Culto
Luca Prodan: el héroe imposible del rock latino

Luca Prodan: el héroe imposible del rock latino

Trajo a Latinoamérica el influjo del rock inglés justo cuando Argentina enfrentaba la Guerra de las Malvinas. Era calvo justo en la era en que el pelo largo dominaba la moda. Aquí, las huellas de Luca Prodan a 30 años de su muerte.

Rodrigo “Coti” Aboitiz -miembro de Aparato Raro en los 80 y después parte de La Ley- recuerda que cuando compartió cartel con Sumo en el evento Primer Recital de Integración de Música Rock Chileno Argentina, que se hizo el 21 de febrero de 1987 en la Quinta Vergara, no experimentó devoción ni camaradería, sino que algo mucho más franco: “Nos dieron susto. Nosotros éramos más ingenuos, tomábamos algo de repente, pero no consumíamos drogas, por lo que estábamos a años luz de ellos, que eran un grupo muy under y sarcástico”.

Es muy probable que la mayoría de quienes escucharon o conocieron a Sumo en esos años hayan sido sacudidos por sensaciones similares, salvo una: la indiferencia. La agrupación argentina fue una cría absolutamente única y excluyente en el boom del rock latino ochentero, una suerte de punto aparte encarnado por su líder y vocalista, Luca Prodan.

“Me animo a decir que no hay casos comparables no sólo en el rock argentino, sino en el ámbito internacional, que se puedan asemejar a su agitada vida”, postula Oscar Jalil, autor de una de las más detalladas biografías del músico, Luca Prodan: libertad divino tesoro.



Eduardo “Lalo” Mir, legendaria voz de radio Concierto y cercano al cantante, quien lo conoció en un café bonaerense interpretando composiciones napolitanas (“ese día éramos cinco parroquianos”, puntualiza), adhiere: “Siempre fue un exótico. Mientras gran parte del mundillo del rock estaba en pose, Luca se reía de todo eso, pero no era agresivo, era muy educado y culto, lo que también era muy extraño. Era un verdadero rocker, pero además sensible. Cuando hablaba, te quedabas embobado escuchando”.


Yo tuve la mejor flor

La historia privada de Prodan lo sitúa de inmediato en un casillero atípico. Nacido en 1953 en Roma, su familia no era aristócrata, pero sí personajes con apetito esnob y trotamundos: sus progenitores se conocieron en China, pero los ataques japoneses derivados de la Segunda Guerra Mundial los obligaron a mudarse a Italia.

Su padre, Mario Prodan, un ciudadano turco de ascendencia italiana, era una eminencia en arte chino y poseía un negocio de antigüedades siempre al borde del abismo. Su madre, Cecilia Pollock, nacida en Shanghai e hija de escoceses, quería educar a sus hijos en los mejores colegios, por lo que se instalaron en Escocia y el futuro cantautor fue al Gordonstoun School, donde estudió trompeta y conoció en la banda escolar a otra celebridad de los 80, el Príncipe Carlos.



Pero Luca se aburrió. “En el colegio aprendí que la sociedad quiere que seas una marioneta: cuanto mejor es el colegio, más marioneta vas a salir. O si no, más loco”, recordaba décadas después. Ante ello, decidió en 1971 fugarse sin avisarle a nadie, vagó por Europa, retornó a Roma, trabajó en la calle, vendió artesanía y una vidente le dijo que era la encarnación de Eva Perón, aunque él no sabía quién era.

Jalil sigue: “Desde chico se opuso al mandato familiar y vivió en una permanente huida. Se escapó del colegio, pasó una temporada en la cárcel y hasta fue desertor por negarse a cumplir el servicio militar italiano. Su historia personal determinó sus rasgos atípicos, más allá de haber vivido en Europa, de lo que renegaba un poco, aunque cada vez que podía exhibía su costado intelectual. Andrés Calamaro lo definió como ‘príncipe y mendigo’”.

Mudanza, divino tesoro

Viviendo en Inglaterra a fines de los 70, con un grupo propio (New Clear Heads) y sumergido en la heroína, vino la tragedia que cambiaría su destino: el suicidio de su hermana Claudia, a quien introdujo en las jeringas. Para sacudir sus demonios, y pese a que en Londres tejió amistad con The Police y Mötorhead (tenía fama de portar la mejor marihuana de la ciudad), recordó que un viejo amigo de la escuela, el argentino Timmy Mackern, vivía en Córdoba y trabajaba en el campo. El sitio perfecto para olvidarse del frenesí rockero.

Pero, llegado a Argentina en 1981, conoció a los músicos Germán Daffunchio y Alejandro Sokol, el embrión de Sumo.

Y como otro latigazo del destino, el mismo país al que había escogido como refugio entraba un año después en una guerra contra Inglaterra, el reino que lo había formado, por las Islas Malvinas. “Estar tan vinculado con lo inglés no creo que le haya afectado”, asegura Mario Breuer, productor que grabó el disco Llegando los monos (1986), de Sumo, en torno al influjo post punk, dub y reggae que Prodan trajo desde Gran Bretaña. Luego sigue: “Nunca enarboló ninguna bandera o proclama. Lo suyo era una coloratura de música inglesa en su obra”.



“Siempre fue aceptado e incluso se daba tiempo para bromear con el tema. En un show de 1983 dijo ‘Las Malvinas son italianas. Por eso tengo un colador en la cabeza, porque los italianos van a bombardear con fideos’. Creo que el mayor prejuicio hacia él lo tuvieron los sellos, o sino no se entiende cómo bandas como Soda grabaron sus debuts antes que Sumo”, describe Jalil.

Bajo esa mirada, el intérprete también aportó otra huella al rock latino: tal como los músicos británicos que irrumpieron desde los 70, sus entrevistas se llenaban de citas a escritores, reflexiones existenciales y dardos ponzoñosos contra sus pares.

“La primera vez que lo escuché hablar fue tan terminante que hasta me dio vergüenza haber nacido en este país. ‘El rock argentino es una mierda’, con su tono italiano, oscuro y serio. A Soda los consideraba chiquititos con pelitos peinados y una telaraña de maquilladores y técnicos”, anota Roberto Pettinato, ex Sumo y hoy estrella de TV, en su libro Luca es mío.

Lalo Mir también rememora: “Cuando fueron a Viña, Luca bajó a la conferencia de prensa en el hotel San Martín con un pantalón viejo y se le veía la raya del culo. Un periodista le preguntó qué sabía de Chile y le contestó que en la revista del avión había visto que era un país largo y finito”.

Precisamente en la Quinta Vergara, Prodan mostró esa sensibilidad retraída que marcó sus últimos días. Jorge Barahona, roadie del espectáculo, cuenta: “No ensayaron. Yo estaba detrás del escenario y de pronto se acerca a pedirme una cerveza. Me comentó que no le gustaba la cerveza chilena. Conversamos 30 minutos y me habló mucho de sus acuarios. Se le notaba muy deprimido, con una vida muy tortuosa”.



“En el estudio, siempre estaba algo apartado en un rincón. Vivía en su mundo”, suma Breuer.

“En cada entrevista que dio en 1987, él anunciaba que iba a morir. Su hígado no daba más por el consumo de ginebra. Un mes antes de morir organizó una fiesta de despedida, pero no fue ninguno de los Sumo”, acota Jalil, nuevamente mirando hacia la Ciudad Jardín. En todo el show, Luca tuvo a su lado una botella llena de ginebra. Cuando el recital terminó, se perdió en la noche y sólo apareció al otro día, secundado por dos pescadores con los que había ido mar adentro.

Finalmente, murió de una cirrosis el 22 de diciembre de 1987, tres días antes de la Navidad que el mismo musicalizó en la versión que hizo con Sumo de Noche de paz, aquella en cuya letra repite: “Sueña un sueño imposible/ sueña un sueño imposible”.

Sobre el autor:

Claudio Vergara |
Editor de Espectáculos de La Tercera y periodista especializado en música popular.