*

Culto
El candor provinciano del festival de Viña

El candor provinciano del festival de Viña

Es la única de nuestras fiestas que se conoce en el extranjero y que a pesar de las luces y las estrellas mundiales, aún contiene rasgos de provincia.

Estamos los mismos de siempre un poco apretujados en el hall a la entrada del hotel O’Higgins. Nos conocemos. Año a año peregrinamos al festival de Viña y por seis noches acumulamos cansancio y poco sueño, muchos prometiendo nunca más volver para romper siempre la palabra. Figura la prensa de Santiago que ha venido hasta el lanzamiento de la versión 59 del Festival de Viña y los medios del Gran Valparaíso. Si antes dominaban las radios, ahora hay sitios web. Lo que nunca cambia son los “rifleros” —gente que ejerce el periodismo sin haber estudiado—, pero luego me entero que ya no se les dice así sino el elegante y eufemístico “comunicadores”.

Abren las puertas y la masa de reporteros ingresa con paso de ganado hasta el sector de la piscina del hotel donde las reinas del festival se dan el chapuzón. Las bandejas de cóctel, refrescos y champán están servidas —la prensa siempre tiene hambre y sed—, el escenario dispuesto. Aparece la alcaldesa Virginia Reginato y empieza a hablar del próximo festival.

Tiene cancha con las cámaras. Los años de matinales y entrevistas le han dado timing y jerga. Ya no es la concejala que hablaba absolutamente despistada sobre las novedades del festival hace 15 años, pasando siempre el avisito de traer a Roberto Carlos por favor.

Por la pantalla gigante y a volumen asesino comienza un video producido por Chilevisión con la edil recordando el festival en sus inicios. La gente llevaba sillas plegables de color celeste, cuenta, para disfrutar el show en la quinta aunque, por supuesto, ella lo veía desde el cerro con la gallada. Corre otro video donde especialistas musicales repasan el festival y dicen más o menos que con Chilevisión hubo un salto. No es casualidad. Es el último año de la estación Turner. Se sabe que hay intenciones de postular nuevamente y no la tendrán fácil porque Mega, el canal líder desde 2014, haría el gallito tras rumiar que las transmisiones del Mundial de Rusia no serán lo mismo con La Roja fuera.



Se anuncia que una familia de la zona ha ganado un premio por enviar una foto donde posan junto a una gaviota de oro hechiza con cartulina. Ya están Rafael Araneda y Carolina de Moras en el escenario, que pasen los ganadores. Detalle: llevan la gaviota con aspecto de escenografía de acto escolar. Les dan un cheque gigante, sonrisas, fotos, aplausos y afuera. Sigue la elección del jurado del pueblo. Para su presentación aparece el periodista Andrés Caniulef con su voz engolada y una chaqueta de color imposible, que si se cae al mar en medio de una tormenta, de seguro lo encuentran. Corre video. Aparece una mujer de mediana edad en un escritorio con el pelo recogido en un apretadísimo moño. Pamela Pacheco, directora de la escuela Los Trigales de Temuco, explica carismática que le encanta cantar, tiene buen oído y que puede ser un aporte para elegir la canción ganadora de Viña. Siguen las imágenes en plan docu-reality, se ve a la docente hablando con sus alumnos hasta que aparece Caniulef y su compañera en el backstage del festival Carolina Mestrovic, para anunciar que la directora será la jurado del pueblo. Los niños estallan en gritos. Stop. Pamela Pacheco figura ahora en el escenario con el mismo peinado. Coge el micrófono, da las gracias y canta una de Roberto Carlos. Cae parada.

Más videos. Los especialistas analizan la parrilla dominada ampliamente por artistas de música urbana, el eufemismo para no decir reggaetón. Cero mención al número anglo y el artista chileno emergente pendientes. Luego desfilan imágenes de los intérpretes en competencia. De la categoría internacional y como si fuera una secuencia de Black Mirror, aparecen estadísticas de cada cantante en RRSS.

La presentación se alarga y los periodistas, camarógrafos y fotógrafos se acercan discretamente en dirección al cóctel devorando tapaditos, ceviches, repostería, tablas de queso y sushi como una ola de tsunami arrasando con todo a su paso.

A continuación, los humoristas. A un costado del escenario se ve a Bombo Fica vestido de blanco como siempre. Una colega comenta que es un plomazo pero obviamente ahora todo es risas. Entrevistado por Rafa, Bombo lanza un chiste sobre Fulvio Rossi y después remata con su “sospechosa la hueá”. Carcajadas. No pasa lo mismo con los restantes humoristas incluyendo Alison Mandel, Jenny Cavallo y Sergio Freire. Los periodistas, malvados, hacemos apuestas sobre quién será devorado por el Monstruo. No aparecen Stefan Kramer ni la colombiana Alejandra Azcárate.

Los animadores y la alcaldesa insisten en cuanto ha cambiado el festival de Viña estos ocho años con Chilevisión. Innegable. Hoy el certamen tiene una audiencia de 150 millones de personas en el mundo y su montaje ha crecido espectacularmente. Sting cantó con orquesta sinfónica y Morrissey se paró en medio de la quinta a torso desnudo.

En unas imágenes aparece un chileno en Times Square residente en Nueva York y cuenta que no ha perdido el rito de ver el festival. Nosotros miramos a ese tipo emocionado a miles de kilómetros desde la costa en “la mejor ciudad de Chile para vivir”, como repite Virginia Reginato. Somos esa misma manada que año a año se reúne para esta cita singular: es la única de nuestras fiestas que se conoce en el extranjero y que a pesar de las luces y las estrellas mundiales, aún contiene rasgos de provincia.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras