Culto
Young Marx, el reverso de un mito

Young Marx, el reverso de un mito

Fue la obra encargada de inaugurar el teatro The Bridge de Londres durante el año pasado, y el próximo 21 de marzo el Nescafé de las Artes la transmitirá como parte del ciclo National Theatre Live. “Ese Marx al que todos conocen, genio y solitario, no es más que una invención”, opina Oliver Chris, quien interpreta al opacado Friedrich Engels.

Pasa largas horas encerrado en la fría biblioteca del Museo Británico, dándose cabezazos contra la pared e intentando comprender las bases del capitalismo enemigo, así como a sus teóricos y febriles defensores. Es 1850 y un joven Karl Marx (1818-1883), de 32 años, lleva meses exiliado en Londres tras ser expulsado de Bélgica por “agitar las izquierdas obreras”. Sin un centavo en los bolsillos, él y su esposa, Jenny von Westphalen, además de sus hijos y una fiel criada, encuentran refugio en un mugroso apartamento de dos habitaciones en el Soho de Londres. Está escribiendo -o al menos eso pretende- la que será la más ambiciosa de sus obras, El capital. Crítica de la economía política (1867), que con el paso de los años y décadas revelará sus tintes filosóficos, pero lo cierto es que los constantes delirios lo han alejado a tirones de la escritura y hecho recaer en el alcohol y los encuentros sexuales con mujeres desconocidas. Desde entonces, Marx siente que lo vigilan y persiguen en cada paso.

Sin embargo, la inesperada visita de su camarada y principal benefactor, Friedrich Engels (1820-1895), intentará reencauzarlo en su camino y apresurar la aparición de esa obra que podría inmortalizarlo en vida. Pero es tarde: el padre del comunismo moderno es el amo y señor de su propio melodrama.

Estrenada el año pasado en el recientemente inaugurado teatro The Bridge de Londres, la primera sala comercial británica en casi ocho décadas, Young Marx, la ruidosa comedia escrita por Richard Bean y Clive Coleman puso la primera piedra al bloque de homenajes al autor de El manifiesto comunista, de quien este 2018 se cumplen dos siglos desde su nacimiento. Dirigida por Nicholas Hytner, ex director del Teatro Nacional de Londres, la aplaudida obra será transmitida en diferido y con subtítulos en español el miércoles 21 de marzo como parte del ciclo National Theatre Live del Nescafé de las Artes.


Pensador en las sombras

“Querido Engels: Le escribo solo una o dos líneas para hacerle saber que nuestro pequeño Fawksy (su cuarto hijo, nacido en 1849 y quien en realidad se llamó Henry Edward) murió a las diez de esta mañana. Fue de repente, de una de esas convulsiones que a menudo había tenido. Unos minutos antes, todavía se estaba riendo y bromeando. La cosa sucedió de manera inesperada. Puedes imaginar cómo está todo aquí. Tu ausencia en este momento nos hace sentir muy solos”, le escribió Marx a Engels el 19 de noviembre de 1850, cuando este último ya había encontrado un nuevo trabajo como abogado en Manchester, principalmente para brindar apoyo económico a su amigo y su familia.

“Lo más emocionante de esta obra es que estamos mostrando tanto a Marx (interpretado por el actor Rory Kinnear) como a Engels en un momento de sus vidas del que la mayoría de la gente no sabe nada”, comenta desde Londres el actor Oliver Chris (1978), conocido por su aparición en la serie The office (2001) y por su rol como director de una galería de arte en Bridget Jones: The Edge of Reason (2004). “En el punto cuando se establece la obra, la vida de Marx estaba en un caos total, pocas veces asociado al hombre que escribió El capital. El había sido expulsado de unos cuantos países, tampoco podía retornar al suyo y terminó en Londres, ocultándose de la policía y los espías prusianos, tratando de ganar algo de dinero y luego gastándolo todo en beber. Ese otro Marx al que todos conocen, genio y solitario, no es más que invención, pues él siempre necesitó compañía y golpes en la espalda. Ahí aparece Engels, a quien yo interpreto, y que además de su amigo fue un apoyo fundamental. No solo fue el coautor de El manifiesto. Así y todo, tristemente ha sido olvidado por la historia, incluso por los lectores más devotos de Marx”, añade.

A su arribo a Londres, lo que Engels ve en su amigo Marx no es más que a uno de esos hombres erráticos a los que tanto desprecia. En lugar de pretender terminar el primer borrador de El capital, Marx parece más obsesionado con la idea de batirse a duelo con August Von Willich (Nicholas Burns), uno de sus más robustos detractores políticos y quien encima ha comenzado a cortejar a su esposa Jenny (Nancy Carroll). También, y a toda costa, Marx busca convencer a Engels de que cuide un hijo que tuvo con su criada, Helene Demuth (Laura Elphinstone), única testigo de cómo el filósofo se escondía en el armario cada vez que llamaban a la puerta.


Engels, el difusor

“La confianza que Marx tenía con Engels daba para escribir una historia de estas características, más anecdótica quizás aunque no por eso menos real ni biográfica”, señala Oliver Chris. “Marx se sintió sumamente decepcionado de ese proletariado al que estaban tratando liberar, y esa es su gran paradoja. Engels, en cambio, provenía de una familia adinerada, pero nunca quiso seguir el camino que tradicionalmente seguían los de su entorno. A Marx lo conoció en París y su amistad se forjó luego de diez días seguidos de copas. ¡Eran verdaderos amigos! Y cuando Marx murió, nadie sabía realmente qué era el comunismo y fue Engels quien sintió suya la misión de difundir su palabra. Vivió 12 años más que Marx, y si la gente supo de sus ideas en el Reino Unido y Europa, fue gracias a él. A su labor”, agrega.

Cómicas escenas al estilo Monty Python, además de las sólidas actuaciones de sus protagonistas, hicieron que el periódico británico The Independent calificara a Young Marx como “una producción aguda e inteligente”, mientras que The Times habló de “una deliciosa combinación de creatividad y vitalidad”. Oliver Chris resalta el inusitado valor de la época en que se encuentra ambientada la historia: “A pesar de todo el caos en su vida personal, es posible que Marx no pudiera escribir El capital sin toda esa experiencia”, opina. “Los dos fueron jóvenes que trataron de deshacerse de lo que veían como viejas ideologías y eso ha sucedido una y otra vez, de generación en generación, y así seguirá ocurriendo. De alguna manera ambos encarnaron el espíritu de una época, y no hay que olvidar que eran migrantes tratando de abrirse camino en países extranjeros: por razones obvias, esto último posee hoy una resonancia muchísimo mayor”, concluye.

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