Culto
Delatores y los 80: detrás de la película chilena Sapo

Delatores y los 80: detrás de la película chilena Sapo

El director Juan Pablo Ternicier analiza para Culto su nueva cinta, que mañana llega a las salas.

Como en muchas ocasiones en el cine, la génesis de la historia tiene su raíz en el mundo real. “Estaba leyendo un artículo creo que del The Clinic, en donde contaban la historia de un periodista, que era sapo de la dictadura, y cómo presenció la última pena de muerte en Chile -los psicópatas de Viña del Mar-, y que esa misma noche debía volver a Santiago por el nacimiento de su hija. Fue algo cautivante, y pensé que allí había una película”, explica Juan Pablo Ternicier. Mañana, el cineasta nacional estrena su segundo largometraje, Sapo, el primero desde su debut, 3:34 Terremoto en Chile (2011).

“Son películas opuestas”, asegura el director sobre ambos proyectos: “Una es una cinta que tenía un espíritu más masivo y donde yo trabajaba con varios productores. Esta la considero una película mucho más personal y autoral. Es más íntima en su escala”.

Efectivamente, Sapo -que ganó la competencia nacional del último festival SANFIC- no cuenta con la grandilocuencia que tenía el proyecto centrado en el terremoto del 27 de febrero de 2010. La trama es un íntimo estudio de personaje, transformando la inspiración real de Ternicier en la historia del ficticio periodista Jeremías Gallardo (Fernando Gomez-Rovira), quien el 29 de enero de 1985 se encuentra cubriendo la ejecución de los psicópatas de Viña en la cárcel de Valparaíso; el único miembro de la prensa en tener ese privilegiado acceso. Mientras, en Santiago, su mujer (Loreto Aravena) se encuentra dando a luz a su primera hija. Tras la ejecución, Jeremías inicia el recorrido nocturno hacia la capital, recordando los eventos que lo llevaron a esa noche, marcados por su rol como informante del régimen militar. El elenco también incluye a Mario Horton, Ingrid Isensee y Alejandro Trejo.

“Este es un viaje de un personaje que está lleno de arrepentimiento. Sentí que la pena de muerte y la dictadura como escenario generaban una memoria histórica súper potente. Me gusta trabajar películas en ese contexto”, explica Ternicier.

El chilenismo “sapo” como sinónimo de delator fue un concepto que fascinó al cineasta, por cómo explica en parte el funcionamiento de la sociedad nacional en los años 70 y 80. “Para mí la institución del sapo, eso de obtener un beneficio personal a cambio de delatar algo de alguien, representa algo de la sociedad de esa época. Para los que no tienen ideología, que no estaban ni de los vencedores ni de los derrotados, entendieron que ahí había una forma de movilidad social. Y eso hace cambiar a este personaje, lo oscurece cada vez más, porque debe ser algo durísimo de vivir en tu consciencia”, dice el director, agregando: “A la película le interesa explorar la condición humana en este momento de crisis. Yo no juzgo al personaje, independiente que obvio que tengo mi posición política”.

Ternicier escribió también el guión de Sapo y compuso la música de la película. “La música la hicimos con Proyecto Casablanca, que es la banda de la que participo, e hicimos desde canciones hasta música incidental. Nos tomamos muy en serio la sonoridad de la película”, dice.

A pesar de ya tener el pergamino de haber triunfado en SANFIC, el realizador no se confía, sobre todo estrenando una cinta nacional en una cartelera donde aún abundan superproducciones de Hollywood. “Obvio que a uno le gustaría que la viera mucha gente, eso no se puede negar, pero lo que vaya a pasar es un misterio. Uno quiere que la película funcione acá en Chile, no sólo en festivales de afuera. Para eso es importante que ocurra lo que tiene que pasar, que es conecte con la gente y ojalá genere un buen boca a boca. La manera más eficiente de promocionar tu película es contar una buena historia”, concluye.

Sobre el autor:

Matías de la Maza |
Periodista de La Tercera.