*

Culto
Sam Shepard, los misterios del artista-vaquero

Sam Shepard, los misterios del artista-vaquero

Un periodista que ha dedicado años a investigar la vida y obra del autor de Crónicas de motel, entrega un relato detallado de la biografía, logros y problemas del escritor y actor muerto en 2017.

En su labor de reconfiguración de distintos arquetipos, Sam Shepard creó, personificó o fue reducido a una serie de modelos o personajes: desde el frágil bravucón inadaptado al conquistador displicente, desde el inseguro escritor secreto al héroe norteamericanamente audaz.

A pesar de su amplia figuración en diversos ámbitos de la cultura popular y no tan popular que lo hicieron objeto de atención (como actor, guionista, dramaturgo, escritor, además de director y músico), cuando Shepard murió a los 73 años, en julio de 2017, seguía siendo un enigma. Su muerte misma, por complicaciones derivadas de la esclerosis lateral amiotrófica diagnosticada dos años antes, fue sorpresiva. Mantuvo en secreto su enfermedad, de la que únicamente sabían sus más cercanos.

También lo ignoraba, al parecer, John J. Winters, quien ha dedicado años a investigar la vida y obra de Shepard, porque no lo menciona en la biografía sobre él que apareció pocos meses antes de su muerte. Para todo lo demás, Sam Shepard: A Life, es una guía confiable y completa sobre él, nutrida en su conocimiento de los diversos archivos del dramaturgo, así como la publicación (en 2013) de la correspondencia con su amigo Johnny Dark y de las entrevistas con quienes estuvieron vinculados con él.


Familias quebradas

El autor enfatiza la prolífica producción de su biografiado (obras de teatro, guiones cinematográficos, actuaciones, música, relatos) pero lo destaca, con razón, como uno de los dramaturgos más importantes de las últimas décadas en la literatura estadounidense. Sin embargo, al mismo tiempo que Shepard producía sus mejores obras teatrales, se embarcó en una carrera como actor de cine que lo convirtió en un símbolo de lo auténticamente estadounidense (como el piloto Chuck Yeager en Elegidos para la gloria, de 1983, nominado al Oscar como mejor actor de reparto).

Con los años, el personaje del cine se ha mezclado con sus logros como escritor, creando, en la imaginación de la gente, la figura del “intrépido artista-vaquero”, según lo formula Winters, quien pretende revelar “el abismo que existe entre el Shepard que el público ve y cree que conoce, y el hombre”.

Su relato comienza en 1964 cuando Samuel Shepard Rogers (más tarde se liberará del apellido) vio puestas en escena sus obras en Nueva York. Shepard nació en 1943, hijo de un profesor de español, agricultor y ex piloto y una profesora. Lo llamaban Steve para no confundirlo son su padre. Aunque afirmó haber sido un tumultuoso gamberro, sus compañeros de clase lo recordaban más bien tranquilo y cortés.

La presencia de una madre fuerte y comprensiva no compensaba al padre alcohólico y violento, al cual se enfrentó varias veces, por lo cual Shepard, a los 19 años, dejó su hogar en 1963. Tuvo varios empleos ocasionales y se unió brevemente a una compañía de teatro itinerante en Nueva York. Un año después, hizo una entrada llamativa en la escena de los pequeños teatros no comerciales de Broadway con obras que le granjearon notoriedad, algo de escándalo y también reconocimiento.

Aunque Shepard trató de mantener las diferentes facetas de su vida separadas, comienzan a mezclarse: personas que conoce, labores que realiza. Winters destaca el alcance de la amistad con el director teatral Joseph Chaikin o su trabajo con Bob Dylan, a quien conoció en 1975: coescribió con él “Brownsville Girl” para el álbum Knocked Out Loaded (1986).

Shepard tuvo un paso por Londres a comienzos de los años 70, donde hizo amistad con el actor Stephen Rea y con el director Peter Brook, además de consolidar su interés en las enseñanzas del místico ruso Gurdjieff, aunque su interés se desvaneció hacia 2008.

En cuanto al cine, Shepard coescribió los guiones de Zabriskie Point (1970), de Antonioni y de París, Texas (1984), de Wim Wenders. Como actor, pasó de los personajes suaves y buenmozos a algunos más complicados. Desde Días de gloria (1978) a Elegidos para la gloria (1983). Frances (1982) fue importante porque se enamoró de su estrella, Jessica Lange, con quien tuvo una relación de casi tres décadas y dos hijos.

Shepard es un actor consistente, pero esa labor palidece en comparación con sus logros como dramaturgo, especialmente en las obras de tema “familiar”: La maldición de la clase hambrienta (1977); El niño enterrado, que ganó el Pulitzer en 1979; Locos de amor (1983) y Una mentira de la mente (1985) en que examinó un matrimonio abusivo donde figura un padre borracho y dominante. Winters la considera, probablemente con justicia, la mejor obra de Shepard y es honesto sobre lo que considera el declive del autor en su período tardío.

En cada momento, Winters se detiene en las relaciones amorosas de Shepard con distintas mujeres. Las actrices Joyce Aaron y O-Lan Jones, su única esposa, con quien tuvo un hijo. Refiere la famosa aventura de siete meses con la música Patti Smith, con quien coescribió la obra Boca de cowboy (1971) y los pasajeros amoríos con la super groupie Chris O’Dell y con la cantautora Joni Mitchell (se supone que el “Coyote” de la canción homónima sería Shepard). Y la larga relación con Jessica Lange; hay abundante información sobre sus turbulencias, alimentadas por la bebida en el caso de él o los cambios de humor, en el de ella.

Winters, en todo caso, no es un cuenta chismes, aunque parece sentirse cómodo presentando la vida personal de Shepard e identificando los elementos autobiográficos en su creación. Esos detalles son importantes cuando se llega a las obras de teatro “familiares” donde Shepard abordó la herencia paterna de violencia y alcoholismo con dramas a la vez mordaces y conmovedores. Ahora, como apenas cita los diálogos, no permite captar el hechizo de estas obras sobre machos magullados y familias quebradas.

Sobre el autor: