Culto
Consejos de un discípulo de Roberto a un fanático de Bolaño

Consejos de un discípulo de Roberto a un fanático de Bolaño

Hace más de treinta y cinco años que el chileno escribió su primer policial junto a Antoni García Porta. Una escritura salpicada de cartas, correcciones y lecturas de The Doors y James Joyce por donde asoman los primeros destellos del autor de Los detectives salvajes.

Acaba de llegar a librerías un volumen que reúne el debut literario de Roberto Bolaño, la novela policial Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, con el cuento Diario de bar, ambos trabajados “a cuatro manos” junto al autor español Antoni García Porta.

¿Cómo lo hicieron si, en medio de la década de los ochenta, uno estaba en Barcelona y el otro en Gerona? “La réplica más habitual de Bolaño a esa pregunta era que primero uno escribía un capítulo y luego el otro el siguiente, y así hasta el final, dando por zanjado el asunto sin más información”, relata Porta en el prólogo a la nueva edición fechado en diciembre del año pasado.



Lo cierto es que la amplia correspondencia que mantuvo con Bolaño da cuenta de este asunto: “Es una novela que escribí a dos manos con Toni García Porta. Él hizo un borrador y yo lo acabé. Nos divertimos mucho escribiéndola, sobre todo yo”, anota el autor de 2666.

“Fue una época en que trabajaba en una tienda y por las noches dormía allí mismo, no tenía televisión, no tenía radio, no tenía nada, y me ponía a escribir. Fue muy divertido”, rememora Bolaño.

“La verdad es que si no fuera por sus cartas, muchos pormenores se me habrían borrado totalmente de la memoria”, asegura Porta, que es autor de la antología Algunos poetas en Barcelona.

Con el tiempo, anota el español, “lo que me sorprende (de la novela) no es el contenido, sino esa nebulosa de recuerdos que vienen tras ella”.

“Curiosamente, el primer recuerdo que tengo es un largo paseo con Bolaño en el que yo le contaba la novela que por aquel entonces escribía y que no era otra cosa que la que finalmente nuestro personaje, Ángel Ros, dice estar escribiendo: ese Cant de Dèdalus anunciant fi que recorre los Consejos por dentro”, añade.

Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, publicada por primera vez en 1984, cuenta la historia de un joven barcelonés enamorado a partes iguales de una delincuente sudamericana y de la literatura, de una vida al límite y de la música de Jim Morrison.

Con estas coordenadas, Ángel Ros, el protagonista, se debate entre su pasión por Ana Ríos y las salvajes aventuras que comparte con ella, y su vocación como escritor; entre la música y la psicodelia desatadas, y la quietud del pensamiento bien razonado; entre el Morrison de The Doors y James Joyce.

En cuanto al título, procede del poema “Consejos de un discípulo de Marx a un fanático de Heidegger”, de un nombre conocido por los lectores de Bolaño: Mario Santiago.

Porta dice que existe una primera versión de cuarenta y cinco libretas, “entre mediados de junio y el 15 de julio de 1979, a treinta y nueve grados de fiebre”, cuando la novela llevaba por título tentativo Flores para Morrison.

En diciembre de 1981, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce toma su forma final cuando Bolaño propone una serie de cambios en los protagonistas: “a) Fijarlos más en cierto prototipo que nos permita juegos, guiños al lector; b) aclarar —volver más compleja— la escenografía por la que se mueven; por ejemplo, hacerla definitivamente de serie negra; c) trabajar el personaje femenino y añadir tal vez uno o dos protagonistas más; d) enfocar la novela, tú y yo, como si rodáramos una película de aventuras, permitiéndonos todos los cortes, todos los montajes, etc.; e) profundizar la veta joyceana del personaje central; de hecho, hacer de esto uno de los leitmotivs de la obra; de una manera modesta y en policíaco, hacer con Joyce —o con el Ulises de J. J.— lo que éste hizo con Homero y la Odisea. ¡Claro! ¡La diferencia es grande! Pero puede resultar muy interesante, una especie de dripping polloqueano, la traslación de símbolos y obsesiones joyceanas a una novela rápida, violenta, breve”.

El español aporta otro dato relevante del libro: “Fue Bolaño quien atacó la redacción definitiva”, ese, por así decirlo, pulido y abrillantado último con que lo conocemos hoy.

“La parte que sigue fascinándome es el apéndice final, cuando el discurso deja de ser estrictamente novelístico y se acerca al diario”, asegura García Porta. “Allí encontramos al Bolaño que luego nos maravillaría en tantos cuentos y novelas, también al poeta, por supuesto”.


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