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Culto
El nuevo debate que enfrenta a Netflix y el cine

El nuevo debate que enfrenta a Netflix y el cine

Los últimos proyectos fílmicos de la plataforma poseen críticas negativas, aunque cuentan con una gran promoción.

Si se toman los tres últimos grandes estrenos de Netflix en materia fílmica y se examinan, se pueden encontrar varios aspectos en común: Bright, The Cloverfield Paradox y Mute son películas costosas, ambiciosas en su construcción de mundo y con equipos reconocibles tanto delante como detrás de cámaras.

Pero quizás lo que más las une es algo menos alentador: ninguna es muy buena. Por ejemplo, en el portal Metacritic, que promedia todas las críticas de los principales medios anglosajones, Bright obtiene un 29, The Cloverfield Paradox un 37 y Mute 35, de un máximo de 100. El consenso entre la prensa especializada pareciera ser que si cualquiera de esas tres cintas hubiera llegado a las salas de cine, habrían sido un fracaso de taquilla y difícilmente habrían estado en cartelera mucho tiempo: la recepción crítica y un mal boca a boca las habría sepultado rápidamente.

Pero al estrenarse en Netflix, la narrativa en torno a los proyectos ha sido distinta: la plataforma anunció una secuela de Bright días después de su estreno, mientras que The Cloverfield Paradox, si bien de mala recepción, es considerada un hito cinematográfico por la forma en la que se estrenó, anunciando la cinta -parte de la franquicia Cloverfield de J.J. Abrams- sólo dos horas antes de que viera la luz.

Netflix es famoso por no publicar resultados de audiencia, haciendo del fracaso o éxito de cada proyecto algo relativo. Pero pareciera que sus vapuleadas películas recientes han tenido cifras más que positivas: según la empresa estadística Nielsen, Bright fue vista por 11 millones de personas durante su primera semana en Estados Unidos, mientras que Cloverfield… llegó a los cinco millones en ese mismo tiempo (Mute aún no lleva una semana desde su estreno). Números considerables, a pesar de que la empresa se niega a reconocer a Nielsen como un medidor válido.

Desde que comenzó a estrenar películas originales en 2015 -tiempo en el que ha realizado 71 cintas-, la plataforma ha buscado posicionarse como un lugar donde los realizadores arriesgados son bienvenidos a realizar su visión sin las presiones económicas de una industria que está optando cada vez más por las fórmulas.

Pero también cuando Netflix anuncia una nueva película, la noticia es recibida con más sospecha que expectativas por la industria, principalmente por la baja importancia que parecen darle a la calidad de sus filmes, favoreciendo más su impacto publicitario. Sus “éxitos” recientes con estas películas han llevado a hablar del nuevo y cuestionable paradigma que ha impulsado la compañía.

“Una película de Netflix no tiene que ser buena. Sólo tiene que estar ahí”, titula un ensayo publicado en Buzzfeed, argumentando que la plataforma corre con una ventaja importante con respecto al cine: no tiene que convencer a su audiencia de pagar por una película. Estas ya están disponibles en un servicio que ya están pagando, por lo que lo máximo que el público tiene que perder es tiempo.

Una cosa es estar dispuesto a abrir la billetera para ver Bright, una incoherente mezcla de drama policial y fantasía con Will Smith, y otra es darle play sin costo adicional. Y es difícil imaginar al público corriendo en masa a ver Mute, dirigida por Duncan Jones -el hijo de David Bowie-, cuya película anterior fue la desastrosa Warcraft (2016), y que acá presenta una compleja historia sobre un barman Hamish mudo que busca a su novia desaparecida en una Alemania futurista.

Netflix también ha tenido un porcentaje de aciertos en lo que respecta al cine, sea su premiada primera película, Beasts of no nation (2015) hasta Mudbound (aún no disponible en Latinoamérica), cinta que está nominada esta semana a cuatro Oscar. A nivel regional, suele estrenar películas que no llegaron a los cines locales, a pesar de acumular elogios a nivel internacional.

En más de una ocasión, la plataforma ha cumplido su promesa de respaldar a realizadores cuyas ambiciosas ideas hayan sido rechazadas en otros lugares. El 12 de marzo el servicio estrena Aniquilación, cinta de ciencia ficción de Alex Garland (Ex Machina) que llegó a los cines en Norteamérica y China, pero que su estudio, Paramount, se rehusó a estrenar de forma internacional, considerándola demasiado intelectual para generar ganancias.

Pero que las cintas de Netflix vengan de la mano con aprobación crítica son más la excepción que la regla. En el último año, sectores del cine le han declarado la guerra a la plataforma, debatiendo sobre el valor que pierde una película al verse en un celular o televisor en vez de la pantalla grande. Pero la discusión ha evolucionado, y ahora la pregunta es qué tanto se puede confiar en un sistema en donde el hecho que una película sea buena o mala pareciera ser lo de menos.

Sobre el autor:

Matías de la Maza |
Periodista de La Tercera.