Culto
Miguel Bosé: la rebeldía del hijo del Capitán Trueno

Miguel Bosé: la rebeldía del hijo del Capitán Trueno

Producto de la relación de un mítico torero español y una ex Miss Italia, Miguel Bosé amagó los caminos que su padre había elegido para él. Influenciado por los elogios que recibió del mismísimo Pablo Picasso, y también buscando evitar la figura machista de su progenitor, el mayor de los Bosé Dominguín irrumpió en el cine y, posteriormente, en la música, donde alcanzó la fama mundial. Polémico siempre, principalmente por su desenfadada puesta en escena, el cantante ha sabido mantenerse en la cúspide durante las cuatro décadas de su carrera.

Promediando la década de los 60’, la ajetreada agenda de Luis Miguel Dominguín le demandaba constantemente viajar. Uno de esos periplos, una gira taurina por Latinoamérica, supuso un problema: el cuidado de sus hijos. El afamado matador pensaba emprender el rumbo junto a su mujer, pero precisaba de un “niñero”. Fue entonces cuando el emblemático artista Pablo Picasso, con el que forjó una gran amistad desde que coincidieron en 1958, se ofreció para hacerse cargo de “Miguelito” y Lucía.

Acaso la última gran estrella del toreo español, cada uno de los artículos que abordan la figura de Dominguín lo describen como un personaje fascinante: una suerte de héroe corajudo al que no le temblaba el pulso para combatir la fuerza superior que representaban sus rivales de turno. “Un Superman con la capa adelante”, como lo definió el propio Miguel Bosé años después. Fuera de la plaza de toros, además, un auténtico dandi capaz de conquistar a las más bellas mujeres de la época. En su haber, por ejemplo, destacan Ava Gardner, Sophia Loren, Lauren Bacall y, por supuesto, la que se transformó en su esposa: la otrora Miss Italia, Lucía Bosé.

Al regreso de su recorrido por tierras latinoamericanas, grande fue la sorpresa del matador al encontrar a su hijo mayor, Miguel, luciendo unas mallas negras que Picasso le había obsequiado, por los presuntos dotes para danzar que el pintor le presagiaba. “Pablo, tú quieres convertir a este niño en ‘maricón’”, espetó, furioso, en aquella oportunidad.

En julio de 2007, el cantante aportó otra anécdota: Dominguín, temeroso por la ambigüedad sexual de su hijo, quiso desvirgarle contratando a una prostituta. El método de su padre no funcionó; por el contrario, el “Amante bandido” terminó enseñando a leer a la mujer.

Nacido a los siete meses de gestación, el 3 de abril de 1956 en Panamá, durante una de las interminables giras de su padre, Luis Miguel González Bosé, luego Miguel Dominguín Bosé y, finalmente, Miguel Bosé, debió enfrentar toda su niñez esta clase de roces familiares. Un escenario que, sin embargo, dio forma a esta rebelión que implica su sensibilidad estética y su carrera artística.

El periodista Javier Menéndez Flores, autor de la biografía no autorizada del cantante, Con tu nombre de beso (2003), asegura, en esa línea, que “Miguel no habría existido nunca si no hubiera tenido unos padres así. Ha heredado lo mejor y lo peor de ellos, pero ha sabido resolverlo”.

Otro elemento clave en su formación fue el estrecho amorío que sostuvo con el arte y la cultura. Rodeado de los amigos de Dominguín, celebridades de la talla del cineasta italiano Luchino Visconti -además su padrino-, Ernest Hemingway y el propio Picasso, que vio en él las cualidades ideales, Miguel Bosé estaba condenado a ser un artista superventas. Contrario a los deseos de su padre, que fantaseaba con la idea de que su hijo se convirtiera en un hábil abogado, “Miguelito” grabó su primera película, Los héroes millonarios, a los 16 años.

Cinco años más tarde, con tan sólo 21, y tras dar sus primeros pasos en la música incentivado por Camilo Sesto, Tomás Muñoz de CBS lo vio en Retrato de familia y decidió ficharlo. Miguel respondió a la confianza con el debut de Linda (1977), que de la mano de la canción homónima, “Amiga” y “Mi libertad”, entre otras, lo instaló rápidamente como un artista de gran proyección.



Linda significó, además, el comienzo de una carrera en la que, durante sus ya más de cuatro décadas, consiguió reinventarse en el éxito prácticamente siempre. Sin ir más lejos, en 1984 estrena Bandido, dando paso a un nuevo Bosé: un período en el que deja atrás esa etiqueta de “músico para chicas” y asume un papel acaso más maduro, de seductor, en el que su look es proporcional a la importancia de su música. “Amante bandido” y “Sevilla” lo asientan nuevamente en la cúspide.

Esta fama, sin embargo, abrió nuevas grietas en la relación con su padre. El orgulloso Luis Miguel Dominguín no lograba aceptar que ya no fuese reconocido por esa condición casi divina que le otorgaban sus implacables actuaciones como matador, sino ahora como “el padre de Miguel Bosé”. Les costó años reconstruir un vínculo que, el cantante, tiempo después en diálogo con El Tiempo, confesó fue “bueno, durante los últimos años de su vida”.

Tras su deceso en 1996 a causa de un derrame cerebral, el hombre de “Te amaré” se acercó mucho más a la figura de su padre. Incluso, en Sereno (2001), dedicó a Luis Miguel Dominguín “El hijo del Capitán Trueno”, canción en donde alude claramente a la historia que los unió: “El hijo del Capitán Trueno nunca fue un hijo digno del padre: salió poeta y no una fiera…”.



Hoy, esa irreverencia que demostró para confrontar a la figura de su padre, y también a lo largo de su peregrinaje sobre los escenarios, desafiando con sus impactantes vestimentas y puestas en escena, sigue más presente que nunca. A sus 61 años, y con más de 40 años de carrera -los celebró en 2017-, se animó a revelar algunos de los secretos que permiten armar el rompecabezas de un personaje construido con base en la ambigüedad y que se reconoce como un fanático del deseo.

Durante una sesión de preguntas y respuestas en la Conferencia Billboard de la Música Latina, realizada en Miami en mayo de 2017, el español aseguró ser el producto de una doble personalidad. “Soy Miguel y soy Bosé”, dijo.

Para ser más claro, detalló que “Bosé es creativo, el artista, no tiene reglas y si encuentra alguna la infringe, se lanza al vacío, va siempre hacia adelante, investiga, es un caballo sin riendas, es un demente”, mientras que Miguel “es un tipo aburrido, es cuadrao’, milanés, muy familiar, casero, metódico, privado. Y lo hace también para soportar las locuras y extravagancias de Bosé”.

“Y ambos se detestan, no se pueden soportar. Es una dicotomía, una especie de bipolaridad artística y ciudadana… y tienen que vivir en el mismo cuerpo. Pero Bosé sabe perfectamente que sin Miguel no hubiese llegao’ hasta donde ha llegao’. Miguel le dice ahora te tranquilizas y te vas a dormir, y Bosé es quien paga las cuentas”, cerró.

Sobre el autor: