Culto
No me falles nunca

No me falles nunca

"Si alguien no supiera más de estos iconos de la música chilena podría no creer que, a pesar de los tributos públicos, en su momento fueron víctimas de críticas feroces y de una moralina tan liviana como peligrosa respecto de situaciones personales, como consumo de drogas y alcohol que ellos mismos enfrentaron en distintos momentos de sus carreras".

Fueron gestos inesperados, pero la Quinta Vergara celebró con entusiasmo los homenajes de Luis Fonsi y Kramer a Jorge González en la última edición del Festival de Viña. Un par de semanas antes, pasó lo mismo con Zalo Reyes en el contexto de la Noche Alba y a fines de enero bastó con la emotividad de ver a Cecilia arriba del escenario de la Cumbre del Rock Chileno para que se sintiera una ovación.

Si alguien no supiera más de estos iconos de la música chilena podría no creer que, a pesar de los tributos públicos, en su momento fueron víctimas de críticas feroces y de una moralina tan liviana como peligrosa respecto de situaciones personales, como consumo de drogas y alcohol que ellos mismos enfrentaron en distintos momentos de sus carreras.

El mismo tipo de opinión a la ligera que se pudo leer en otro episodio reciente vinculado a un artista importante nacido en esta tierra. Tal como hace tres veranos pasó con el mencionado ex líder de Los Prisioneros, que fue criticado por su errático comportamiento durante un show en Nacimiento (básicamente porque estaba con un infarto cerebral), a Álvaro Henríquez lo destrozaron por un comportamiento similar en otra fecha estival de este 2018. Al igual que con González, se dio por sentado que el hombre de Déjate caer estaba borracho o drogado y ni siquiera existió la opción de poner en contexto lo que era el comienzo de un grave problema de salud.

El tema de fondo es que en los tiempos que corren parece que los únicos apoyos posibles son para las causas que hoy se consideran justas. Y todo aquel que venga de otra generación o que no conecte con ese tipo de sensibilidades simplemente queda fuera de la solidaridad del respetable, a no ser que genere pura compasión, como pasa con Cecilia, Zalo Reyes y Jorge González, tan venidos a menos físicamente que habría que ser aún más pobre de espíritu para criticarlos. Lo del líder de Los Tres revive esa inexplicable ferocidad con que cierto público trata al músico chileno caído en desgracia y el doble estándar con que se abordan los temas de esta índole.

Son situaciones muy distintas, pero hace algunas semanas también se hizo pública una denuncia de la cantante Felicia Morales sobre una relación abusiva que tuvo con un productor musical y en sintonía con lo que otras mujeres han hecho en los últimos meses visibilizando con justicia una práctica tan instalada como cuestionable. Y aunque no ha faltado quien ha intentado relativizar el testimonio, una vez más queda la sensación de que cuando el damnificado es otro, quizás más viejo o con un historial más público, ni siquiera se otorga el beneficio de la duda. Por ahora y algunos meses más, el mencionado Henríquez estará fuera del escenario a la espera de una recuperación que puede llegar a ser compleja. Y quizás por lo mismo sería recomendable guardar silencio o un mínimo de respeto antes de dar por hecho algo que simplemente no es real.

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