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Juliette Binoche, actriz francesa: “Si uno va a hablar del amor es mejor reírse; lo romántico siempre bordea el ridículo”

Juliette Binoche, actriz francesa: “Si uno va a hablar del amor es mejor reírse; lo romántico siempre bordea el ridículo”

La ganadora del Oscar y la Palma a Mejor actriz en Cannes ha probado los sabores de la comedia al drama y de Kieslowski a Haneke. En Un bello sol interior, que llega el jueves a Chile, agrega un singular color a su registro: una tragicómica mujer sin suerte en el amor.

Es rara la mezcla de ingredientes conceptuales que Juliette Binoche (1964) va ingresando a su receta de comportamiento emocional. A veces
dice que no hay que dejarse llevar por los instintos, pero no puede dejar de confesar que ella acostumbra a ver el amor aún como una adolescente.

Apuesta por los caminos espirituales de las escrituras bíblicas, pero se define como una mujer con los pies en la tierra y contraria a refugiarse en el pasado. Ese choque de ideas y sensaciones en su personalidad es quizás lo que la hace más interesante y tal vez lo que le ha servido para explorar más de 60 personajes en su dilatada carrera fílmica.

Formada a la sombra de las películas de sus compatriotas JeanLuc Godard y Jacques Dolllon de los años 80, Binoche escaló rápidamente en la escena internacional, primero en La insoportable levedad del ser (1988), junto a Daniel Day-Lewis, y luego en Obsesión (1992), que la reunió con Jeremy Irons. Un año más tarde tomó una decisión capital: rechazó estar en Parque jurásico (1993) de Steven Spielberg y optó por Blue (1993) del realizador polaco Krzysztof Kieslowski, por la que ganó la Copa Volpi en Venecia. Dos años después se llevó el Oscar a Mejor actriz secundaria
por El paciente inglés y en 2010 obtuvo la Palma en Cannes por Copia certificada de Abbas Kiarostami.

Siempre dispuesta a entrar a nuevos territorios, Binoche ha sido dirigida por realizadores como Michael Haneke (Código desconocido, Caché) David Cronenberg (Cosmopolis), Olivier Assayas (Clouds of Sils Maria) e incluso estuvo en Chile hace tres años en Los 33, donde interpretó a la pobladora de Copiapó María Segovia. Ahora es dirigida por su compatriota Claire Denis, una de las cineastas más reconocidas de Europa y dueña de un universo propio, con personajes que lidian con un mundo fragmentado y a veces desolado. En su último filme, Un bello sol interior, Binoche es Isabelle, una galerista de arte que cae una y otra vez en las trampas del amor. Sobre los 50 años, Isabelle llora, ríe, baila sola, se lía con un actor que busca sólo sexo y hasta cree sentir deseos por el vendedor de pescados de la esquina.

La película, premiada en el último Cannes con el galardón SACD de la Quincena de Realizadores, se estrena la próxima semana en Chile. Uno de los personajes clave es un vidente que le da algo de esperanza y que es interpretado por Gérard Depardieu. Sobre todo esto habló con Culto en Cannes mientras se reunió junto a un pequeño grupo de periodistas.

-¿Por qué su personaje no conecta con los hombres?

-En realidad creo que sí conecta, pero al mismo tiempo se sale fácilmente de las relaciones que establece. La película empieza cuando está acabando con un banquero algo sádico en las relaciones sexuales. No lo tolera más. Luego se mete con un actor que es pura inestabilidad, ir y venir a ninguna parte. Después está este señor triste y siempre con la misma cara con el que baila en la discoteca, pero ella lo deja, hiriéndolo. Después es ella la que sale mal parada con un hombre que representa la esperanza, pero que lamentablemente no está dispuesto a ir hasta el final de la relación.

-¿Acaso elige mal a los hombres?

-No es una cuestión de elecciones, o del tipo equivocado o la chica buena. Más bien es un asunto de disponibilidad para el amor, del tiempo en que ocurren sus encuentros. Isabelle está tratando de amar, buscando la pareja, pero las cosas no le salen, por demasiado que lo quiera. En definitiva, creo que es muy difícil lograr una relación amorosa ideal. Para que exista un matrimonio coherente, creo que primero debes estar en matrimonio contigo mismo. Una vez que has aprendido a quererte, puedes saber lo que buscaras allá afuera. Las relaciones
ideales son un cuento de hadas. En la realidad, nada es tan así. No es nuevo lo que digo. Todos los sabemos: hay que bajar de la montaña del cuento de hadas, decepcionarte de ese amor falso de película y entrar a la vida real.

-¿Usted se siente en matrimonio consigo misma?

-No es tan fácil practicar lo que digo (risas). Pero creo que no sacas nada con andar por la vida
dispuesta a conquistar a medio mundo: tu voluntad nunca va a reemplazar el amor. Las relaciones en cierta forma no te pertenecen. Lo único que haces es dejar que el amor entre en ti, que pase por tu cuerpo, que vaya a otra parte y que quizás luego se devuelva. Lo respiras. O bailas. ¿Estar “en amor con sí mismo” es la salida a los sufrimientos de las relaciones de pareja? Por supuesto que se puede compartir con la pareja, pero al
final del día siempre estarás sólo contigo mismo. Por eso es hay tantas parejas y matrimonios que llevan 50 o 60 años juntos, pero viven en una mentira. Lo hacen porque es más fácil o conveniente desde el punto de vista material y hasta sicológico, pero sólo se engañan.

-¿Es posible aprender de los desengaños?

Creo que sí. En mi caso sí he progresado emocionalmente tras las desilusiones amorosas. Cualquier
preconcepción, idea o o sensación que no tenga que ver con la auténtica relación no sirve demasiado a la larga. Como actriz me pasa lo mismo: cada vez que pongo mi voluntad en primer lugar, las cosas no funcionan. Para actuar bien debes dejarte llevar por lo que viene de afuera.
¿Por qué cuando su personaje va a ver al vidente pareciera que está al borde de un ataque de risa? ¿No le cree nada? No lo sé realmente. Sólo sé que habían muchas páginas de diálogos y que Claire Denis se demoró un día en filmar toda la escena. A esas alturas efectivamente Isabelle sólo desea confiar en alguien, pero a este vidente definitivamente no le cree. Le pone mil oídos encima, pero no se convence.
En ese momento, que es hacia el final de la película, Isabelle ha pasado por todo y tiene miedo a desnudar sus sentimientos una vez más.

-¿Usted se involucra sentimentalmente como Isabelle?

Sí, yo salto encima. Y la verdad es que no siempre es recomendable. Me gusta confiar en la otra persona al cien por ciento desde el principio, casi como una niña. Lo normal es ir de a poco, día por día, como lo hacen los americanos. Pero yo no soy así (risas).

-¿Le parece curioso protagonizar algo así como la primera “comedia romántica” de Claire Denis?

Creo que si uno va a hablar del amor lo mejor es reírse de las cosas que nos suceden. Es lo más sano. Las situaciones románticas siempre bordean el ridículo, con elementos trágicos o divertidos al mismo tiempo. Muchas veces todo parece una mala broma. Lo mejor es asumir el lado más animal y emocional de uno y dejarlo evolucionar de la misma manera que nuestra mente. Es la perfecta unión de cuerpo y cabeza. Para mí, el desafío más grande en la vida es lograr esa evolución ideal de la mente y el cuerpo. ¿En ese sentido, la exigencia de hacer un desnudo está al mismo nivel que la de un diálogo? Lo que sucede es que desde el momento en que te dedicas a esto firmas un contrato, real o mental, donde te sometes a las exigencias del director. No tengo problemas con mostrar o no mostrar mis manos, no ando pidiendo tomas especiales.

-¿Recurre a algún tipo de literatura o ayuda espiritual para enfrentar los desafíos en la actuación?

Creo que en general la lectura es muy saludable, de la misma manera que el arte. También me ayuda mucho mantener siempre un pie en el presente y vivir el momento. Conozco a mucha gente que malgasta la vida acordándose de los viejos tiempos o esperando a hacer algo en el futuro que nunca llega. Hablando de libros concretos, uno de los que más me ha influido en los últimos años es La respuesta del ángel de Gitta Mallasz, acerca de una sobreviviente del Holocausto. También he aprendido a ver los mitos bíblicos con otros ojos desde que leí a Annick de Souzenelle, una traductora y estudiosa de la Biblia, capaz de reinterpretarla de una manera muy reveladora. Ella se aproxima de una especial forma a la cábala (disciplina de estudio judía dedicada al Antiguo Testamento) y creo que me he leído todos sus libros. También me gusta mucho releer el Dao De Jing, el libro esencial del taoísmo y, por supuesto, releer una y otra vez la Biblia y sus historias.

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