Culto
¿Por qué todos los que ven Coco salen llorando de la sala?

¿Por qué todos los que ven Coco salen llorando de la sala?

La cinta no sólo rescata tradiciones de toda Latinoamérica, también muestra de manera magistral la pelea de un artista frente a la adversidad.

Coco, la última cinta de Pixar estrenada en cines, no ha dejado indiferente ni a la crítica ni a la audiencia, que ha sabido premiarla con una recaudación que se quisieran las películas de mayor presupuesto esta temporada.

Ahora, el comentario más recurrente cuando un amigo, una persona cercana o una crítica busca hacerse cargo de las sensaciones producidas por Coco, tiene que ver con la emotividad. Todos lloran.

 

¿Por qué es esa emoción la que rescatan por delante de todas las otras que produce el film? En Culto buscamos algunas respuestas a esta pregunta y también, por qué no, una nueva excusa para escribir de la que consideramos una de las mejores películas de la temporada.

Porque retrata a las matriarcas de la sociedad latinoamericana

A nadie puede sorprender que esta sea una de las tramas centrales de la película, que se impone el desafío de entregar una versión libre de la cultura mexicana de pueblo. Sin embargo, en tiempos de purismos morales ventilados desde las propias audiencias del cine, que se han ido renovando y poniendo muy exigentes -si no, miren lo que le pasa a Star Wars o DC cuando tratan de innovar en la visión que ofrecen sobre algún objeto cultural-, lo que más se agradece de Coco es que sin miedo, se hace cargo de una historia trágica que se decide a mostrar como una contradicción: el hombre sigue siendo un pilar de la familia, a tal punto que cuando decide perseguir sus sueños, atenta de todas las formas posibles contra lo que quiere y debe cuidar por “designio”. Y es ahí cuando entra a talar una jugada maestra de Lee Unkrich y Adrian Molina: la madre. Nuestra madre. Nuestra abuela. La mujer que toma las riendas de la casa. La abuela que decidió no volver a pedir explicaciones al varón que la abandonó junto a sus hijos y se dedicó a alimentar no sólo a la familia, sino una narrativa que la mantuviera viva y perdurable en el tiempo. El detalle del chalazo, el tono bonachón, comprensivo y aprehensivo a la vez están logrados de manera tal en cada personaje femenino mayor que aparece en Coco, que es inevitable ver a las mujeres que nos recibieron en este mundo para consentirnos con comida, enseñarnos algo o simplemente decirnos qué es lo mejor para cada quien.

Porque cuenta la historia de los niños trabajadores que siguen sus sueños (y la música)

Es cierto que lo han hecho otras películas en el pasado y quizás con mayor profundidad en el punto. Pero Coco lo sugiere con una belleza que perdura hasta que termina por hacerlo. La imagen de un menor de edad ganándose la vida lustrando zapatos podría ser fácil un episodio de El Chavo del 8, cuyo principal atributo es precisamente el de alimentar la idea de un alma común entre los países de Latinoamérica. En Coco conversa la vida de Juan Gabriel con la de Marco Antonio Solís, la épica del sueño americano con el alma sonriente y orgullosa de la música latina y sobre todo, el mundo de los adultos con el de los niños. Sabemos que Pixar es experto en plantear esta dicotomía y encuentro de mundos como el eje central de sus historias, pero en la superficie, Coco es más que una aventura de un héroe trágico. Mucho más. Es un manifiesto sobre qué es ser un niño sin miedo en América Latina, rodeado de dudas, herencias familiares que no tienen que ver precisamente con bienes materiales y más que todo lo anterior, un talento que explotar sin que exista herramienta alguna más que soñarlo para ver si, en una de esas, se vuelve real.

Porque es una gran película musical

Y ya que entramos en el terreno musical, mencionemos que no sólo la ambientación mexicana, que se toma el tiempo de ir de forma mucho más honda que el cliché de Speedy González o los que vemos toda la vida en series tipo Los Simpson, es la base de su historia. Lógicamente en ello la música es clave y está compuesta de manera brillante para hacer sonar al mejor Marco Antonio Solís como el más legendario de todos los cantantes latinos del más allá. También, como es de esperarse, el protagonista cuenta con composiciones a tono y “Recuérdame”, la canción que desata el vendaval de lágrimas apenas suena en un solo acorde, está nominada a los Globos de Oro (junto a la película, que compite como la mejor en la categoría de animación).

Porque no hace una caricatura de lo que somos los latinos

Existe una bella secuencia en Batman v Superman: Dawn of Justice en que Superman rescata a una persona que estaba a punto de morir calcinada en una fábrica durante la celebración del Día de Muertos en México. La imagen sirve -para quienes entendieron la película- como una muestra de la universalización del ícono azuloso de DC, pero también para expresar la reconciliación del nacido en Krypton con la humanidad. Es tal la belleza del cuadro de los mexicanos abrazando a Superman, que casi es imperceptible la alusión religiosa que hacen al catolicismo en la cinta y, por qué no hacerse cargo, a la tradición que esta religión tiene en México. Todo lo anterior puede ser arruinado en aquella película cuando uno se detiene a mirar el generador de caracteres que acompaña la transmisión televisiva en la cocina de la mansión de Lex Luthor por la que Superman se entera de los problemas más allá de las fronteras de Estados Unidos. No sólo el léxico que emplean los meseros de la velada o el mentado error de redacción en la transmisión nos dejan ver que pese a que hay intención de valorar lo latino, no hay la suficiente dedicación. Es un susurro imposible de silenciar. Y por eso esta historia nos sirve para resaltar lo mejor de Coco: no es ni por lo bajo una mirada yankee o sin respeto para las tradiciones latinas. Comprende el Día de Muertos y lo que se permite reinterpretar de él es en función de la historia -ejem, los alebrijes-. Nunca deja de prometer cosas que se encarga de resolver más adelante. Al terminar la película el espectador, en especial el latino, puede salir respirando tranquilo porque Pixar no ha hecho una caricatura de sus costumbres, ha respetado de forma profunda la base de su cultura y mejor aún, podría hacer películas más globales y respetuosas como jamás se han hecho en Hollywood representando su mundo y en algunas ocasiones, honrándolo hasta las lágrimas.  

 

Sobre el autor:

Gabriel Labraña |
Subeditor digital de @latercera.