Culto
Eddie Palmieri: un venerable sabio del jazz y la rumba

Eddie Palmieri: un venerable sabio del jazz y la rumba

El legendario pianista lanzó el disco "Sabiduría/Wisdom", donde persiste en su innovación a partir del jazz latino.

A sus 81 años, en este complejo 2017 que llega a su final, el maestro Eddie Palmieri nos recuerda: es posible. A una edad en que presuntamente se (sobre) vive del recuerdo, es factible hacer música. Y en una época donde la música latina pareciera estar hecha para el éxito comercial inmediato, Palmieri persiste en lo que ha sido su impronta en una trayectoria artística de 50 años: experimentar a partir de la música afrocubana.

Como suele ocurrir con el género salsa-jazz latino, el lanzamiento del último disco de Palmieri, “Sabiduría/Wisdom”, pasó prácticamente desapercibido en Chile. Algo lamentable pues, en palabras del propio músico norteamericano de origen portorriqueño, el álbum tiene el noble objetivo de ser “el mejor disco bailable de jazz latino jamás producido”. Una afirmación soberbia, pero que cuenta con la legitimidad de un músico de referencia para el surgimiento de la salsa en los años 70 –época dorada del género- y reconocido por la industria con 10 grammys a lo largo de su carrera.

El disco abre con “Cuerdas y Tumbao”, donde Palmieri prescinde de los habituales instrumentos de viento para dar protagonismo a un rústico violín a cargo de Alfredo de la Fe, instrumentista invitado y reconocido por sus colaboraciones con gigantes como Tito Puente, Héctor Lavoe y Fania All Stars, entre otros. Le siguen “Wise Bata Blues”, tema que abre con la percusión de tambores batá, instrumentos utilizados en los ritos de santería cubana, credo siempre citado a lo largo de su discografía. El tercer track es el homónimo del disco, “Sabiduría”, composición que da rienda suelta a otro de los géneros que inspiran a Palmieri, el funk, y en la que destaca el bajo eléctrico de Marcus Miller, integrante de las bandas de Miles Davis en los 80 y referencia obligada para los bajistas de jazz.

Así, el disco va transcurriendo por toda la geografía musical a la que Palmieri ha dedicado su vida como el bossa nova “Samba do Sonho”, una reversión ya grabada a fines de los 60 con el vibrafonista Cal Tjader, “The Uprising”, relectura de “La Libertad/Lógico”, uno de sus éxitos salseros, y “Augustine Parish”, probablemente el Palmieri más genuino, golpeteando sus teclas en clave salsera (de hecho, uno de sus apodos es “El Rompeteclas”) con la intensidad de un declarado percusionista frustrado.

Mención aparte amerita “Life”, donde Palmieri, dejando su habitual exasperación interpretativa, abre su intimidad con un honesto solo de piano, acompañado apenas por sus propios sollozos. Un tema dedicado a su esposa recientemente fallecida.


Esa cosa llamada “Salsa Pop”

Con este disco, Eddie Palmieri rompe un silencio discográfico desde el 2006 con su aclamado disco de jazz latino “Listen Here!”. Un género musical que ha servido de refugio para el pianista, luego de haberse inscrito con gloria en la historia de la música latina debido a su talento y constante innovación.

Una experimentación que comenzó con su orquesta La Perfecta a inicios de los 60, donde fue pionero al agregar trombones a su orquesta -de la mano del extinto Barry Rogers-, adelantándose en casi una década a Willie Colón y su agresivo sonido que pretendía recoger el pulso de la inmigración latina en Nueva York.

Así siguió componiendo canciones que, con el paso del tiempo se transformaron en clásicos: “Vámonos pal Monte”, “Oye lo que te conviene”, “Justicia”, “La Malanga”. Todo de la mano de cantantes que forjaron exitosas carreras solistas como Ismael Quintana, Cheo Feliciano, Lalo Rodríguez. Siempre con fusiones entre medio, como el trabajo conjunto con el cantante de Rhythm & Blues Jimmy Norman, cristalizado en el disco de funk y soul “Harlem River Drive” en 1971 -álbum de culto en la discografía de Palmieri, inspirado en su barrio de nacimiento- y un compromiso social que, al año siguiente, lo llevó a grabar un disco en vivo en la cárcel “Sing Sing” de Nueva York.

Por todo lo anterior, se entiende que Palmieri sea un crítico del estado actual de la salsa y que en sus últimas grabaciones haya privilegiado el jazz latino. De hecho, hace algunos años sostuvo que en la salsa actual “no hay tensión y resistencia dentro del arreglo. No hay esa explosión del clímax que había en las composiciones de los años ’60 y 70 y que te ponía a bailar y te excitaba”. “Marc Anthony es un buen cantante de salsa pop (…) no es lo mismo cantar que sonear”, sentenció en otra entrevista sobre una de las figuras actuales de la música latina, descartando de plano cualquier posibilidad de colaboración conjunta y, de pasp, destacando el arte del “soneo” que, en esencia, es la capacidad de los cantantes de salsa de improvisar letras sin perder la musicalidad de la orquesta.

“Este será mi 11º Grammy; a mi edad, la humildad es un signo de debilidad”, dijo hace poco al sitio Bandcamp Daily. Y al escuchar, gozar y bailar su obra, resulta casi imposible contradecirlo.


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