Culto
75 años del Teatro UC, agitador de las filas universitarias

75 años del Teatro UC, agitador de las filas universitarias

La sala de Plaza Ñuñoa alista para octubre el musical Condicional, de Alvaro Díaz, una exposición y lecturas en que habrá chispazos del ex Teatro de Ensayo y su historia, que aquí reconstruyen sus protagonistas.

Hubo una primera piedra: el 12 de octubre de 1943, hace 75 años, un grupo de estudiantes de Arquitectura de la U. Católica, entre ellos Pedro Mortheiru y Fernando Debesa, estrenó el auto sacramental El peregrino del español Josef de Valdivieso en el teatro Cervantes de Valdivia. Días después repusieron la obra en Santiago y, tras el verano, se convencieron de crear un Teatro de Ensayo que tomara distancia de las compañías profesionales.

“¿Está seguro que de esto va a salir algo bueno?”, dudó el monseñor Carlos Casanueva, entonces rector de la UC. “¿La gente es seria ahí?”, insistió, “¿no se transformará en taberna, en escándalo?”. No era primera vez que Mortheiru y el resto llegaban hasta su oficina: “Cada vez que los insistentes jóvenes estudiantes visitaban a monseñor, este se quedaba dormido”, narra el investigador Juan Andrés Piña en su libro Historia del Teatro en Chile (1941-1990). Así y todo, en 1945 nace la de Escuela de Arte Dramático de la U. Católica, una de las primeras del país y con el fin de formar y perfeccionar a los actores de la compañía. Junto al Teatro Experimental de la U. de Chile, compuesto por estudiantes de Pedagogía, renovaron sin vuelta la parca escena teatral de la época.

“La elección de autores como Molière o Schiller, y la formación de varios de sus miembros en la arquitectura le dieron un sello al Teatro de Ensayo. Eran montajes bellísimos”, recuerda Ramón López, uno de sus integrantes históricos. “Además, creo que el arrojo de esos jóvenes para querer hacer teatro y experimentar fue un motivo crucial. Había ganas de hacer y mostrar algo distinto”, le sigue el actor y ex colega suyo Ramón Núñez (76).

“Los grupos universitarios nacieron de la desconfianza del teatro como mera entretención, de ese teatro vigente en los 30 y 40 que no veía el valor de los clásicos por considerarlos una lata”, dice el actual director del Teatro UC, Andrés Kalawski, quien permanecerá en su cargo hasta el año 2020. “Lo que celebramos es que con todos los cambios que hemos tenido, porque el Teatro de Ensayo se acabó en 1969 y dio paso al Taller de Experimentación Teatral (TET, 1969) y luego a la Escuela de Artes de la Comunicación (1970-1976), hasta llegar al Teatro UC, seguimos siendo un teatro institucional que ha permanecido por 75 años. En Chile eso es bastante raro”, añade.

El dramaturgo y director Ramón Griffero cita las palabras de Eugenio Dittborn, quien tomó la dirección del Teatro de Ensayo en 1954: “El decía: ‘No hay teatro nacional sin una dramaturgia nacional’. Esa visión suya llevó a que varios creadores se formaran allí y mostraran sus trabajos, y que ese teatro esté además ligado a una escuela, lo cual es curioso, es lo que le ha dado continuidad en el tiempo”, opina. “Pienso en La Troppa o la Nona Fernández y hasta en Bosco Cayo y varios otros, todos egresados de la Católica. Ellos renovaron y siguen renovando la línea curatorial de esa sala, y a pesar de los años y la aparición de otros teatros y escuelas, como las de la Finis Terrae y la U. Mayor, lo que legaron fue un esquema”, agrega.

Octubre, mes de festejos

Más de 230 estrenos han dado vida y vértigo al Teatro UC en su historia. Por ahí pasaron, entre otros, los actores Teodoro Lowey, Ana González, Silvia Piñeiro, Mario Montilles y Héctor Noguera, además de las obras de Sergio Vodanovic y Egon Wolff bajo la dirección de Eugenio Dittborn, Germán Becker y Eugenio Guzmán. “Son inolvidables las puestas en escena de Martín Rivas (1954), por ejemplo, o la censura que tuvo Lo crudo, lo cocico, lo podrido de Marco Antonio de la Parra (1978) y el éxito de Art de Yasmina Reza (1999). Hasta el Lear King & Mendigo (1992) de Nicanor Parra que yo mismo protagonicé, dirigido por Alfredo Castro. El Teatro UC tiene hitos por montones”, dice Noguera (80).

Pero quizás uno de sus más grandes “riesgos” haya sido el estreno de La pérgola de las flores de Isidora Aguirre y Francisco Flores del Campo, en 1960. “Era un salto al vacío por donde se le mirara”, recuerda su protagonista, la actriz Carmen Barros (93). “Era un género que inexplicablemente había generado su propio público y estuvimos dándola todo ese año y otros dos más a sala llena”, agrega.

Desde su actual centro de operaciones, ubicado en la mítica sala de Plaza Ñuñoa desde 1978, el Teatro UC anuncia para octubre una serie de festejos que incluirán una exposición retrospectiva en su Centro de Extensión, con afiches y elementos de escena, además de lecturas dramatizadas de sus obras icónicas, como Cariño malo (1990), de Inés Margarita Stranger, cuenta Kalawski. El plato principal, sin embargo, será el musical Condicional escrito por Alvaro Díaz (31 minutos) y que conducirá Elvira López. Aún sin elenco ni una historia resuelta, Kalawski revela que “será una obra pensada y dirigida para los jóvenes”, dice.

Antes, dos de sus más recientes éxitos volverán al escenario, partiendo por El padre, del francés Florian Zeller, que tendrá su cuarta temporada en marzo. Luego, en abril, será el turno de la versión que Alvaro Viguera dirigió de El cepillo de dientes de Jorge Díaz, dos de los montajes más vistos de 2017, con 9.500 y 10 mil espectadores, respectivamente. “No creo que las obras vengan con una mancha de origen. Para mí no es más comercial una obra recién estrenada en Broadway que una versión de un clásico”, dice Kalawski, quien se ha empeñado en ajustar la línea curatorial del teatro a los tiempos que corren. “Ambos ejemplos sirven para poner las fichas sobre la mesa: la primera fue una apuesta contemporánea y coproducción además (junto a The Cow Company), mientras que la segunda revisita a un clásico chileno. Y nos ha dado resultado. Lo que más nos interesa no es el texto, sino la conversación que se genera en torno al mismo”, añade.

Otro egresado de la misma escuela y uno de los directores jóvenes que suele estrenar en su sala, Alvaro Viguera, quien además este año pondrá en escena una versión de Todos eran mis hijos de Arthur Miller, valora la permanencia del Teatro UC: “Ha sabido sin duda acomodarse a los tiempos y hacerse un espacio. No sé si cualquier espacio podría decir lo mismo”. Griffero concluye: “Abrió las puertas a otros creadores externos también: Radrigán y yo estrenamos nuestras obras ahí, y Rodrigo Pérez o Alfredo (Castro), que tampoco son de la UC, han estado allí. Lo que ocurrió con Los millonarios (2014) de La María y Alexis Moreno es otro ejemplo muy claro del intercambio e influencia que ha tenido. Eso es innegable”.

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