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Teatro y tecnología: nuevos montajes llegan a la cartelera 2018

Teatro y tecnología: nuevos montajes llegan a la cartelera 2018

Un androide, proyecciones y Whatsapp son algunos de los recursos de las obras que presentará GAM. En el Teatro del Lago, Réplica pondrá en la mesa la discusión en torno a la inteligencia artificial.

Ya en los años 90, la compañía teatral La Troppa incursionaba en la utilización de recursos fuera de lo tradicional para la época en sus puestas en escena. Con los años el cruce entre teatro y tecnología ha sido más frecuente, no sólo en Chile, sino que también en el extranjero. El año pasado, en México, Diego Luna protagonizó Privacidad. En medio de la obra, los espectadores eran invitados a utilizar sus teléfonos para realizar diferentes tareas. A su vez, la edición 2017 de Santiago a Mil presentó Another Place, un proyecto colaborativo entre Reino Unido, Siria y Palestina, que debutó en Londres y donde el público descargaba un audio con una aplicación para hacer un recorrido a pie.

Este año, nuevas obras incursionan en esta área. En marzo, llega a GAM Sayonara, dirigida por el japonés Oriza Hirata, que tiene a una androide en escena. Geminoid F es el modelo del robot, y su apariencia reproduce fielmente un modelo humano, a través de expresiones faciales naturales, el habla y la interacción con humanos.

A esta obra se suman Paranoia, Oceánika, La Conquista y VaLlena 52, que completan las propuestas que GAM presenta en su línea programática de tecnologías. En tanto, Réplica, escrita por Isidora Stevenson y dirigida por Francisco Krebs, llega en mayo al Teatro del Lago para reflexionar en torno a las disyuntivas de la inteligencia artificial. Antes, en abril, se presentará en el festival Puerto de Ideas en Antofagasta. Dispositivo interactivo

“Hay una idea de que en la ciudad estamos todo el tiempo observados. Sobredimensionamos lo observados que estamos”, comenta el director argentino Ezequiel Hara Duck. Bajo esa idea presentará Paranoia, una obra que tiene al espectador como único protagonista, y con el uso de Whatsapp como herramienta principal. El año pasado ya había montado Perfil bajo, una experiencia similar en Buenos Aires, y en junio llega a Chile a ponerla a prueba. A diferencia de otras obra de teatro, Paranoia exige utilizar el celular, en lugar de apagarlo. Ahí, el espectador recibe instrucciones para seguir en un determinado circuito.

Igual de importante es el dispositivo tecnológico en la obra de María José Contreras y Trinidad Piriz, La Conquista, donde un elenco entre 10 y 16 años compartirá sus experiencias como nativos digitales, a modo de performance interactiva. Desde su montaje anterior en 2017, Domestik, la dupla ha trabajado con dos ingenieros encargardos de generar un software especial para la obra, que permitiera grabar y editar en vivo a través de teléfonos celulares.

Para esta nueva producción, además de contar con el relato de los jóvenes sobre cómo los afecta la tecnología, también buscan generar interacción con el público. “Estamos en el desarrollo del software. Es una alternativa que ellos tengan dispositivos que les proveamos nosotros, otra es que jueguen con sus mismos teléfonos con alguna aplicación que desarrollemos”, explica Contreras, para quien el uso de tecnología es primordial en el montaje.

Proyección en escena

Además de ser un recurso más del montaje, la tecnología puede servir como mediación, especialmente cuando el público es infantil. Ese es el caso de VaLlena 52, obra para la primera infancia, a estrenarse en julio, que mezcla danzas urbanas, proyecciones de mapping y tecnología de reconocimiento de movimiento.

¿Cómo nada tanto, si va llena la ballena?, es la pregunta tras este espectáculo, que tiene como eje el descubrimiento que en 1959 se hizo de la ballena 52, un ejemplar único en su especie con una frecuencia de canto que escapa de lo normal, lo que da paso a la reflexión de su existencia y vida en el mar. Al final del espectáculo, los niños pueden subir a interactuar con las proyecciones. Sin embargo, Francisco Medina, director de VaLlena 52, plantea la importancia de que exista un límite cuando se introducen elementos tecnológicos en el teatro. “Me parece notable siempre y cuando no se olvide que quienes están detrás de esa tecnología, son seres humanos. Sin bailarines, el espectáculo no funciona”, dice. En 2016, Medina y su compañía Manada utilizaron tecnología similar en la obra Luciérnagas.

Reflexión y creación

“A la larga erigió, casi en silencio, un dispositivo técnico-antropológico responsable de asegurar nuestras acciones, optimizar nuestros actos e, incluso, anticipar nuestras aprehensiones”, decía el filósofo francés Éric Sadin (1973) sobre la inteligencia artificial, en su libro La humanidad aumentada (2013). Con esa referencia, Réplica aborda las disyuntivas que plantea la inteligencia artificial.

Además del elenco conformado por Ximena Carrera, Francisco Pérez-Bannen, Patricia Rivadeneira, Paola Volpato y Felipe Zambrano, el montaje buscará una manera de que esta inteligencia artificial se exprese en escena. “El personaje que es la réplica que reúne a los personajes, se manifiesta a partir del espacio donde están. Entonces, lo que estamos diseñando tiene que ver con cómo hacer que este espacio esté vivo y dialogue con los actores. Para eso estamos investigando un par de tecnologías que generan holograma”, explica el director Francisco Krebs.

Más que la utilización de tecnología en escena, la base de Réplica es la reflexión en torno a su uso. Es por eso que tras presentarse en el Teatro del Lago en mayo, la obra tendrá una temporada en octubre en el Teatro UC, donde además realizarán un seminario sobre artes escénicas e inteligencia artificial.

Si bien el teatro chileno históricamente se ha asociado a la memoria, hoy las nuevas tecnologías son una línea que de a poco genera preguntas. Si antes el uso de tecnologías se veía como ciencia ficción, hoy plantea inquietudes de alcance social. Sin embargo, aún hay limitantes para que esta tendencia logre más desarrollo. “En Chile, hay una cuestión de presupuesto y lo caro que es la incorporación de nuevas tecnologías, que limita probablemente la investigación. Ha habido experiencias, pero seguramente en los próximos 10 años va a ser un tema más recurrente”, comenta Javier Ibacache, productor ejecutivo de Réplica. Por otro lado, Krebs lo asocia a la manera cómo se utilizan los recursos. “Tiene que ver con cómo decidimos la tecnología, con la creatividad o la vuelta que se le llega a dar a esa tecnología que ya existe”.

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