Culto
Reggaetón versus lentos: ¿qué ritmo se impone a la hora de conquistar bailando?

Reggaetón versus lentos: ¿qué ritmo se impone a la hora de conquistar bailando?

Las tonadas románticas reinaron en la década de los 80 como la más reconocida técnica de conquista. Luego, el baile evolucionó de manera tal, que es el perreo el que se toma las pistas al momento de cortejar. ¿Quién gana la batalla en voz de los expertos?

“Tenemos que hacer que tus padres interactúen en una especie de…”, dice Emmett Brown, “¿Se refiere a una cita?”, preguntó Marty McFly. “¡Pero yo no sé qué hacían en los 50!”.

“Son tus padres ¿Cuáles son sus intereses?¿Qué les gusta hacer juntos?”, insistió el científico. “Nada”, dijo Marty mientras el Doc Brown fijaba su atención en un afiche en los pasillos de la escuela: “Mira, habrá un ritual de ceremonia rítmica”. “¡Claro! El baile del encanto bajo el océano, se supone que deben ir a esto, allí es donde se besaron por primera vez”, dijo Marty.

“Muy bien, pégate a tu padre y asegúrate que lleve a tu madre a ese baile”, sentenció Emmett Brown, si no, Marty jamás existiría.

No se equivocaron. A pesar de los varios sucesos que atentaron contra la unión de Lorraine y George McFly en Volver al futuro, se dieron aquel esperado primer beso mientras bailaban “Earth angel”, original de The Penguins versionada por Marvin Berry -primo de “Chuck” en la ficción- y su banda, la elegida para aquella noche.



No es casualidad que fuera una balada romántica la que concretó aquel beso en 1955, ni tampoco fue un mero invento de Hollywood. Los temas de ritmo lento con letras románticas, propiciaron el surgimiento de sentimientos de amor entre quienes danzan con su melodía. No son infalibles, pero jugaron un rol importante en el baile de cortejo para muchas generaciones.

El baile como método de conquista

“La música en situaciones de conquista genera un ambiente, lo quieras o no”, asegura Álvaro Menanteau, Doctor en Musicología. “Es muy importante. Los gustos musicales te dan pistas respecto de la personalidad de quien tienes enfrente (o al lado)”.

Si hablamos de amor, él prefiere lo clásico por sobre la hoy llamada “música urbana”: “No considero el reggaetón para esos fines, pues me parece que su ritmo constante no es adecuado para conquistar. Además sus letras no son sutiles, son demasiado directas en lo sexual y eso no creo que favorezca el acercamiento con interés sentimental”.

Ricardo Martínez, experto en estudios cognitivos y fundador de Tercera Cultura, discrepa. Para él “los lentos separaban muy claramente a los que tenían alguna chance de ser más entrador con las muchachas (en una época muy heteronormativa), de quienes éramos más tímidos. Por lo tanto, los lentos eran un momento muy triste para los perdedores que estábamos arrinconados en una esquina de la fiesta”.

Si bien el reggaetón no es el género de su preferencia, sí rescata su carácter más “colectivo” o “grupal” en comparación con los lentos, característica que surgió a partir del cambio de locación de las fiestas. Martínez explica que en un principio tomaban lugar en casas o en recintos educacionales, y a partir de los 90, se trasladaron a las discoteques y clubes.

“Hizo que el ritual del baile fuera más colectivo, por ejemplo era común en 1995-96 ver que las mujeres tomaran sus cosas (abrigos, carteras), las pusieran en una especie de montoncito, y se pusieran a bailar alrededor, cosa que uno no veía en los años 80. El reggaetón se da mucho más con ese tipo de baile, entonces hay que pensar que son formas de baile distintas, no solo como método de conquista”.



Una diferencia importante es que en general el romanticismo de los lentos se encuentra en inglés, a diferencia de la música urbana que tiene a todos sus grandes exponentes hablando en español, tentados una que otra vez por grabar en inglés con más frecuencia, es cierto, pero cada vez más revirtiendo la tendencia. Es cosa de escuchar los últimos hits de Ricky Martin o comprender el fenómeno de “Despacito”, que tuvo a Justin Bieber grabando en español junto a Luis Fonsi.

De la misma forma en que no todos los estilos de baile tienen como fin el cortejo, no todas las canciones que hablan de amor buscan conquistar. Marisol García -periodista especializada en música y autora del libro Llora, corazón. El latido de la canción cebolla– plantea que el grueso cancionero latinoamericano, eso sí, en general está más enfocado en el desamor que el amor propiamente tal.

“Nadie ha elaborado una estadística, pero es probable que en castellano existan muchas más canciones sobre pérdida amorosa que sobre conquista. Al menos dos de los géneros musicales más poderosos de canción romántica en Latinoamérica, el bolero y el vals peruano, no califican como conquistadores: lo suyo es el acompañamiento en la desgracia de haber tenido para luego perder, y el destino terrible de intentar olvidar sin conseguirlo”, apunta García.

Del “Solo llamé para decir te amo” al “Llamé pa’ verte”

La década de los 80 fue el nido de los “lentos”, una época en que canciones como “Eternal Flame” de The Bangles” o “I wanna know what love is” de Foreigner, definían si la pareja danzante tenía una chance de ser más que solo compañeros de pista.

“Mejilla con mejilla” como canta Chris De Burgh en “Lady in red”, las parejas se mecían al son de baladas -anglo y de habla hispana- que cantaban frases dulces hacia la persona amada y metafóricamente seductoras. Contrarias a los temas de reggaetón de lenguaje más vulgar y directo con oraciones como “hasta que choque el hueso” de “Perreo cachalonero” o “papi que te aruño” de “Gata fiera”, éxito rotundo cuando comenzó la segunda mitad de la década anterior.

Comparar letras de baladas de los 80 con los reggaetones más populares es un trabajo que no requiere una extensa lista de reproducción para dar cuenta del carácter más sexual y menos romántico que fueron adoptando.

Un retrato arbitrario, pero no menos cierto, de la diferencia lírica se consigue escuchando “I just call to say I love you” de Stevie Wonder (1984) y “Llamé pa’ verte” de Wisin y Yandel (2005), ambas a partir de la premisa de llamar a la persona que se quiere.



“Solo llamé para decir te amo. Solo llamé para decir cuánto me importas. Solo llamé para decir te amo, y lo digo desde el fondo de mi corazón”, canta Wonder, mientras la dupla de latina -ahora separada- optó por decir “Bailando sexy le doy. Dembow, dembow. A ella le encanta. Como le hago y le doy”.



El cambio cultural y -por ende- musical

Álvaro Menanteau -mentado musicólogo- afirma que desde fines del siglo XX “asistimos a una vulgarización de la cultura popular. Los delicados boleros de los años 40 dieron paso al rock & roll y la balada pop de los 50 y 60, que eran músicas con más carga de ‘relajo’”. La piernas tambaleantes de Elvis Presley o las caderas descontroladas de Mick Jagger, fueron calificadas en su momento como indecentes por los más conservadores. Basta leer al sociólogo Alan Bloom para dar cuenta de esta percepción.

En 1987 el filme Dirty Dancing abordó la transición de estilos musicales en la década de los 60, retratando lo que era considerado “baile caliente” a partir de ritmos y letras que cantaban al despertar sexual de la juventud de la época.



“Nadie pone a Baby en un rincón”, dice Johnny (Patrick Swayze) al padre de Baby Hausmann (Jennifer Gray) antes de subir al escenario y bailar “(I had) The time of my life”, una canción y baile vistos como ‘indecorosos’, pero que comparados con los ritmos latinos actuales asoman bastante conservadores.

Y tal como en Norteamérica se dio este cambio, en Latinoamérica, “la balada romántica de los 70 derivó en el reggaetón, acentuando la tendencia a lo sensual tratado explícitamente”, dice el musicólogo.

Para Marisol García el canto de amor y conquista desde los ritmos bailables no es novedad: “Siempre estuvo en el mambo, el chachachá, la canción italiana tipo San Remo, el son cubano y otro montón de ritmos tropicales que suenan en Chile hace décadas, primero con orquestas y luego con bandas”. Esa batalla también la perdieron los lentos, sean del origen que sea.

De hecho, Ricardo Martínez compara el reggaetón con el tango, género que tuvo su mayor impacto entre 1921 y 1935 de la mano de Carlos Gardel: “El reggaetón lleva más o menos lo mismo, ha sido casi tan influyente como fue el bolero. Creo que a esta altura, ya nadie puede minusvalorar el impacto social que ha tenido el reggaetón en el siglo XXI en lo que va hasta la fecha”.

Y a ti ¿Te gustaría que volvieran los lentos?

Sobre el autor:

Mónica Garrido |
Periodista de La Tercera. En Twitter es @monigarridov