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Culto
Viña 2018: el balance de los animadores en la hora final

Viña 2018: el balance de los animadores en la hora final

En conversación con Culto, Carolina de Moras y Rafael Araneda analizan la que podría ser su última versión al mando del evento, evalúan los cambios en el humor y responden a las críticas por la transmisión televisiva del show de Jamiroquai.

Carolina de Moras, animadora:

“Nosotros cambiamos y aceptamos una forma más sana de humor”

La lógica festivalera obliga a los animadores a llevar una rutina casi vampiresca durante su semana en Viña. Por eso recién a las 5 pm Carolina de Moras tiene el tiempo para unirse al almuerzo con el que su familia festeja su cumpleaños 37. La dinámica se ha repetido durante los últimos cinco años en que la conductora ha estado al mando del certamen, tiempo en el que, según cuenta, ha ganado experiencia pero sobre todo ha sido testigo de significativos cambios sociales reflejados en la Quinta Vergara, en especial durante la presente edición.

“Cuando trabajas con públicos masivos te das cuenta del cambio cultural y de mentalidad que existe en los chilenos”, dice la animadora. “A mí me llena de orgullo lo que estamos construyendo como sociedad, que se ve, por ejemplo, en la competencia folclórica: ahora a Bolivia se le aplaude, no es el público de antes que pifiaba cuando salía su representante o el de Argentina. Hoy hay una sociedad que destaca por su nivel de integración, y si me preguntas, esto no lo vi el año pasado. Siento que tenemos en frente un público nuevo.


-¿Ha visto también tendencias nuevas en el humor? Este año todo parece girar en torno a las diferencias entre hombres y mujeres.

-Como yo lo veo, gente como Payahop y Los Atletas de la Risa hacía un humor más urbano que es muy distinto a lo que vemos hoy, que es más de observación social, de reírnos de lo cotidiano y por lo mismo de lo universal, algo que el stand up comedy, sobre todo el femenino, está rescatando. Por otro lado, este año y hasta el momento, ha pasado algo súper importante con una cosa que se criticó mucho el año pasado: el lenguaje de los humoristas. Hay un cuidado especial en no ser vulgares. Creo que también cambiamos como sociedad en eso, que esa crítica se recogió y nosotros mismos cambiamos y aceptamos una forma más sana de hacer humor.

-¿Qué le pareció el show de Bombo Fica? ¿Cree que fue una apuesta muy arriesgada?

-Él hace rato viene con este show que integra a Willy Benítez y Mariela Montero. El Bombo ya tiene un espacio súper ganado él solo, no necesita acompañamiento, pero es una persona tan generosa que los acogió y los integró a su show para darle un acento diferente. Creo que el atreverse a innovar es súper válido y muy valiente de su parte, y aunque quizás la gente esperaba más al Bombo y menos a Mariela, supo salir de eso e hizo ver su bagaje en el escenario.

-También hubo innovaciones en la transmisión en TV de la noche anglo. ¿Qué opina de las críticas que ésta recibió?

-Como el número anglo siempre es de nicho, uno nunca tiene asegurada que esa noche festivalera, como transmisión televisiva, sea atractiva para la gente. En ese sentido creo que era importante mostrar al público esa noche, que no es el mismo que va a ver a Luis Fonsi o a Carlos Vives. Y por ende estoy completamente de acuerdo con las decisiones del director, quien al ver algunas críticas decidió revertirlo un poco. En la sociedad en la que vivimos, en vez de resaltar lo espectacular de esto, nos quedamos en lo de “qué feo el collage”.



Rafael Araneda, animador:

“Me parece válido que la gente se pueda molestar”

A pesar de estar acostándose todos los días cuando ya no queda tanto para que salga el sol, Rafael Araneda anda contento y con energía. Cuando habla con Culto sobre sus últimos días de Festival (que podrían ser los últimos para siempre), se muestra entusiasmado por lo conseguido en los ocho años de Chilevisión a cargo del evento y reflexivo en torno a los altos y bajos de esta semana. “Creo que lo que nosotros fuimos construyendo fue más que sólo transmitir el Festival”, asegura.


-Si este termina siendo su último Festival, ¿ha estado a la altura de sus expectativas?

-Es que le hemos dado un valor agregado que hoy además se ha transformado en marcas: “la noche anglo”, esta vez tuvimos una “noche colombiana”, una “noche romántica”, espacios que se construyen musicalmente y generacionalmente. Viña ya no depende tanto de un artista, sino que el evento en sí tiene potencia. Hoy la industria quiere tener el Festival, y eso no era fácil. Me quedo con el haber sido una de las caras visibles de un proyecto que dio frutos.

-¿Qué le parecen las críticas a la transmisión de la presentación de Jamiroquai?

-Hay que considerar que tenemos una infinidad de audiencias, desde la gente en la Quinta hasta quienes lo ven por la tele y los que comentan en redes sociales. Y no me sorprende que a estos últimos no les haya gustado, porque consumen de forma distinta; desde el comentario. Igual esa noche terminó imponiéndose en rating. Álex (Hernández, el director), no podía desconocer que Jay Kay y su equipo utilizan el frente del escenario, que tiene casi 40 metros, de forma prácticamente completa, con parlantes y retornos enormes que impiden poner cámaras allí, por lo que hay que buscar alternativas visuales. Finalmente, esto es televisión. Me parece válido que la gente se pueda molestar, porque no tienen la información que tenemos nosotros, y no tienen por qué tenerla. Todos nuestros públicos son relevantes, pero a veces se deja más contento a uno que a otro.

-¿Y cómo evalúa el humor de Viña 2018? Kramer y Alison Mandel triunfaron, pero lo de Bombo Fica y Jenny Cavallo fue algo tropezado.

-El Bombo quiso agregarle a su estilo algo más para celebrar sus 30 años de carrera: teatro, música, puesta en escena y eso le había dado buenos réditos en otros escenarios. Creo que la gente quizás se confundió y no entendió esos momentos, y ante esa ansiedad, se le tuvo poca paciencia. En cada opción hay riesgos y él los asumió, y de todas formas ha sido la sintonía más alta del Festival. A Jenny yo le siento un humor y una pluma más aguda de lo que muchos le han dado crédito. Ella impuso su estilo y su coherencia al decir lo que venía a buscar, y se fue feliz, a pesar de no haber podido rematar, pero el que alguien se desmaye es algo que no se puede prevenir. Creo que estas cosas ochenteras de hablar de “carne para el monstruo” o buscar torpedear a un humorista, son las cosas que como equipo hemos tratado de dejar atrás. Uno no siente satisfacción de que pifien a un humorista o a un país en la competencia internacional. Y la alegría que yo voy sintiendo es que se ha generado un clima de respeto.