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Culto
Radiografía a Viña 2018: nunca como el resto

Radiografía a Viña 2018: nunca como el resto

Ante la ausencia de carnavales como sucede en Latinoamérica, atesoramos esta mezcla de música en vivo y programa de TV monumental que despierta una especie de guión colectivo año a año.

Arranca esta semana única donde casi todas las audiencias tienen algo que opinar, porque Viña encarna comunidad y un rito de la cultura pop chilena que solo compite con la Teletón. Ante la ausencia de carnavales como sucede en Latinoamérica, atesoramos esta mezcla de música en vivo y programa de TV monumental que despierta una especie de guión colectivo año a año.

No hay nada bueno. Mucho número repetido. Ya no es lo que era.

No es tan así.

Desde ya Viña 2018 contiene un par de hitos y la parrilla resulta consistente a pesar del montaje en contra del tiempo. La compleja ecuación del espectáculo más importante del país obligado a seducir al gran público y a una teleaudiencia internacional, está bien planteada respondiendo a la demanda popular. Si la música urbana y romántica es favorita de las audiencias juveniles, la mitad de la oferta de Viña 2018 va para ellos.


Himnos urbanos

La duda permanente con el género es su desempeño en vivo porque el vocoder y otros artilugios hacen cantar hasta a una puerta. Muy probable que Gente de Zona sea un tapabocas en ese sentido. La banda cubana con casi dos décadas de trayectoria que irrumpió internacionalmente junto a Enrique Iglesias, impone un toque orgánico a las cuadraturas del reggaetón con abundantes bronces y énfasis rítmico con la maestría habitual de los músicos de la isla. Prince Royce, uno de los monarcas de la bachata, ya estuvo en 2012 y debiera triunfar sin problemas. Lo mismo Jesse & Joy con su pop rock romántico.

Las dudas corren para Ha*Ash. El dúo femenino es como la versión sufrida de La Oreja de Van Gogh y su material resulta un tanto uniforme. CNCO, la última boys band latina, llega en plena ebullición. De ellos podemos esperar mucha coreografía y peluquería, y poquita voz. Zion & Lennox cierra el Festival con su reggaetón de larga data (18 años para ser exactos) y una identidad musical un tanto difusa.


El golpe

Sinceremos. La carrera de Luis Fonsi había tocado techo. Planeaba un lento pero sostenido descenso que permitía incluso tenerlo largas temporadas en Chile como jurado en The Voice. Indiscutida su relevancia como baladista de este milenio, con éxito reconocido en Latinoamérica, pero no estaba exactamente en el panteón de los clásicos. El impacto planetario de Despacito cambió el curso de su trayectoria. Tener ahora a Fonsi, cuando su canción se escucha en cualquier rincón de la Tierra, se emparenta con la visita de The Police en 1982 en su condición de la banda más grande del mundo. El puertorriqueño conoce al público de la Quinta desde 2004, esta es su quinta presentación y acumula una batería de éxitos. No es precisamente electrizante en directo, pero llega en el momento justo y será la oportunidad de ver si sabe sacar partido de este golpe extraordinario en su carrera.


Condición de clásico

Miguel Bosé debutó con su voz quebradiza en el festival de 1981, pero fue al año siguiente que su show quedó grabado como uno de los momentos definitivos del certamen. En plena dictadura el astro español sacudió al país con ambiente de regimiento usando maquillaje, ambigüedad y cuerpo de baile gracias a un puñado de hits que todo el mundo sabía. A esas alturas ya era una gran estrella, el relevo a la generación de Julio Iglesias y Camilo Sesto. Bosé llegó con cintillo, chaqueta corta, botas y un pantalón que parecía una segunda piel. Fue un shock y un clic para el Festival. Era la modernidad.

Bosé también va a hacer historia en Viña 2018. No solo bate un récord como el artista con más presentaciones, sino que arriba a 41 años de su debut discográfico para repasar sus grandes éxitos. Esta no es una cita cualquiera. Es la hora de un clásico en un aniversario significativo.


Garantía 100%

Por trayectoria e influencia, Stevie Wonder o Pet Shop Boys en Viña 2018 habría sido perfecto. Ni Jamiroquai ni Europe se acercan a tamañas leyendas, pero hay algo que se puede asegurar: sus shows debieran ser categoría y éxitos probados. La banda sinónimo del cantante Jay Kay es un verdadero neoclásico del pop con una carrera asombrosa en los 90, caracterizada por una cualidad propia de los grandes: solo basta escuchar segundos al cantante para saber de quién se trata. Jamiroquai será una fiesta garantizada.

Europe es nostalgia ochentera 100% y un enésimo ejemplo de la categoría mundial de Suecia como potencia musical. El grupo tuvo un solo álbum de éxito –The final countdown (1986)-, pero fue suficiente para pasar a la historia. Es probable que el público se sorprenda ante su heavy metal clásico y que la voz de Joey Tempest no retenga los rasgos cristalinos de los éxitos originales. Pero ahí están los videos de YouTube para comprobar que ni siquiera cuando vinieron en 1990 Joey cantaba igual, lo cual no resta ni su carisma ni la eficiencia de la banda en directo.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras