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Culto
Lady Bird y El proyecto Florida: el asalto independiente a los Oscar

Lady Bird y El proyecto Florida: el asalto independiente a los Oscar

Los dos películas que llegan a salas chilenas este jueves acumulan seis nominaciones y costaron 10 y 2 millones de dólares, respectivamente. Otros largometrajes “indies” en carrera por los galardones de la Academia son ¡Huye! y Llámame por tu nombre, ambos exhibidos primero en Sundance.

Llenen toda la escuela de crucifijos. Esa fue la orden que dio la directora Greta Gerwig (1983) para que aquel colegio católico de Pasadena se asemejara a la institución de monjas donde fue alumna en Sacramento. En la película Lady Bird, Gerwig cuenta la historia de una muchacha intensa e inconformista, un poco como ella a los 17 años. Con un presupuesto reducido, Lady Bird no pudo rodarse totalmente en Sacramento, y gran parte de las mejores escenas se filmaron entre las afueras de Los Angeles, una casa en Van Nuys, el mencionado colegio de Pasadena y hasta en Nueva York.

Los diez millones de dólares que costó Lady Bird, una cifra baja para los estándares de la industria en Estados Unido, entrega cierta idea de hacia donde están yendo los dados en esta nueva edición de los premios Oscar. Nominada a cinco estatuillas (entre ellos Mejor Película, Dirección y Guión, estos dos últimos para Gerwig), Lady Bird es la más reciente infiltración del cine independiente en el ostentoso reino de Hollywood, que alguna vez se congratuló a sí mismo con múltiples Oscar a superproducciones como El señor de los anillos: El retorno del rey (11 estatuillas) o Gladiador (cinco premios).

El debut de la actriz Greta Gerwig en la dirección se estrena la próxima semana en Chile de la mano de El proyecto Florida, el filme de Sean Baker (1971) y además el más barato de todos los nominados este año en la ficción. La producción costó dos millones de dólares y pertenece a un cineasta acostumbrado a trabajar con lo que hay a mano: su anterior trabajo, la elogiada Tangerine (2015), fue filmada con un celular y 100 mil dólares. El proyecto Florida, nominada a Mejor Actor Secundario (Willem Dafoe), es irónicamente una “película cara” para Baker.

La predilección (y conveniencia económica) de los escenarios exteriores y las relaciones filiales están a la base de las tramas de ambas películas. Pero de cierta manera las similitudes acaban ahí. Son trabajos de cineastas formados en el circuito “indie”, pero mientras Lady Bird es una propuesta más clásica, El proyecto Florida es mucho más libre.

Greta Gerwig, como ella misma lo ha dicho, llegó con un guión muy exhaustivo al rodaje. Sean Baker, por el contrario, privilegió un estilo que él define “con un 30 por ciento de improvisación”, donde los actores no profesionales son la columna vertebral. El único “rostro” es Willem Dafoe en el rol de manager de un motel.

Un antecedente común a Gerwig y Baker son los hermanos Jay y Mark Duplass, veteranos del movimiento “mumblecore”, cine que despegó en la década pasada y que privilegia los diálogos y los personajes bajo los 40 años. En el 2008, Gerwig protagonizó Baghead, de los Duplass. Siete años después, en el 2015, los hermanos produjeron Tangerine, el debut de Sean Baker en el Festival de Sundance.

Madres e hijas

Desarrollado durante cinco años y reescrito sobre la marcha de acuerdo a las sugerencias de varios amigos, el guión de Lady Bird se llamó primero Madres e hijas. Hay que decir que los consejeros de Greta Gerwig eran de peso, gente como Wes Anderson (El gran hotel Budapest) y Noah Baumbach (The Meyerowitz stories). Baumbach es, de hecho, su pareja y la ha dirigido en filmes como Frances Ha (2012) y Mistress America (2015).

Etiquetada por la prensa estadounidense como “la musa del cine independiente”, Gerwig había desarrollado hasta ahora una interesante carrera como actriz y su debut en la dirección a solas (codirigió con el “mumblecore” Joe Swanberg la película Nights and weekends en el 2008) sorprendió a toda la crítica desde su estreno en el Festival de Telluride. La cinta es bastante autobiográfica y en términos generales cuenta la relación entre Christine McPherson, una muchacha en su último año de colegio que se hace llamar Lady Bird casi como acto de eterna rebeldía, y Marion (Laurie Metcalfe), su sobreprotectora madre.

En El proyecto Florida también hay madres e hijas, pero en un estrato social bastante más abajo y en la costa este, en Orlando. Las protagonistas son Moonee (Brooklynn Prince) y Halley (Bria Vinaite), quienes viven en un motel llamado El Castillo Mágico, cerca de Disney World. La historia sigue sus vidas urgentes y precarias en un tono desenfadado, dándole una nueva dimensión a la niñez callejera: Moanie, de seis años, juega y también hacer pasar malos ratos a sus vecinos, mientras su madre se gana la vida como prostituta.

Si El proyecto Florida costó dos millones de dólares y se mueve bajo los códigos de lo que Baker llama “cine de guerrilla”, la suntuosa Llámame por tu nombre no tuvo un presupuesto mucho mayor: fueron 3 millones y medio. Nominada a cuatro Oscar (entre ellos Mejor Película y Mejor Actor), luce mucho más cara de lo que costó. Su historia se ambienta en una hermosa villa del norte de Italia y sus personajes son intelectuales de la alta burguesía, pero en la práctica se ajustó al dinero disponible filmando en exteriores y sin estrellas reconocidas de Hollywood.

La película se basa en la novela homónima de André Aciman, y el realizador italiano Luca Guadagnino describe con oficio y emoción el amor entre Elio (Timothée Chalamet) y Oliver (Armie Hammer). Desde su estreno en el Festival de Sundance 2017, ha ido dejando varios críticos rendidos a sus pies.

De la misma cosecha Sundance 2017 proviene ¡Huye!, el desaforado thriller de horror del comediante afroamericano Jordan Peele, que acá debutó como director. Original y única en su especie, la cinta nominada a cuatro Oscar (Mejor Película, entre otras) tuvo un costo de cuatro y medio millones de dólares. Fue producida por la compañía de filmes de bajo presupuesto Blumhouse Pictures y su historia sobre un muchacho negro atrapado en una mansión de blancos supuestamente liberales ha sido elogiada por moros y cristianos: la crítica la tiene entre las mejores del año y el público la ha hecho ganar US$ 255 millones en todo el mundo.

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