Culto
Mi vida por Pearl Jam

Mi vida por Pearl Jam

La relación de la banda con los fans, los conciertos que no se repiten de una noche a otra y la comunidad local de seguidores explican el fenómeno.

Setenta y siete. Esa es la cantidad de veces que Manuel Gómez (productor de eventos, 36) ha visto a Pearl Jam. Solo este año ya tiene presupuestado verlos 20 veces más: ser tan asiduo a sus presentaciones ha hecho que el staff de la banda lo invite, aunque varias veces ha debido desembolsar un monto generoso por una entrada. Gómez es uno de los miles de fanáticos que la banda tiene en Chile. Los 90 minutos que duraron a la venta las entradas para el concierto que harán el 13 de marzo en el Movistar Arena, en el contexto de Lollapalooza Chile, son una prueba del intenso fanatismo que Pearl Jam provoca en suelo local. Incluso se debieron habilitar boletos con vista parcial.

Las visitas anteriores no fueron diferentes: en 2005 reunieron a 25 mil asistentes en cada una de las dos noches en San Carlos de Apoquindo; en 2011 fueron 55 mil los que llenaron el Monumental; en 2013 cautivaron a las 70 mil personas que asistieron la primera jornada de Lollapalooza Chile que ellos cerraron y en 2015 fueron 60 mil los que pudieron verlos en un Estadio Nacional repleto.

Gómez los vio por primera vez en 2000 en Atlanta, con 19 años, y a partir de ahí los ha seguido por varios países. “En diciembre de 2002 estaba en un show chiquitito en Seattle. Era la cuarta vez que los veía y Vedder de repente dice: ‘Supimos que alguien vino de Chile’. Me acuerdo que estaba tomando cerveza y la boté y corrí adelante. Ahí me empezó a molestar y dijo ‘dile a tus amigos de Chile que vamos a ir como en 12 años si es que seguimos juntos, pero antes ni cagando’. Fue súper mala onda, pero después del show, Mike (McCready, guitarrista) me mandó a llamar y me pidió disculpas”, relata. La relación de Gómez con la banda se volvió aún más cercana cuando trabajó en la producción de Lollapalooza 2013, primero, y luego en la del show del Nacional. Sin embargo, asegura que él es fan de la música más que de la banda. “Yo no me tomo fotos con ellos, no me interesa eso. Voy por la música, más que por las letras, más que por ellos, por sus historias personales o proyectos paralelos. Sus conciertos son las mejores tres horas que puedo pasar. Nada se iguala a la felicidad que me provoca verlos en vivo”, cuenta.

Miguel Rojas (constructor, 38) sigue a Pearl Jam desde 1993 y es el creador de uno de los grupos de fanáticos más activos de Facebook, llamado Pearl Jam Chile Alive. En este grupo se ha creado una verdadera comunidad en torno a la banda. “Nos gusta hacer los ‘acampazos’. Llegamos un día antes al lugar del concierto y lo convertimos en una experiencia”, asegura.

Según los fanáticos, las razones de la devoción que provoca la banda en el país son múltiples. Que no repitan la lista de canciones de un recital a otro es una de ellas. “La gente sabe que se preocupan de hacer que cada noche sea única, de hacer un show siempre distinto, entonces siempre te va a sorprender y eso es un súper buen gancho”, comenta Gómez. Para Pablo Durán (vendedor, 35), administrador de Pearl Jam Chile Alive, la comunidad que se ha creado en torno al grupo es fundamental: “Somos tan unidos que hemos creado una familia y eso influye en cómo los seguimos, porque también se potencia nuestro gusto por ellos”, algo con lo que concuerda otra líder de la comunidad, Sandra Valverde (dueña de casa, 45), que además agrega que también es clave la relación que el grupo tiene con sus fanáticos. “Ellos son gente súper humilde y tienen un amor por sus fans que no cualquier banda tiene. Estos compadres se preocupan hasta de la gente que está en la reja en los conciertos para que no se aplasten, ¿qué banda hace eso?”, comenta a raíz de la tragedia que dejó a nueve fallecidos tras ser aplastados el 2000 en el Festival Roskilde, en Dinamarca. Al respecto, Miguel Rojas agrega que “el accidente marcó la relación de la banda con los fans. Se preocupan de la seguridad, de que tengan agua, que no se aplasten, entonces eso nos hace sentir especiales y más engrandece el fanatismo”, concluye.

Sobre el autor: