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Culto
10 grandes diarios de escritores

10 grandes diarios de escritores

Principalmente producido por escritores y artistas, el género ha aportado páginas insustituibles sobre la personalidad, el pensamiento y el proceso de producción de distintas obras y proyectos literarios.

Cuenta Leonidas Morales, en el prólogo de los diarios de Luis Oyarzún, que el diario íntimo se instala entre los géneros de la literatura a contar del siglo XVIII, en Europa, sobre todo con el Romanticismo como paisaje. Estos son algunos de los pilares del género en la literatura moderna, donde la mayoría ha alcanzado el reconocimiento universal.


El oficio de vivir, de Cesare Pavese

El escritor italiano más influyente del siglo pasado fue un ardoso antifacista y fundador de la prestigiosa Einaudi, en donde permaneció como editor hasta su suicidio, en 1950. Sus diarios fueron publicados dos años después de su muerte y contienen lúcidas y desgarradoras reflexiones sobre literatura, historia y, por supuesto, su vida. En abril de 1936 se lee: “No existe la tempestad sufrida locamente y luego la liberación a través de la obra, so pena de suicidio. Tan verdad es, que los artistas que verdaderamente se han matado por sus casos trágicos son de ordinario cantores ligeros, diletantes de sensaciones, que a nada aludieron en sus cancioneros del profundo cáncer que los devoraba. De lo que se aprende que el único modo de salvarse del abismo es mirarlo y medirlo y sondarlo y bajar a él”. Pavese, a quien parecían aburrir los libros de viajes adoraba, una vez pasadas las fiestas, el momento en que los invitados se van y uno —él—, pasa a disfrutar del “refrigerio de estar solo”.


La tentación del fracaso, de Julio Ramón Ribeyro

Tímido, orillero del boom latinoamericano y silencioso, cuando murió en 1994, Julio Ramón Ribeyro no era un escritor invisible. “A mí siempre me ha intrigado esta especie de fervor que noto en un público joven y, más aún, en un público popular”, dijo sentado en un plató de televisión. El escritor peruano escapó en los años 50 para cumplir sus sueños literarios en París. Fue allí donde fue dando forma a un diario personal que lo acompañó hasta conformar uno de los testimonios más intensos y acabados del itinerario vital y creativo de un escritor que regresó enfermo y entregado a una vida hedonista, como quien pisa el acelerador a fondo, consciente de que la muerte está ahí mismo, en la siguiente curva. No siempre fue así. “Era quizá la persona más tímida que he conocido”, recuerda Mario Vargas Llosa, el menos tímido de los escritores peruanos. “El diario —escribe Ribeyro— se convirtió para mí en una necesidad, en una compañía y en un complemento a mi actividad estrictamente literaria. Más aún, pasó a formar parte de mi actividad literaria, tejiéndose entre mi diario y mi obra de ficción una apretada trama de reflejos y reenvíos”.


Diarios (1910-1923), de Franz Kafka

Iniciados en 1910, los diarios del escritor checo siguen ininterrumpidamente hasta poco antes de su muerte. Se trata de una serie de cuadernos que no estaban destinados a la publicación, en donde Kafka volcó algunas de las más hirientes confesiones de la literatura. Hay allí reflexiones sobre su vida y una serie de referencias, personajes y circunstancias biográficas; por cierto, impresiones sobre sus amigos y sobre el sexo, entre otros asuntos. “Kafka es el escritor que más puramente ha expresado el siglo XX y aquel al que, por lo tanto, cabe considerar como su manifestación más esencial”, escribió Canetti, y estos diarios son una buena manera de comprender su angustioso ejercicio de escribir.


Diarios, de Alejandra Pizarnik

La poetisa argentina fue desde muy joven una lectora de diarios de otros escritores, de hecho, su copia de los Diarios de Kafka permanece abundantemente subrayada y visiblemente anotada por ella; fue, por así decirlo, su libro de cabecera, de aparente relectura. Con dieciocho años, casi al comienzo de su diario, se lee: “¡Morir! ¡Claro que no quiero morir! Pero, debo hacerlo. Siento que ya está todo perdido”. Pizarnik coqueteó con el suicidio desde muy temprano y lo consumó a los treinta y seis años. En estos diarios fue que completó el trasvasije de sus complejos, sus amores y también de su mejor literatura: “La verdad: trabajar para vivir es más idiota aún que vivir. Me pregunto quién inventó la expresión ‘ganarse la vida’ como sinónimo de ‘trabajar’. En dónde está ese idiota”.


Diarios (1847-1894), de Lev Tolstói

Según su traductora, Selma Ancira: “El conde Lev Nikoláievich Tolstói era del todo impredecible. Un día se encontraba en medio de una batalla en Crimea y al siguiente aparecía segando el heno con los campesinos. Otro día nos enterábamos de que estaba aprendiendo el oficio de zapatero y días más tarde de que estaba estudiando griego clásico para leer a Homero. Había momentos en los que nos sorprendía con el minucioso examen de conciencia al que se sometía, mientras en otros lo veíamos perder su hacienda por deudas de juego. Era una personalidad llena de contradicciones, desmesurada y seductora, cuya vida había quedado registrada en un diario». Un diario escrito con una mezcla de la rudeza rural y el desdén aristocrático, que devela la lucha que mantuvo consigo mismo y su entorno en la búsqueda incesante de su plenitud como hombre y, por supuesto, como escritor.


La conciencia uncida a la carne, diarios de madurez 1964-1980, de Susan Sontag

El segundo volumen de los diarios de la ensayista estadounidense, registra los mecanismos internos, emocionales e intelectuales de una mente incisiva y analítica. Es la evolución de la autora a través del mundo artístico e intelectual de Nueva York, donde se convirtió en una influyente crítica mundialmente reconocida con la publicación de Contra la interpretación en 1966. El libro repasa los turbulentos años sesenta, cuando viaja a Hanoi en el punto álgido de la guerra de Vietnam y a Suecia para rodar películas, hasta los ochenta y el inicio de la era Reagan: “La mano derecha = la mano agresiva, la mano que masturba. Por ello, ¡preferir la mano izquierda!… ¡para idealizarla, para volverla sentimental!”.


Diarios 1925-1930, de Virginia Woolf

Día a día, la escritora británica registraba sus lecturas, sus empeños y las franjas más inaprensibles de su intimidad. Están ahí las impresiones que le causaron otros escritores o su amor por Vita Sackville.West y el de Ethel Smith por ella. Ese es el mérito de estos diarios, cuando Woolf quiere lograr una forma fluida y abierta que contenga la vida sin falsificarla: “El amor es una ilusión, una historia que una construye en su mente, consciente todo el tiempo de que no es verdad, y por eso pone cuidado en no destruir la ilusión”.


Diarios, de Fernando Pessoa

El escritor portugués narra en estas páginas su recurrente sensación de aislamiento frente a familia, amigos y mujeres. Están los retazos de sus comienzos como periodista, como poeta, y también como traductor; de su método de trabajo literario y su apreciación sobre ciertos autores; también se cuelan sus estrecheces materiales, su formación humanística, filosófica y literaria; así como sus intenciones vitales. Siempre desde textos a veces casi aforísticos: “Si no hay en cada uno de mis versos un acento de eternidad, habré malgastado el tiempo de los dioses en mí”.


Diario íntimo, de Luis Oyarzún

El profesor chileno comienza su diario hacia fines de la década del 30 y no lo interrumpe sino hasta un día antes de morir en 1972. Oyarzún fue Decano por tres períodos (en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile). “Pero, ¿cuándo haría clases?”, se pregunta Leonidas Morales en el prólogo, “porque las anotaciones de su diario no son, para fortuna del lector, las de un académico sedentario, preso en la parcela de su saber, que acepta la aridez de una disciplina de trabajo continuado como condición por la que pasa la expectativa de conquistas intelectuales superiores. Son en cambio las de un hombre que pareciera habitado por demonios (o ángeles) que maquinan sin cesar la compulsión de los desplazamientos, la avidez por los imprevistos estímulos del mundo circundante”. Las regiones geográficas y culturales por las que transita (a pie, a caballo, en tren, automóvil, barco, avión), sumadas, casi coinciden con la extensión del planeta: Chile minuciosamente (incluyendo la isla de Pascua), América Latina, Estados Unidos, Europa, Asia, parte de África. De ahí precisamente uno ele los rasgos singulares de su diario: es el registro íntimo de un viajero. No por nada, en diciembre de 1952, Oyarzún anota: “No podré salvarme, pienso, si no lo veo todo, si no veo bien lo que tengo frente a mí”.


Los diarios de Emilio Renzi: años de formación, de Ricardo Piglia

Emilio Renzi es un escritor y álter ego del argentino Ricardo Piglia, que aparece y reaparece en sus novelas, en ocasiones fugazmente, en otras con mayor protagonismo. ¿De dónde viene? De un anagrama, acaso un juego de espejos que arranca del nombre completo del autor: Ricardo Emilio Piglia Renzi. El también crítico literario dio un paso más allá con la aparición de sus diarios (que publica Piglia y firma Renzi). Escritos entre 1957 y 2015, el proyecto de los diarios de Piglia abarca tres volúmenes: Años de formación, Los años felices y Un día en la vida, a los que se incorporan también algunos relatos y ensayos directamente vinculados con ellos. En este primer acercamiento, Piglia rebobina hasta el momento en que deviene en escritor: “¿Cómo se convierte alguien en escritor —o es convertido en escritor—? No es una vocación, a quién se le ocurre, no es una decisión tampoco, se parece más bien a una manía, un hábito, una adicción, si uno deja de hacerlo se siente peor, pero tener que hacerlo es ridículo…”

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