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Culto
Parrabeat: Nicanor y los poetas beatnik

Parrabeat: Nicanor y los poetas beatnik

Allen Ginsberg vino a Chile en los 60 y se alojó en la casa del antipoeta. Los autores de la generación beat le declararon su admiración a Parra y los tradujeron al inglés.

No era exactamente un poeta de la generación Beat. De verlo, nada más, uno sabía que entre él y los beatniks había ciertas diferencias. La vida al borde de la vida, las drogas y sus infinitas posibilidades no eran lo de Nicanor Parra. Quizá en su cabeza había mucha matemática, mucha física, también mucho Chile, como para integrar el clan. Pero aún así había algo que los hermanaba, la certeza de estar haciendo algo fuera de catálogo, contra la tradición.

En 1954, Parra publicaba sus Poemas y antipoemas y escribía: “A recorrer me dediqué esta tarde/ Las solitarias calles de mi aldea/ Acompañado por el buen crepúsculo/ Que es el único amigo que me queda”. Dos años después, en 1956, aparecía Aullido, donde Allen Ginsberg apuntaba: “Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas, arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo”. En 1959, Lawrence Ferlinghetti se estrenaba con Un Coney Island de la mente: “En las grandes escenas de Goya nos parece que vemos/ los pueblos del mundo/ exactamente en el momento en que/ por primera vez alcanzaron el título de “humanidad sufriente”/ Se retuercen en la página/ con una verdadera furia de adversidad/ amontonados/ gimiendo con bebés y bayonetas/ bajo cielos de cemento”.

Parra no los conocía personalmente, pero Ginsberg y Ferlinghetti, beatniks emblemáticos, habían leído sus poemas y habían comenzando a traducirlos. Recién en enero de 1960 se vieron las caras. Los norteamericanos viajaron hasta Concepción para participar en el Primer Encuentro de Poetas Americanos. Ginsberg vino por una semana y se quedó tres meses, la mayor parte del tiempo en la casa de Nicanor Parra, en La Reina. Ferlinghetti tuvo una estadía más breve, pero dejó una anécdota que ilustra la admiración y la influencia que Nicanor tuvo en el la generación Beat. En Concepción leyó uno de sus poemas, Superpoblación. Cuando terminó, uno de los asistentes le hizo ver la similitud, en estructura y ritmo, que ese poema tenía con otro del propio Parra. Entonces, Ferlinghetti -dueño de la editorial y librería City Lights, en San Francisco- le respondió: “Tiene seguramente la razón el observador. Yo estaba colaborando en una traducción de los antipoemas de Parra, cuando escribí Superpoblación. Dada mi admiración por el chileno, no es raro que algo de él se me contagiara”.

Esa traducción de los antipoemas a la que se refería Ferlinghetti la hizo Jorge Elliot y fue publicada a mediados de 1960 por City Lights -emblema de la generación Beat-. Siete años más tarde, otra editorial norteamericana, New Directions, publicaba una edición bilingüe de la obra de Parra con traducciones de sus poemas hechas por distintos poetas, entre ellos Ferlinghetti y el propio Ginsberg.

Con todo, la relación con Ginsberg fue mucho más cercana. En los tres meses que estuvo en Chile el autor de Aullido leyó poemas, se acostó con muchachos, fumó mucha marihuana y también chamico -siguiendo los consejos de otro poeta, Jorge Teillier, quien le habló de esta hierba que crece en la Araucanía-, jaló cocaína, comió pescados, pero por sobre todo cultivó una amistad con Parra que mantuvo hasta sus últimos días (el poeta norteamericano murió en 1997).

En alguno de los encuentros de poesía a los que ambos asistieron, Ginsberg era quien traducía los poemas de Parra, a medida que este declamaba en español. De su admiración por el poeta chileno hay un sinfín de testimonios en cartas y entrevistas. En ellas, asegura que es uno de los poetas que mas relee, que le gusta su “rápida elegancia”, que lo maravilla su conocimiento de la física y las matemáticas, lo mismo que su pasión por las muchachas suecas, al margen de posicionarlo como “el creador de una poesía explosiva, más sofisticada e inteligente que la de Neruda, incluso en la poesía política”.

Hoy que Parra se ha ido, no hay “aullido” posible que sirva para sacudirnos de la pena. De su relación con la generación Beat quedarán páginas y páginas escritas. Quién sabe si desde un rincón de su librería, Ferlinghetti -el último beatnik- agregue una página más como postrer homenaje a ese hombre imaginario que fue Nicanor Segundo Parra Sandoval.

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