Culto
Francisco Casas, artista y escritor chileno: “No pretendo convertirme en la Doris Dana de Pedro Lemebel”

Francisco Casas, artista y escritor chileno: “No pretendo convertirme en la Doris Dana de Pedro Lemebel”

Vive hace cuatro años en Perú, pero semanas atrás estuvo en Chile para el lanzamiento de la reedición de su novela Yo, yegua (2004).

Su mano izquierda sostiene un cigarrillo corriente que se hace eterno. Hace ya cuatro años que el artista y escritor chileno Francisco Casas (1959), ex dupla artística de Pedro Lemebel (1952-2015) en el colectivo Las Yeguas del Apocalipsis, pescó sus pilchas y se fue a vivir a Lima, Perú, al bello distrito de Barranco. “¿Sabes? Nunca me gustó tanto Chile”, dice, echando bocanadas de humo en un café en barrio Lastarria. “Soy un eterno decepcionado de este país, donde hay una casta artística y política que me hizo bullyng durante años. Prefiero vivir en un país donde se me quiera y se me trate bien, y eso nunca lo encontré aquí. Por eso me fui pal’ Perú como una Bernardo O’Higgins cualquiera, a morir en el exilio”, agrega.

Hacía varios meses que no ponía un pie en Chile, cuenta, y en esta fugaz visita por Santiago pudo reencontrarse con viejos amigos suyos, como el galerista Pedro Montes, la poeta y artista Carmen Berenguer, el librero Sergio Parra y la crítica Nelly Richard. Sin embargo, ahora vino, dice de una vez, a presentar la reedición de su novela Yo, yegua, publicada en 2004 por Editorial Planeta y traída nuevamente a librerías por Pequeño Dios Editores.

En casi 200 páginas que cruzan memoria y ficción, Casas recorre sin pelos en la lengua la resistencia cultural en el Chile de fines de los 80, en los descuentos del régimen militar, además de las aventuras nocturnas y borracheras junto a Lemebel en el ya desaparecido bar Jaque Mate, cuna de la escena artística under de la época. “Con el tiempo Yo, yegua desapareció de todas las vitrinas. Creo que ni siquiera es posible encontrarla pirateada en cunetas”, alega.

-Simplemente habrá dejado de reimprimirse o reeditarse tal vez, ¿no?

-Mira, la verdad es que no sé de cuántos ejemplares habrá sido ese primer tiraje, pero incluso en ese tiempo muy pocos dieron con la novela. Casi nadie la encontró. Es más, hubo solo una reseña que en su época hizo Camilo Marks, pero ni una sola otra. Por eso en Chile no existo como escritor. Y no me sorprende, en todo caso, porque las Yeguas siempre fuimos un rumor, un relato cola y pobre del cerro Santa Lucía. No existíamos tampoco.

.Pero hoy las obras de las Yeguas están en varios museos, incluidos el MAC y el Bellas Artes en Chile…

-Sí, pero recién con la gestión de Roberto Farriol, a quien le agradezco muchísimo, el Bellas Artes se hizo de una copia de Las dos Fridas (1989). Antes nunca hubo interés, y eso que fuimos de los primeros chilenos en formar parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York y del Reina Sofía de España. Para qué te voy a dar la lata además con los problemas que tuvimos con el Museo de la Memoria, que solo después de la muerte del Pedro quiso tener obras suyas ahí. Antes nunca aceptaron ni siquiera que él mismo las donara.

-¿A qué cree que se debe eso?

-Yo creo que desde el día en que el Pedro le dio ese beso asqueroso y con lengua y todo a Ricardo Lagos en el Teatro Cariola (1989) que existen secretos político-sexuales que nos tuvieron ocultas por años. Y Pedro murió sin el Premio Nacional de Literatura, ¿no? Imagínate, ya estaba vieja. Qué les costaba.

-¿Por qué se negó a hablar sobre Lemebel después de su muerte?

.Primero, porque la muerte del Pedro me afectó muchísimo, por mucho que yo dijera que no, pero sí me afectó. Fueron 30 años de historia. Por eso, dos días antes de que él muriera (el 23 enero del 2015), tomé un avión sin avisarle a nadie y me vine a verlo a la Fundación López Pérez, donde estaba internado. Me dijo: “Cachita, me voy a morir”. Le contesté que tenía que estar tranquilo: “Suelta, Pedro, suelta”, le dije al oído. Esa fue la última vez que nos vimos. A los pocos días volví a Perú porque no quería ser parte de toda la parafernalia que vino después.

-Ud. podía ausentarse de su funeral, como finalmente hizo, pero ¿porqué negar la cesión de su archivo personal de las Yeguas a un documental biográfico sobre Lemebel que se está filmando ahora?

-¿Te refieres al de la Joanna Reposi?

-Sí.

-Finalmente, yo accedí a pasarle imágenes y registros míos para el documental, pero le dije que no quería aparecer. Yo no pretendo convertirme en la Doris Dana de Pedro Lemebel, no me corresponde a mí ser su viuda. Además, ella (Reposi) fue siempre muy soberbia conmigo mientras Pedro estaba vivo, jamás me llamó entonces. Con Pedro vivo hubiese sido interesante, pero con él muerto, no.

-¿Se siente la sombra de Lemebel en lugar de la otra Yegua?

Por supuesto que no. En Perú soy un artista, vivo de eso. También en México, donde viví 7 años. Es en Chile donde no se me reconoce. Pero me gusta ser ese fantasma que pulula. Que estorba. Que molesta.

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