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Show de Pearl Jam revela el negocio de la reventa de entradas en Chile

Show de Pearl Jam revela el negocio de la reventa de entradas en Chile

En Chile la reventa de boletos es legal y la última regulación en torno al tema data de 1980.

“¿A quién le falta entrada?” es una frase que a todos quienes alguna vez han asistido a un concierto les suena familiar. Y es que el negocio de la reventa de boletos no es nuevo. Pero internet se ha encargado de ampliar cada vez más ese mercado informal.

El ejemplo más reciente a gran escala es el caso del concierto de Pearl Jam en el Movistar Arena el 13 de marzo: menos de dos horas alcanzaron a estar a la venta las entradas antes de agotarse. Sin embargo, sólo minutos más tarde ya se podían encontrar en grupos de Facebook, como “Vendo mi entrada *Chile*” o en sitios como Stubhub.com y Mercadolibre.com. Eso sí, hasta un 600% más caras: $ 679 mil por una platea baja diamante, en vez de los $ 112 mil que costaba originalmente; o hasta $ 200 mil por una platea alta, que en un principio se vendió a $ 47 mil.

La tecnología ha facilitado las transacciones entre los usuarios, con masivas revantas de entradas que en la industria ya abren cierta sospecha: ¿los responsables están comercializando su entrada por un imprevisto de última hora o hay consumidores más organizados que suben los precios de los boletos para sólo sacar un provecho económico? En el circuito nacional de conciertos, son varias las voces que apuntan a lo segundo.

La legislación chilena no prohibe la reventa de boletos. Tampoco regula cómo se debe llevar a cabo la transacción y menos el precio al que se debe vender, lo que sí sucedía hasta 1980, año en que fue derogada la prohibición. Hoy se sanciona la venta por sobre el precio que indica la entrada sólo en el caso de los eventos deportivos, debido a motivos de seguridad, aunque en la práctica es algo que pocas veces se aplica.

Jorge Ramírez, gerente general de AGEPEC, asociación gremial que reúne a las productoras de espectáculos de la industria chilena, considera que este mercado informal es un grave problema: “Afecta letalmente la industria. Pese a nuestros intentos legales, no lo hemos podido resolver. Nosotros pensamos que no es legítima esta reventa por el sobreprecio, que tiene un impuesto y derechos de autor que no paga nadie, pero sobre todo porque no se responsabiliza nadie de esa venta”.

El abogado UC experto en derechos del consumidor y que se ha especializado en el tema de entradas para recitales, Felipe Bravo, discrepa. “No veo por qué les podría afectar a las productoras, porque ellos sólo necesitan que las entradas se vendan y la reventa es algo que viene después de la venta formal. Si fuera realmente un problema, entonces ¿por qué son empresas tan grandes? Creo que la justificación correcta es que se dan cuenta de que están perdiendo la posibilidad de haber vendido las entradas más caras”, asegura. En cambio señala a los consumidores como los únicos afectados: “Además de no acceder a los valores originales, se exponen a la posibilidad de ser estafados con entradas falsificadas”. Maximiliano del Río, director de Lotus -productora de Pearl Jam- acota: “Es un daño importante para el bolsillo de la persona y el comprador se queda sin respaldo alguno si el evento se cancela”.

Para impedir las compras masivas de boletos, Puntoticket estableció la venta máxima de cuatro entradas por usuario (que debe ingresar con RUT y contraseña al sitio web). Sin embargo, al comprar de manera presencial, si bien cada transacción está limitada de igual manera, la cantidad de transacciones que puede realizar cada persona en la práctica queda a criterio del vendedor. “Para el último concierto de U2 compré 12 entradas y no tuve ningún problema. Otras veces es necesario volver a hacer la fila o cambiarse de ropa para que no te reconozcan, depende de la persona que te atiende”, cuenta un espectador habitual de conciertos.

En el caso de Ticketek, la otra expendedora de entradas más grande del país, existe un límite de seis boletos por venta, pero no un máximo de ventas.

Para Bravo la solución no debiese ser de responsabilidad pública, sino que producto de una autorregulación por parte de la industria que no radique en la creación de barreras tecnológicas. “Siempre alguien va a tener un problema para asistir a un show y va a necesitar revender su entrada. La clave es detectar las ventas masivas regulando la cantidad de tickets que se puede adquirir (haciéndolas nominales, como un boleto de avión) e impidiendo las compras a través de sistemas computacionales”, explica, y agrega que la reventa disminuiría de manera considerable si las ticketeras aceptaran la devolución.

En Estados Unidos, a pesar de que no existe un límite de compra y la reventa es legal, sí se ha avanzado en detectar el uso de “bots” para la compra masiva. Desde 2016 el fiscal general de Nueva York anunció sanciones para quienes utilicen estos programas para adquirir tickets. Otra herramienta que se ha probado es la “verificación de fan”, con la que cada comprador debe acreditar que es seguidor del artista con su actividad social en las plataformas del grupo, su antigüedad en el fan club, etc.

En España, por otra parte, el Ministerio de Cultura ha elaborado una serie de propuestas para frenar el tema. Incluso se reunirán con Google que ya ha tomado medidas regulando la publicidad de sitios donde se realiza compraventa de boletos, para así encontrar una solución al limbo legal en el que operan este tipo de transacciones no oficiales. El último caso sucedió con el concierto que U2 realizó en Madrid en febrero, donde en menos de 10 minutos se acabaron las 16 mil entradas que luego podían encontrarse hasta un 400% más caras en reventa.

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