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Culto
Mónica Bengoa: la fotografía transformada

Mónica Bengoa: la fotografía transformada

Basada en imágenes cotidianas, la artista chilena construye grandes murales en materiales como fieltro, papel de servilleta o lana natural. Una retrospectiva repasa a partir de hoy sus 25 años de trayectoria en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Antes de realizar grandes murales de fieltro o, incluso, en delgadas servilletas pintadas cuidadosamente con lápices de madera -“las mismas que dan en las fuentes de soda que no limpian nada”, dice la artista-, Mónica Bengoa (1969) se dedicó un buen tiempo a la fotografía análoga. Su interés comenzó en 1992, capturando lo que llamó “accidentes geográficos” de su propio cuerpo y de otros, hasta que poco a poco fue derivando al registro de situaciones cotidianas. Esas poco memorables -el patio de su casa, la pieza de su hijo, un estante con libros-, que nadie fotografía, menos análogamente, por la escasa importancia que parecieran tener.

La pregunta que siguió entonces fue cómo seguir trabajando la fotografía desde distintos procedimientos manuales, dando cuenta, esta vez, de aquello que pasa comúnmente inadvertido a través de otros materiales lejos del papel fotográfico. La respuesta vino en 2001 con el trabajo Sobrevigilancia, expuesto en galería Animal: un inmenso mural compuesto por 9.160 flores naturales de cardos y teñidas en tonalidades verdes, donde reproducía la imagen ampliada de un lavamanos de su casa.

El ejercicio, nada simple, marcó el inicio de una investigación visual que ya lleva más de 15 años en curso. En este tiempo ha trabajado, por ejemplo, superponiendo varias capas de fieltro calado para dar forma a la imagen de un libro de botánica en gran formato; o pintado a mano más de 2.100 servilletas que, juntas y miradas a distancia, conforman la gran imagen de una habitación de niño.

El trabajo, que le ha valido dos veces ser la acreedora de la beca Pollock-Krasner Foundation de Nueva York, es de una metodología lenta. Cuenta que toma meses, y para eso a veces se vale de asistentes, pero logra su objetivo: “Observada de lejos cualquier espectador logra ver una imagen o presiente, al menos, que algo hubo ahí. Percibe que eso sigue siendo una fotografía, aun cuando no esté presentada como tal”, explica la artista.

Ahora, con más de 20 exposiciones individuales y colectivas en países como Estados Unidos, España, Francia y Corea del Sur, Bengoa conmemora estos 25 años de trabajo con la muestra Tentativas de inventario, una retrospectiva que reúne en el primer piso sur del Museo Bellas Artes, las obras más importantes de su trayectoria y otras nunca antes exhibidas en Chile. Es el caso de Still Life / Style Leaf, expuesta en la feria Arco Madrid de 2014, donde instaló cuatro piezas -y 6.353 letras- de fieltro natural calado a mano, que representan textos del libro Lo infraordinario del escritor francés Georges Perec (1936-1982), uno de los principales referentes en su obra.

La pieza, cuenta, es especialmente importante por dos razones: marcó el inicio de una nueva etapa creativa dedicada a la incorporación de la literatura -la figura del libro, la palabra- en su obra, y es una de las primeras veces que hace referencia directa a Perec. “Él ha sido muy importante en mi trabajo, no solo porque ha escrito cosas que tienen que ver con lo cotidiano y sus situaciones infraordinarias, como las llama, sino también por su metodología de trabajo: básicamente se ha dedicado a inventar trabas de procedimiento para realizar sus investigaciones”, cuenta la artista. Y añade: “Me parece que la creatividad surge precisamente cuando te pones problemas como construir en otro material una fotografía”.

Actualmente la artista también es parte de la exposición colectiva Territorios alternos, inaugurada esta semana en la galería de la Universidad Católica de Temuco. Ahí presenta la instalación Ejercicio de ceguera y sordera, una foto y un gran lienzo tejido en lana, una nueva materialidad con la que trabaja hace poco.

“Lo que me interesa de ocupar materiales más ordinarios, tiene que ver con distanciarme de la idea de que el artista tiene algo así como un talento superior y ocupa solo elementos como lino u óleo importado”, explica. “Me parece que cuando el espectador se da cuenta de la utilización de cosas comunes, se pueden establecer otras lecturas. Otras puertas más accesibles al público”, concluye.

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