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Culto
La verdadera estatura de Paul Simon

La verdadera estatura de Paul Simon

Con cada disco que siguió lanzando junto a su banda itinerante, Paul Simon, el músico norteamericano que acaba de anunciar su retiro de los escenarios a los 77 años, debió competir contra su propio pasado, uno que empujó desde la canción de autor a distancias insospechadas como la world music y la polirritmia de vanguardia.

Por una cara, Simon es responsable del legado que dejó junto con Art Garfunkel y, por otro lado —uno más personal—, dio forma al influyente Graceland (1986), ese viaje a medio camino entre el ritmo africano y el pop de Occidente, acaso su mejor disco, uno que puso de moda la música étnica.

A fines de los cincuenta, cuando formó el dúo Simon & Garfunkel, Paul Frederic Simon fue el principal compositor de los temas que los hicieron mundialmente conocidos: el primitivo “The sound of silence”, el sentido “I am a rock” o una canción utilizada hasta el hartazgo en el cine como “Mrs. Robinson”.



Si bien fue Roy Halee quien se encargó de la primera audición de Simon & Garfunkel, para luego convertirse en su ingeniero de sonido y, finalmente, en coproductor y tercer integrante de la banda, Simon fue en todo momento el cerebro del grupo.

Según explica Javier Márquez, autor de la biografía Simon & Garfunkel, negociaciones y canciones de amor (Milenio, 2014), “Simon estaba centrado, tras sus primeros éxitos en los años sesenta, en experimentar musicalmente, mientras que Garfunkel era partidario de continuar con un estilo más melódico, con muchos arreglos de producción”.



“Simon era el artista, pero era un hombre inseguro y solitario que precisaba de la voz y de la presencia en el escenario de Garfunkel”, añade el periodista español para explicar la dinámica de un dúo que legó un número importante de éxitos.

Ahí están “The boxer”, “Cecilia” y “The only living boy in New York”:


Pasando por “Bridge over troubled water”, “America” y “El condor pasa (if I could)”, además de “Bookends”:


Temas a medio camino entre el folk pastoral y el góspel, que posicionaron a Simon entre un grupo de creadores musicales que marcaron época y que hoy, al calor de los retiros, varias décadas después, se van apagando.



El dúo, entre constantes uniones y separaciones, trabajó con sesionistas de la talla de Larry Knechtel (piano) o Hal Blaine (batería) e hicieron de su característico juego de voces una marca de estilo.

Entonces, poco antes de entrar en la década del 70, disolvieron definitivamente a la banda que había debutado con un discreto trabajo llamado Wednesday Morning, 3 A.M, cuando Paul Simon ensayaba sus primeros demos junto a una chica que pronto se transformaría en leyenda: Carole King. No sería la única mujer importante en la vida del músico. Carrie Fisher, la actriz que dio vida a la Princesa Leia de la saga Star Wars, estuvo casada con el músico cuando ya era un conocido solista.

En 2015, Arthur Garfunkel conversó con el Sunday Telegraph sobre la ruptura del dúo. Allí, el cantante comparó su relación con Paul Simon con la que George Harrison mantenía con Paul McCartney.

“Mi Paul es para mí lo que tu Paul es para ti”, le dijo Harrison en una fiesta.

“Él quiso decir que psicológicamente tenían el mismo efecto en nosotros. Los Paul nos marginaban. Creo que George se sentía suprimido por Paul (McCartney), y creo que eso es lo que él vio también entre Paul (Simon) y yo”, aseguró.



Según el biógrafo de Simon & Garfunkel, no solo la música del dúo dejó un legado, también lo hicieron sus letras: “Una crónica de su época, de ahí que se les llamara los cantantes de la alienación, y que su gran éxito, ‘The bridge over the troubled water’, se considerara un himno de reconciliación de las dos Américas”, explica sobre los turbulentos años sesenta, sacudidos por la guerra de Vietnam y los disturbios raciales.

Tal vez Bridge over troubled water (1970), el disco que les tomó 800 horas de grabación para su elaboración —según los boletines de la época—, sea un buen fresco del sonido variopinto y melódico de Simon & Garfunkel.

Allí aparece, por ejemplo, la adaptación de una melodía peruana como “El condor pasa (if I could)”, grabado junto al grupo andino Los Incas, un antecedente directo para los años 80, cuando Paul decide explorar nuevas músicas y ritmos, y viaja hasta Sudáfrica, donde se enamora de los sonidos de los suburbios.


Entonces dio forma a Graceland, en 1986, su séptimo álbum en solitario, “un disco sobre el aislamiento y la redención que trascendió a la world music para convertirse en la banda sonora de todo el mundo”, según escribió Rolling Stone.

De la mano del guitarrista Ray Phiri y de la compañía vocal del grupo Ladysmith Black Mambazo, Paul Simon escribió “algunas de las letras más divertidas de su carrera sobre grooves realmente brillantes” y dotó a la música sudafricana de un alcance que previamente gente como Talking Heads o Peter Gabriel no alcanzaron.

No por nada Joseph Shabalala, el director musical de Ladysmith Black Mambazo, apodó “Vutlendela” a Paul Simon, una voz que en zulú significa “el hombre que abrió la puerta”.



Para trazar un paralelo, el sitio Super45 apunta que cuando salió Reflektor, Kelcey Ayer de Local Natives, motivado por el nexo entre Arcade Fire y Haití, escribió “éste es el Graceland de nuestra generación”.


En solitario, el cantautor publicó alrededor de 20 discos, incluyendo algunos recopilatorios, y el reciente Stranger to stranger (2016).

Indomable entre registros como la canción de autor, la world music y la polirritmia de vanguardia, un asunto es seguro con Paul Simon: sobrevivirá, con una estatura importante, a base de canciones memorables, a la ignominia del olvido.

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