Culto
Mi kitsch interior

Mi kitsch interior

A una década de "Time to pretend" y "Kids", flechazos de indie pop perfecto, MGMT sobrevuela aquella época fijando el objetivo en el elemento kitsch, los excesos plásticos y esa fe en el mañana donde las computadoras lo resolverían todo al ritmo de un pop compuesto entre programas y pantallas.

Comienzos de 2000 y en plena ebullición de nostalgia ochentera, Rodolfo Roth se frotaba las manos: volvía a la radio y lo llamaban para eventos. El ex conductor de video música de TVN vaticinó tres años de revival. Se equivocó rotundo. Corre 2018 y los 80 aún representan una veta inspiradora para la industria de los espectáculos sin señas de agotamiento, los fans de Stranger things son testigos. A una década de “Time to pretend” y “Kids”, flechazos de indie pop perfecto, MGMT sobrevuela aquella época fijando el objetivo en el elemento kitsch, los excesos plásticos y esa fe en el mañana donde las computadoras lo resolverían todo al ritmo de un pop compuesto entre programas y pantallas.

Little dark age no solo contiene humor sino que confirma la integridad artística del dúo de Andrew VanWyngarden y Ben Goldwasser tras cuatro discos. Libran una cruzada sin pausa para que la música y no el canon de belleza hipster del dúo, elemento contribuyente al éxito del primer álbum Oracular Spectacular (2007), siga siendo el foco de atención. Mientras Congratulations (2010) y MGMT (2013) se esforzaron en demostrar el deseo de no repetir la receta pegajosa de aquella dupleta de hits iniciales, Little dark age juguetea con la idea del single formulado ansioso de éxito recurriendo al pastiche, las citas y los clichés en avanzada configuración. Sin llegar al ridículo, las canciones parecen integrar lo que podría ser un gag de un espacio humorístico, como una especie de Plan Z dedicado a parodiar los 80. She works out too much, una pareja con problemas porque ella le gusta ejercitarse y a él no, retrotrae a la irrupción de la cultura fitness cortesía de Jane Fonda en una pieza bailable en sintetizadores con arranque intempestivo, a la manera de esos videos grabados en cintas VHS que demoraban segundos en enrrielarse. La adorable “Me and Michael”, balada synth pop orquestada entre sistemas Midi, sampleos, guitarras cristalinas y batería electrónica, resume incontables canciones que acompañaban escenas románticas en películas juveniles y de acción. El corte que da nombre al álbum se interna en el pop mas robótico suavemente bailable, con la voz bajo efecto cibernético.

La psicodelia característica de MGMT sigue omnipresente y se acentúa en el carnavalesco remate de “Days that got away”. “Tslamp” reflexiona en primera persona sobre el tiempo que pasamos pegados al teléfono y aunque la música resuena ochentera, el arco de MGMT entre esos sonidos y un asunto contemporáneo fluye con naturalidad. Little dark age tiene la convicción de revisitar un periodo aparentemente sobreexplotado con ingenio. No pretenden replicar los 80 sino poner bajo lupa algunos de sus rasgos oblicuos y a la vez característicos. Hay veneración y distancia en medidas justas y, entre medio, un gran regreso.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras