Culto

The Crown: la nación va primero

El primer capítulo de The Crown -estrenada en 2016 por Netflix- comenzó con el acuerdo de matrimonio de la entonces princesa de York, Elizabeth Windsor, y Phillipe Mountbatten, príncipe de Grecia y Dinamarca.

La corona no le correspondía. A su padre -el Rey George VI- tampoco. Su tío, el Rey Eduardo VIII abdicó del cargo para poder casarse con la estadounidense Wallis Simpson, una mujer divorciada dos veces que jamás sería aceptada como reina por los británicos.

La familia nuclear de Elizabeth asumió una vida a la que no estaba destinada, renunciando para siempre a su privacidad y a la posibilidad de tener una vida “normal”. Y fueron las responsabilidades como monarca de Reino Unido, la Commonwealth y la India, los que poco a poco resquebrajaron su matrimonio con quien, en principio, dijo comprender a qué estaba renunciando.



Nacido como Príncipe de Grecia y Dinamarca, Phillipe abandonó sus privilegios como tal, cambió su apellido y poco a poco se fue dando cuenta del significado de ser consorte de la Reina. Siempre estaría un paso tras su esposa.


Si bien la primera temporada dio un rol protagónico a la dinámica de pareja, y a cómo la joven reina asumía el peso político y social de una corona -en rigor- ajena; esto no se repite en este segundo ciclo que se la juega con una narrativa diferente y la incursión en temas que difieren de su relación de pareja.

Sí, la crisis matrimonial es uno de los pilares que sustentan los nuevos episodios que abarcan el período comprendido entre 1956 y 1963, pero también da cuenta de la evolución política y diplomática de Elizabeth, quien debe sortear estrategias para sucesos como la crisis del Canal de Suez, la fallida invasión a Egipto y escándalos familiares que atentaron contra el desmoronamiento de la familia real.



Quizás uno de los diálogos que mejor refleja la determinación de Elizabeth -y el talento de la actriz Claire Foy- es aquel en que habla con su Primer Ministro, y le dice que durante su gobierno ha visto pasar tres primeros ministros, dos de los cuales no tuvieron la salud necesaria, y uno fue demasiado débil para su cargo. Entre líneas, casi se puede escuchar la frase “pero solo hubo una Reina”.

Uno de los sucesos más fuertes que debió sortear la monarca fue el reencuentro con su tío en medio de la publicación inminente de archivos que vinculaban a la familia real con Adolf Hitler. El principal responsable: el Rey que abdicó y abandonó su deber con su nación, para casarse con una mujer divorciada.

La princesa Margaret, aún sufriente por su relación frustrada con el Capitán Peter Wooldridge Townsend, comienza un romance con el fotógrafo Antony Armstrong Jones; otro vínculo cargado de polémica y -lamentablemente- infelicidad para la princesa que siempre se sintió opacada por su hermana mayor.



Lo que acontecía al otro lado del Atlántico no quedó fuera. La visita de una de las parejas más famosas del mundo al palacio de Buckingham, tuvo un efecto político que traspasó lo anecdótico.

El presidente de Estados Unidos John F. Kennedy y -sobretodo- su carismática esposa Jackie, despertaron en Elizabeth sentimientos de curiosidad y resentimiento por la reacción de quienes interactuaban con la primera dama. Si bien  se mostró educada y cordial ante la monarca, recibió comentarios poco gratos por parte de la señora Kennedy, los cuales lógicamente le desagradaron, pero causaron un efecto positivo respecto a cómo proceder en un conflicto con una de sus colonias.

La ficción de Netflix da cuenta que el matrimonio casi hollywoodense que mostraban los Kennedy no era así, sino que tenían problemas incluso mayores que Elizabeth y Phillipe, enfrentando incluso la muerte.



El matrimonio ya nos presentó al Príncipe Charles y la Princesa Ana en la primera temporada, los primeros de cuatro hijos, y en esta entrega se le da un sutil protagonismo al heredero del trono con un episodio dedicado a su ingreso al colegio y la relación con su padre.

Acostumbrado a las comodidades del palacio y el trato siempre gentil por parte de todos quienes lo rodeaban, el ingreso a un colegio en el que era igual a sus compañeros fue para él un “infierno en la tierra”, y el apoyo de su padre -empecinado en que asistiera a esa escuela- no estuvo presente. Phillipe estaba seguro que si él pudo sobrevivir a ese lugar, su hijo también lo haría.



El mundo evoluciona constantemente, y el reinado de Elizabeth II, que este 2017 cumplió  65 años, fue fiel reflejo de aquello.

Una dura crítica a su desplante y a su desempeño como comunicadora, gatillaron la instauración de cambios en los protocolos y la modernización de ciertas costumbres. Si bien Elizabeth Windsor conserva su nombre de nacimiento, dejó de ser “solo Elizabeth” desde el momento en que la corona se posó en su cabeza.

Ella lo tiene claro de tal manera que su propia felicidad es lo que menos importa en su extensa lista de deberes con la nación.



La segunda temporada de The Crown consta de diez episodios y estarán disponibles en Netflix a partir del 8 de diciembre.