Culto
Rosa Ramírez, actriz y directora: “Me duele el abuso que ha habido de la imagen de Andrés Pérez”

Rosa Ramírez, actriz y directora: “Me duele el abuso que ha habido de la imagen de Andrés Pérez”

Estrenada en 1988, la obra La Negra Ester marcó el debut del Gran Circo Teatro, y en 2018 cumple 30 años. Quien fue su protagonista, critica la falta de fondos para la compañía y se refiere al Festival Santiago a Mil.

No lo supo sino hasta algunos meses después, pero ese 11 de octubre de 2012, en Mejillones, fue la última vez que Rosa Ramírez salió a escena en los zapatos de la Negra Ester. A los pocos días, recuerda la actriz de 64 años, comenzó a sentir fuertes dolores en su espalda. “Me operé de una hernia que por poco me deja postrada, si hasta pensé que no iba a volver a actuar. Y ahora estoy con otra peor y que me tiene en las mismas”, cuenta en la antigua casona ubicada en el 301 de la calle República, en el centro de Santiago, donde hace ya nueve años opera el Gran Circo Teatro, la compañía fundada en 1988 por el director y ex pareja suya, Andrés Pérez, y que tras su muerte, en 2002, quedó a cargo de ella. “De haber sabido que era mi última función como la Negra, creo que hubiese tenido una reacción distinta, una nostalgia quizás, no sé. No es fácil sacarse de encima a un personaje como ese, al que todos reconocen y quieren, y con el que conviví tanto tiempo”, agrega.

El 2018 será un año de aniversarios, advierte la actriz: no solo el grupo cumplirá tres décadas de vida, sino también esa misma historia de amor porteño inspirada en las décimas autobiográficas de Roberto Parra, y que hoy protagoniza la hija de Rosa Ramírez, Micaela Sandoval.

Estrenada el 9 de diciembre de 1988 en una plaza en Puente Alto, la obra dirigida por Pérez se convirtió en la más vista del teatro chileno en su historia, con más de 6 millones de espectadores en todo el mundo.

“Pensamos que podía ser una buena oportunidad para llevar la obra hasta donde no había llegado, como Arica o Porvenir, y fuimos a conversar con el ministro (Ernesto) Ottone, quien después de mucho hueveo nos recibió y propuso postular al Teatro Itinerante”, cuenta Ramírez. “Yo me negué a concursar y le dije cuáles eran mis razones: primero, a nosotros no nos alcanza con los $ 120 millones de la gira porque somos un lote grande, y también porque pienso que un montaje tan emblemático como La Negra Ester, por el que todos, incluido él, se han llenado la boca durante años, no debería estar sujeto a concursos. Así y todo mandamos el proyecto y recién en noviembre, después de unos cuantos meses, recibimos una carta del Consejo de la Cultura diciendo que no había plata, como siempre. Ni siquiera venía firmada por Ottone, así que aún debe estar tirada por aquí, en alguna parte”.


-¿Cree que aún influye la antigua polémica entre Andrés Pérez y el ministro Ottone, cuando el grupo fue desalojado de Matucana 100 en 2001?

-No tengo idea. No conozco a Ottone, no soy amiga de él ni nunca hemos tocado el tema. Cada vez que hemos hablado lo he hecho como presidenta de la Fundación Andrés Pérez Araya o como un miembro más del Gran Circo Teatro, pero nunca en calidad de ex pareja o amiga del Pérez. Siento que a Ottone le tocó obedecer órdenes y seguir la parafernalia. Por eso sigue ahí, supongo.


Tácticas de supervivencia

Septiembre suele ser el mes del año en que La Negra Ester vuelve a asomarse por la escena local, y sin embargo ya tiene dos funciones agendadas, el 3 y 10 de enero, en las comunas de La Granja y Puente Alto. Será la primera vez en años que el Gran Circo Teatro formará parte del Festival Santiago a Mil, donde alzará la mano con tres obras: además de La Negra… (que ya estuvo en el mismo certamen en 2002, 2003 y 2010), estará con el espectáculo infantil El mundo de Algacira y la puesta en escena de El cerco de Leningrado del dramaturgo español José Sanchis Sinisterra, coprotagonizada por Ramírez y María Elena Ovalle.

“La única razón por la que decidimos ser parte del Santiago a Mil tiene que ver con nuestra propia supervivencia”, contesta la actriz. “Hacía tiempo que con la Carmen (Romero, directora del festival y productora de la primera versión de La Negra Ester) veníamos hablando sobre esto mismo y otras cosas, pero yo creo que todo se zanjó el 11 de mayo pasado -para el Día Nacional del Teatro, instaurado en 2006 en memoria de Andrés Pérez-, cuando ella vino a conocer por primera vez este lugar”, agrega.

Esa tarde llovió. Acababan de desmontar la carpa y estaban todos reunidos a la mesa cuando Carmen Romero apareció entre el tumulto. “A todos les pareció raro que ella estuviera ahí, sobre todo ese día. Recuerdo que hablamos mucho, que le mostré el museo y lo que hacemos aquí, y aunque yo sabía que no tenía en frente a la Pepe Mujica del teatro chileno sino a una de las representantes del monopolio cultural, que como grupo repudiamos, era la única oportunidad de que la gente se enterara de que el Gran Circo Teatro sigue activo”, agrega.

Anunciado como uno de los principales estrenos locales de Santiago a Mil, que arranca este miércoles 3, Andrés Pérez de memoria, la pieza a cargo de María Izquierdo y Angela Acuña, recorrerá la trayectoria del actor y director chileno que formó parte del Théâtre du Soleil dirigido por Ariane Mnouchkine, y quien falleció de Sida el 3 de enero de 2002, a los 50 años. “La verdad es que no quise participar de eso”, asegura Ramírez, mientras observa, a pocos metros, un altar en homenaje a su ex pareja y amigo.

“Me duele el abuso que ha habido de su imagen”, dice de pronto. “Hoy todos quieren hablar de él, de lo talentoso que fue y de su legado, como la María de la Luz Hurtado (investigadora UC), que ha publicado varios libros sobre él. Yo me pregunto: si ella lleva tanto tiempo trabajando ahí, ¿por qué nunca le ofreció pega? Ella y varios sabían que el Pérez a veces andaba con dos chauchas, pero aquí en Chile nunca pudo dar clases. Eso me ofusca. Además, muchos creen que aún somos un apéndice de Andrés Pérez, como si el Partido Socialista aún fuese el de Marx. Pero a pesar del amor que nos tuvimos, éramos bien distintos los dos: a él le gustaba oír y dialogar con su gente, a mí no”, agrega.

Con el hijo que ambos tuvieron, Andrés Pérez Ramírez, nacido en 1973, se preguntan a veces qué sería de él hoy. Qué estaría haciendo. “Quizás ocuparía un alto cargo entre las autoridades culturales o seguiría intentando levantar desde el suelo un espacio de resistencia como este, no lo sé. No soy tan patuda como para aventurarme en eso”, opina la actriz. “Lo que sí sé es que el Pérez nunca fue monedita de oro para nadie, y no creo que deba serlo ahora”, concluye.

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