Culto

Erasure trae a Santiago su disco más reflexivo

Vince Clarke, uno de los fundadores de Depeche Mode, el hombre que dio forma al sonido discotequero para las masas a principios de los 80, el cerebro de Erasure, ese grupo ineludible en toda pista de baile rendida al pop anglo, estaba deprimido. ¿Qué le había pasado a Vince? Simplemente abrió el diario.

“Hay tantas cosas pasando en el mundo ahora, por lo que queríamos que parte del ambiente político se colara un poco en las letras, que es algo que nunca habíamos hecho antes”, explicó el músico en junio a La Tercera, como una manera de contextualizar el nuevo álbum del dúo que completa el cantante Andy Bell, World be gone. Ahora la idea no era sólo saltar y sudar, sino que también pensar.

Con ese renovado patrón en la genética de Erasure, quizás propio de hombres que hoy enfilan hacia los 60 años, el conjunto retornará al país con un espectáculo fijado para el jueves 3 de mayo de 2018 en un recinto a definir. Será su tercera visita a la capital, luego de su debut en el Court Central del Estadio Nacional en 1997 y su paso por Espacio Riesco mucho tiempo después, en 2011.

Pero los seguidores más obstinados saben que Bell también ha viajado hacia el sur con otras encarnaciones: mientras en 2012 grabó un video de un single en solitario en el observatorio Paranal, tres años después cantó también sin compañía a su lado en la discoteca Blondie.

Pero lo de ahora vuelve a ser de a dos. Con menciones al Brexit, Donald Trump y la crisis de refugiados, su última producción les sirvió para despertar de un par de tropezones -como el disco Union Street, de 2006, un insólito ejercicio de country y sensibilidad acústica- y para salir de gira con un nombre mayor, Robbie Williams, con quien ofrecieron 37 espectáculos en toda Europa.

Además, ahí -en el tour bautizado The Heavy Entertainment- desenfundaron el listado de composiciones que por estos días ofertan en vivo. Un trayecto por casi toda su historia, que sólo sobrevuela de modo muy general su entrega más reciente y que se focaliza en esos hits que treparon a velocidad letal por la FM de los 80 y los 90, como Chorus, Love to hate you, Sometimes y Stop!

Una fiesta garantizada, porque eso es finalmente lo que persiguen los ingleses: encender la juerga cuando el planeta parece caerse a pedazos.

“Queríamos reflejar eso, pero tampoco queríamos que fuera un disco pesimista. Creo que dejamos ver que hay luz al final del túnel”, puntualiza Clarke en la misma conversación, citando como ejemplo una de las líricas más ilustrativas de su último lanzamiento: la canción Oh what a world, donde alega que “no me gusta en lo que nos hemos convertido/nos hemos convertido en obsesivos”, para luego rematar en una frase que sabe repetida, pero que bajo el control de Erasure sólo asoma como una estimulación al desmadre: “Para el mundo/ que yo me quiero bajar”.

Los precios de las entradas para su próximo aterrizaje se difundirán en los próximos días, junto a las coordenadas definitivas de su próximo recital en el país.