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Culto
Festival 2018: la Viña de Márquez

Festival 2018: la Viña de Márquez

Como el jefe de Illapu, no sólo será el primer cantante en aparecer hoy sobre la Quinta Vergara, cuando el certamen abra con el hit "Lejos del amor". Con su show de horas después, en el cierre, el grupo se convertirá en el estandarte de la Nueva Canción Chilena más fiel al Festival. Aquí, Roberto Márquez, también jurado de las competencias, repasa en primera persona su relación con la cita, iniciada en ese 1973 que lo cambió todo.

En general, tenemos buena conexión con el Festival. Es la séptima vez que estamos y es algo que te sintoniza con lo que está pasando en música durante el año. Pero Viña también es un festival donde la música chilena siempre está en el estatus de ‘¿irán a haber chilenos?’, ¿irá a haber música chilena?’. En vez de ser un festival que proyecte la cultura y la música local, es un evento abierto al mundo, pero es lamentable que no sea la plataforma de los artistas chilenos.

Lo que proyecta Viña es lo que somos los chilenos. No se le puede echar la culpa al canal organizador de sí hay más o menos músicos de aquí. Todos los canales han estado con Viña y la discusión siempre es la misma, por lo que es algo de nuestra idiosincrasia.

Pasa con Los Vásquez y Viña. Ellos quisieran que el Festival los tratara al mismo nivel que los artistas de afuera y es una cuestión que debería ser así. O sea, cuando tú eres una figura número uno en Chile y viene una figura número uno en Miami, tendrías que tener el mismo trato. El problema, y volvemos a lo mismo, somos nosotros, los chilenos.

Me gustaría que estuviera Quilapayún en Viña. O los Inti o Sol y Lluvia. Quizás tiene que ver lo político, pero siento que hoy no debería pesar tanto.

Mis recuerdos con Viña se inician en 1973. Estábamos recién partiendo, nos habíamos ido a vivir a Santiago hace poco. Había todo un cuento con nosotros, nos veían un gran futuro, un gran potencial. Y en ese año estuvieron los Quilapayún y Los Huasos Quincheros, que eran absolutamente antagonistas. El público se dividió y provocó una batahola muy fuerte. Nosotros ya habíamos tocado, pero cuando aparecieron en distintos días ambos grupos, se generó una batalla campal terrible y el Festival debió ser suspendido, y reiniciarse al otro día. Fue inédito. Un poco en desagravio para los Quila hicimos un festival en la plaza del pueblo de Valparaíso en la noche siguiente.

El año 76 sale Candombe para José y deja la cagada. Es una canción que hoy sería lo que es el Despacito. Había gente que decía ‘ya, pero no la toquen más’. Eso nos legitimó y nos permitió seguir trabajando en Chile, con todo lo que eso implicó.

En el exilio, nunca pudimos seguir el Festival. Nuestra conexión con Chile fue más con el mundo social, con las organizaciones contra la dictadura y con la iglesia. De hecho, a Los Prisioneros los conocimos por los videos que mandó Teleanálisis. Y quedamos impactados de inmediato.

Me sorprendió que nos llamaran de Viña para volver el año 92. Estábamos profundamente abiertos para ir, porque sentíamos que el Festival nos daría una vitrina importante, que fue lo que pasó. El 94 nos invitan de nuevo y ya con Lejos del amor sonando a todo nivel. Nos pegó fuerte, era una fama que nosotros no conocíamos. Nos metimos en un mundo donde las claves son distintas, ya tienes que hacer videoclips, sesiones de fotos, firmas, etc. En un principio, si nos gustó esa clase de fama, porque sentíamos que era una forma de respaldar lo que éramos musicalmente. Porque, hasta ahí, nunca pensamos en componer temas para que pegaran o no a nivel masivo. Hay un público muy militante de Illapu que no nos perdona esa clase de cosas, que se siente traicionado por nosotros. Pero hemos mantenido intacto nuestro espíritu, nuestro sentir y nuestra razón de cantar. Hemos usado todas las herramientas posibles. nunca hemos tenido miedo a la fama, a estar en TV, a ir a Viña como ahora, a que de pronto tengamos que hacer alguna concesión con lo estético.

En 2006 regresamos a la Quinta y fue todo muy accidentado. Nos estábamos reorganizando como grupo, nos estábamos armando de nuevo, hubo muchos movimientos en nuestras filas. Guardo recuerdos muy distintos. Fue nuestra última vez en Viña.

Primera vez que me toca estar en un jurado tan variado. Yo voy a Viña con una mirada muy amplia y voy a recoger lo mejor de todos esos fenómenos. Está el reggaetón, está Fonsi, con todo lo que eso implica. Viña es una ventana al mundo y hay mucho de una sonoridad Miami, pero me parece interesante eso. Sigue siendo el festival más importante de la región y una tremenda vitrina, incluso con todos los bemoles que tiene.

Sobre el autor:

Claudio Vergara |
Editor de Espectáculos de La Tercera y periodista especializado en música popular.