del Nobel chileno, y Jackie (2016), la película con Natalie Portman que fue nominada al Oscar a Mejor película extranjera el año pasado.

Sin embargo, en 2017 todo empezó a cambiar aún más, aunque de la mano de un filme producido por Fábula que no era de Larraín. Era Una mujer fantástica, el largometraje que el director chileno Sebastián Lelio hizo después de su premiada Gloria (Oso de Plata a Mejor actriz en Berlín 2013 y también de Fábula) y que en Berlín 2017 se llevó el Oso de Plata a Mejor guión.

Protagonizada por Daniela Vega en el rol de la transgénero Marina Vidal, Una mujer fantástica se convirtió en un caso aparte: sintonizó con el clima anímico del momento, fue comprada por la poderosa Sony Classics para su distribución en Estados Unidos, fascinó al influyente crítico de The New York Times A.O. Scott, ganó el Film Independent Spirit Award a Mejor película internacional y, como todos lo saben, se llevó el Oscar a Mejor película extranjera el domingo pasado. Fue el primero para Chile en esa categoría y el tercero para Latinoamérica después de las dos veces que se lo llevó Argentina.

Fue, además, un premio perfecto para una generación de cineastas que viene haciendo ruido desde hace al menos 10 años. “Cuando fuimos al Oscar extranjero con No en 2012 nos enfrentábamos a un mastodonte que era Amour, la película de Michael Haneke”, dice Pablo Larraín. “Es decir, con nuestra pequeña película nos medíamos con el príncipe del establishment y la elite cultural europea. Amour tenía los mejores actores posibles y no creo que haya una película que se haya ganado tantos premios en su trayectoria, empezando por la Palma de Oro en Cannes”, agrega.

Para el realizador de Jackie, la llegada de Una mujer fantástica a la pelea por el Oscar extranjero 2018 tiene algo de historia conocida. “Lo bonito que sucedió acá es que de alguna forma se repitió un poco la experiencia al enfrentarnos con The square, la película sueca de Ruben Östlund, que como Amour también se había llevado la Palma de Oro en Cannes y también había tenido varios premios posteriores. The square se hizo en un rodaje que duró 90 días, con actores europeos y estadounidenses, mientras que nosotros con Una mujer fantástica veníamos con una película hecha con mucho menos dinero, a pulso, desde un país donde el cine no es una industria sino que una actividad. Es la clásica underdog (desamparada, no favorita), que va de menos a más”, comenta Pablo Larraín.

A pesar de que la lucha por el Oscar era fuerte, Juan de Dios Larraín cree que desde su primera exhibición en Berlín la cinta de Lelio ya caminaba con paso firme. “La película se la mostramos a los potenciales compradores incluso unos cuantos días antes del estreno en el Festival de Berlín. Y cuando ya se había mostrado allá, estaba vendida a más de 20 países. Ahora bien, nosotros llevamos años en esto y conocíamos a varias de las futuras compañías que la distribuirían en el mundo”, dice el menor de los hermanos. Además, agrega otro dato crucial: “Fue fundamental que Sony Classics decidiera estrenarla el 2 de febrero, apenas una semana después de ser nominada. Había acceso a Una mujer fantástica desde todos lados, estaba fresca en las cabezas de la gente y de los que debían votar”. La cinta ha recaudado US$ 1,5 millones a nivel global.

Pablo Larraín también agrega que la experiencia en el Festival de Telluride (en septiembre de 2017) le dio especial esperanza: “Ahí tuve la mayor impresión de que la película podía llegar muy, muy lejos. Telluride es un encuentro muy importante con vistas al Oscar, sobre todo por la gente que ahí se reúne en términos de productores, críticos, directores”. Al respecto, el director de No quiere aclarar algo que le incomoda: “Todo este éxito se ha logrado porque pudimos hacer bien lo que a mi juicio es lo más complejo, que es mostrarle la película a la gente correcta. Eso es lo que más cuesta. Y se aprende con los años y la experiencia. Algunos le dicen lobby, como si se tratara de un permiso para operar con una minera en el norte de Chile, pero todo consiste en confiar en una película y hacerla conocida entre quienes son los adecuados. El resto lo hace la película con su carga emocional y su humanidad”.

El realizador, que es dos años menor que Sebastián Lelio, también reconoce en él un talento privilegiado para conectar con el público: “Tiene una capacidad y humanidad muy poderosas, que le permiten conectar con ciertas sensibilidades. Creo que eso es muy difícil. Yo lo admiro muchísimo. Finalmente, cuando se logra eso se establecen puentes de empatía con la gente”, comenta y cita un filme en particular: “A propósito de esto hablábamos siempre de Torrentes de amor (1984), aquella película de John Cassavetes, donde siempre hay flujos de emociones, constantemente, sin parar. Creo que en Lelio hay algo admirable en ese sentido”.


Productores, no interventores

Aunque Pablo Larraín concentra bastantes más energías en la dirección y Juan de Dios Larraín es el hombre dedicado a la producción a tiempo completo en Fábula, el primero siempre interviene en esta última labor, pero a su manera.

“La clave de producir cine es proteger al director y su proyecto. Si intervienes y opinas más de la cuenta, influyes en lo que ese realizador y ese equipo pueden querer. Obviamente opinamos y Juan de Dios tiene una presencia más activa en el día a día, mientras que mi relación es más con el director. Pero siempre lo más importante va a ser que el anhelo y la película del director esté instalada en la pantalla” , dice refiriéndose además a cómo apoyó el trabajo de Lelio en Una mujer fantástica.

Con nuevas oficinas en Los Angeles (EE.UU.) con el objetivo de hacer películas en inglés, Fábula ha logrado una buena relación con varias compañías internacionales. “En esta industria, la del cine, la confianza es fundamental para mover las cosas. Las relaciones son a largo plazo. Aquellas las hemos establecido con compañías como Participant Media y Sony Classics en Estados Unidos, o Komplizen Films en Alemania. Pero también las películas son actos de fe y, por lo tanto, hay una confianza en que va a entregar algo de calidad. Eso en el cine ocurre todos los días”, explica Juan de Dios Larraín.

Y acerca de las ideas para nuevos proyectos, agrega: “Siempre trato de estar atento a lo que está pasando, de leer, de captar historias, de planificar, pero por otro lado hay que estar alerta a las oportunidades: te pueden invitar a participar en una producción o te comentan algo que te interesa”. A pesar de que quiere dejar en claro que Pablo Larraín, Sebastián Lelio o Marialy Rivas (por nombrar tres directores de Fábula), han generado siempre sus propias ideas, reconoce que Neruda partió de una concepción propia.

Neruda fue una película de largo aliento que comenzó por mi particular interés en el personaje. Mi idea de la película se acrecentó desde el momento en que leí Confieso que he vidido, donde observé una cantidad increíble de oportunidades. Pero eso al mismo tiempo era el problema: escoger entre todas esas historias y llevarlas al cine”. Y agrega: “Creo que es la película que más nos ha hecho trabajar. Después vendría Jackie, que la hicimos en muy poco tiempo”.

Es curioso que una compañía como Fábula haya comenzado con un tropiezo, pero en los anales de su historia está escrito que Fuga (2006), la primera cinta de Pablo Larraín, fue un fracaso. “Vino un proceso de mucha frustración y empezamos a preguntarnos por qué estábamos haciendo cine. O por qué hacer cine. Luego hicimos Tony Manero. Esa película nos puso en el mapa. Fue un éxito en Cannes y logramos reencantarnos con el cine”, dice el menor de los Larraín.

Desde aquella producción, todas las películas de Pablo Larraín han estando centradas en temas contingentes. También será así con True American, un filme que se rodará en Estados Unidos durante este año con elenco internacional y que se basa en el caso de Mark Stroman, el hombre que en Texas mató a dos personas de origen bengalí y dejó gravemente herida a otra, 10 días después de los atentados del 11 de septiembre. Stroman actuó motivado por racismo, aunque con el paso de los años se arrepintió y el sobreviviente pidió clemencia para él. De nada sirvió y y terminó en la silla eléctrica.

Sobre este proyecto, Pablo Larraín adelanta: “Estoy muy cerca de comenzar mi nueva película. Lo único que puedo decir es que es un proyecto muy potente e interesante y todo indica que el rodaje sería este año”. Mientras, su hermano Juan de Dios agrega: “Nos interesa porque es una historia muy fuerte, que tiene que ver con un choque de culturas, en un contexto donde la prensa y las comunicaciones son una herramienta esencial. Es una historia muy interesante y desde el punto de vista que lo armó Pablo es muy atractivo”, comenta Juan de Dios Larraín.

En 2018 viene también el estreno del remake de Gloria de Sebastián Lelio protagonizado por Julianne Moore. Será a fin de año en Estados Unidos. Y, además, Pablo y Juan de Dios planifican tres series televisivas, una de las cuales debería empezar en el segundo semestre.

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