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Culto
La anarquitectura de Matta-Clark revive en Nueva York

La anarquitectura de Matta-Clark revive en Nueva York

Más de 100 obras, filmes y material de archivo raramente visto del transgresor artista estadounidense -primogénito del pintor surrealista Roberto Matta y fallecido en 1978-, componen esta exposición en el Bronx Museum of the Arts, que luego itinerará a países como Francia y Estonia.

En 1971 realizó Garbage Wall, una obra con la que planteaba una nueva forma de construir viviendas para los indigentes allegados bajo el puente de Brooklyn: en lugar de casas de cartón, proponía hacer paredes sólidas con desperdicios de fabricación industrial -utensilios de cocina, adornos, electrodomésticos y un largo etc-, que fundidos servían como elementos estructurales para una vivienda social más duradera.

Ya por esos años, había creado también Food, un restaurante ubicado en SoHo que funcionaba como una cooperativa de artistas en la que cada día cocinaba alguien distinto y donde, además, se realizaban continuamente performances y reuniones, concibiéndose como una especie de Food Theater. En esas citas, donde participaban grandes personalidades -Laurie Anderson, Tina Girouard y Suzanne Harris, entre otras- fue donde tomó forma, por ejemplo, Clock Tower (1973), performance en la que el artista se subió al reloj de la ciudad y colgado de este, procedió a afeitarse, ducharse y lavarse los dientes.

Gordon Matta-Clark (1943-1978) era así: todo en su obra, desde sus comienzos, reflejaba su profunda preocupación y cuestionamiento por los nuevos modos culturales del sistema capitalista. Hijo del surrealista chileno Roberto Matta y la pintora estadounidense Anne Clark, tuvo una carrera corta -murió de cáncer de páncreas a los 35 años-, pero su obra artística-arquitectónica quedaría fijada como una de las más importantes de la historia del arte posmoderna.

Ahora, una gran retrospectiva -Gordon Matta-Clark: Anarchitect- en el Bronx Museum of the Arts de Nueva York, repasa parte importante de su carrera, tomando como punto de partida precisamente el trabajo realizado en el Bronx. Fue en esta ciudad donde Matta-Clark comenzó a emplear el término “anarquitectura” -que combina las palabras anarquía y arquitectura- para describir sus obras site-specific: intervenciones en edificios (principalmente cortes y agujeros) que le permitieron materializar las ideas sobre el espacio que él intuía desde sus años de estudiante de arquitectura en la Universidad Cornell.

“Por primera vez en Nueva York, esta exposición de Matta-Clark se centra en su compromiso directo con esta ciudad”, explica Jessamyn Fiore, cocuradora de la muestra que se extenderá hasta el 8 de abril. Y agrega: “Su existencia cotidiana no fue un telón de fondo, fue el material en sí mismo con el que trabajó, transformando lo estático y mundano en una experiencia dinámica e incluso vertiginosa”.

Sergio Bessa, director de Programas Curatoriales y Educativos del Bronx Museum, asegura que “en un momento crítico de la historia de la ciudad, Matta-Clark no buscaba soluciones a los problemas de la vida urbana, sino que concientizaba urgentemente y reconsideraba el sistema y las redes que definían y limitaban la forma en que las personas vivían en esta ciudad”.


Obras emblemáticas

Organizada en coordinación con el Matta-Clark Estate, la exposición se compone de más de 100 obras, dos proyecciones fílmicas y material de archivo raramente visto, y se propone resaltar especialmente el diálogo político inherente a las intervenciones del artista.

Notoria es Graffiti Photoglyph, una serie de fotografías en blanco y negro pintadas a mano en modo grafiti por Matta-Clark, prueba de su mirada adelantada para la época: cuando en 1973 comenzó a hacer los registros de trenes y muros neoyorkinos, el grafiti estaba recién en su infancia. Este conjunto de obras, presentadas por primera vez en esta muestra, no sólo tienen valor documental, también es el reflejo de la capacidad visionaria de Matta-Clark y su admiración por una comunidad que recién comenzaba a experimentar con la disciplina pictórica en el espacio público.

Asimismo, dentro de las películas destaca Day’s End (1975), un proyecto en el que Matta-Clark pasó dos meses dentro de un edificio abandonado haciendo ilegalmente cinco grandes incisiones en la pared, piso y techo para dar forma a lo que llamó un “templo del sol y el agua”. No por nada ya para ese año se hacía célebre su frase: “La anarquitectura no busca solucionar problemas”.

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