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Culto
Lo que piensan los críticos musicales

Lo que piensan los críticos musicales

Invitados por Culto, un grupo de críticos musicales comenta la importancia de los conciertos en el Estadio Nacional que significaron el regreso de Los Prisioneros en 2001.

Marcelo Contreras, crítico musical de La Tercera

“El regreso de Los Prisioneros con su alineación original es incomparable en la historiografía musical chilena. No hay un antes ni un después, sino simplemente un episodio irrepetible por varios motivos. No requirió promoción particular y llenó dos días el mayor recinto del país, y terminó siendo un hito generacional porque muchos padres llevaron a sus hijos a ver ese grupo con el que habían crecido como banda sonora, pero sin haberlos visto jamás. Estuve en ambas jornadas. Personalmente atesoro más el segundo concierto. El grupo se notaba más relajado en todo sentido. Tiempo más tarde se dio la casualidad de que encontré a Jorge González en el matrimonio de Beto Cuevas (yo reporteando, claro), y le pregunté cuál noche le había gustado más. No dudó un segundo en decir que la segunda”.


Claudio Vergara, sub-editor de Entretención de La Tercera

“Lo ubico como uno de los hitos de mayor relevancia en la historia del rock local. Primero, porque Los Prisioneros merecían un reencuentro masivo con el público chileno, en un recinto emblemático y ante una convocatoria multitudinaria. Tras ser vetados del Festival de Viña en sus días de mayor fama en los 80, y luego que los militares decidieran prohibir algunos recintos amarrados para su tour nacional de 1988, el abrazo con la audiencia chilena que tanto los idolatró se había convertido en una deuda, en un pendiente que la historia no había podido concretar (sobre todo en condiciones óptimas, tal como se recibía a sus colegas argentinos). Por esos, tales shows no sólo fueron un hito, sino que también una necesidad. Fueron esenciales también para toda una generación que nunca pudo verlos en vivo y que, en rigor, nunca pudo disfrutar al trío original, conformándose en los 90 con la versión mutilada donde prácticamente González funcionaba como un solista con una banda de acompañamiento. Y más allá de los propios Prisioneros, que un grupo, de cualquier índole o latitud, replete dos veces el Estadio Nacional -y ellos sin mayor publicidad ni campañas previas- es todo un mérito. No lo hizo ni U2, ni Guns N’ Roses, ni McCartney, Madonna lo logró a medias y Soda Stereo sólo lo materializó con dos recitales separados por una semana de diferencia. Pero pocas veces un grupo de músicos había conseguido llenar el Nacional con tanta facilidad, elocuencia y justicia. Mérito absoluto de Los Prisioneros en lo mejor que trajo esta turbulenta segunda parte y final de su historia”.


Marisol García, periodista musical de Qué Pasa

“El que estén ya instalados como parte natural de la biografía de la banda puede hacer olvidar que este par de conciertos fue algo por completo excepcional. Fue inesperado su anuncio, atípica su promoción (una conferencia de prensa y nada más; ni afiches ni entrevistas ni avisos) y una marca histórica su doble convocatoria. Que Los Prisioneros pueden llenar dos o diez veces el Estadio Nacional nos suena ahora a una marca esperable, pero jamás hubiese estado en el marco de aspiraciones concretas para la banda en los años ochenta, y hoy también parece una rareza aunque sólo sea por la cohesión entre los tres músicos durante los shows, como en un paréntesis entre extendidas distancias. Creo que la narrativa de la música popular de un país necesita también de hitos, de marcas reconocibles, de contundentes gustos a la audiencia, por encima de calificativos e incluso de protagonistas: ésta es una de ellas”.


Andrés Panes, crítico musical de Rockaxis y Paniko.cl

“Los Tres se habían disuelto el 2000. Una reunión de Los Prisioneros era lo más grande que podía pasar dentro del rock chileno. Y pasó. Fue justo antes de que Internet penetrara cada rincón, así que la capacidad de asombro era mucho mayor. Supongo que, si Los Prisioneros volvieran mañana, serían trending topic por una tarde, y al otro día todos andarían pendientes del próximo tema de conversación. Pero las cosas no eran así en el 2001, así que, dentro de una gran línea de tiempo, anotaría el retorno de Los Prisioneros y sus conciertos en el Nacional como uno de los últimos hitos mega masivos del rock chileno. Eran asunto de interés nacional a niveles beatlemaníacos que no he vuelto a ver desde entonces. No están las condiciones para que se repita algo así”.


Andrés del Real, periodista de Entretención de La Tercera

“Me cuesta dejar fuera lo personal al recordar ese concierto. Soy de esa generación que no alcanzó a vivir con lucidez la época dorada del grupo, así que lo del 2001 fue la primera y única vez que vi en vivo al trío. Sin duda, lo de esas dos noches fue un momento histórico, más allá del hito numérico para un grupo nacional (70 mil personas por noche). Creo que fue la última oportunidad de ver a González, Narea y Tapia conectados arriba del escenario en un contexto masivo, en comunión total con un público de todas las edades que llegó a celebrar sus propias historias personales con esas canciones. Algo que ni en Viña 2003 se vivió igual. Poco importaron los ripios técnicos y la histórica falta de contundencia en directo del grupo: no dejaron fuera ninguno de sus grandes clásicos en un show de larga duración, que tuvo entre sus otros aciertos incluir temas menos conocidos como ‘Mal de Parkinson’ y ‘Generación de mierda’”.


Alfredo Lewin, director de Rockaxis y conductor de radio Sonar FM

“Son parte de la cultura nacional, se convirtieron en la banda chilena más importante del rock de los ’80 y su vuelta en el 2001 fue el momento más feliz para muchos de sus fanáticos. Dos conciertos históricos en el Estadio Nacional son hitos dentro de la conciencia colectiva de otra época, que los escuchó como la única voz que reconocía en sus canciones los problemas reales de la sociedad chilena en tiempos duros de dictadura militar y estrechez cultural. Eran otros tiempos, está claro, pero lo logrado por Los Prisioneros con ese discurso social, amenizado con ritmos rockabilly bailables, no pudo ser olvidado por esa generación, ni ninguna que venga. Tuve la oportunidad —con MTV Rocks— de ser el único periodista que cubrió en camarines la previa a aquel primer show del 30 de noviembre y recuerdo que Jorge, en su ácido e irónico estilo, acompañado de Claudio y Miguel, declaró que el tocar en el Estadio Nacional era lo menos rock&rollero que había… porque el rock como tal ya estaba muerto hace mucho tiempo”.


Sergio Fortuño, director de Radio Zero

“Creo que fue el evento en vivo más grande y significativo de la historia del rock chileno. Como que se saldaba una tremenda deuda. Los Prisioneros finalmente tocaban en el marco en que deberían haber tenido durante los años de su apogeo, cosa que por fin posibilitaban las condiciones económicas, técnicas y políticas del país. Esos tres factores solían torpedear que el grupo tuviera shows a la altura de su popularidad e impacto en los años ochenta. Me encantó que fueran conciertos (fui a los dos) sobrios, sin publicidad en el escenario, sin la presencia de músicos extra, solo los tres integrantes originales en una entrega directa y honesta. Fue emocionante además porque, obviamente, todo el Estadio Nacional, se sabía las canciones. Recuerdo además la luna llena en el cielo, que el mismo Jorge González apuntó mientras cantaba ‘Sudamerican Rockers’. Sin ninguna vergüenza”.


Mauricio Jürgensen, periodista musical de La Tercera y locutor de Radio Cooperativa

“La primera importancia es simbólica: fue el ajuste de cuentas con la historia. Lo de llenar el Nacional con la banda más popular del rock chileno, cosa que nunca hicieron en su primera época activa. Lo segundo era el ‘mínimo exigible’ a un grupo chileno de esa importancia: que lograra llenar el mayor recinto del país como hasta ese momento sólo lo habían hecho números extranjeros u otros eventos masivos con más artistas. Otro triunfo relevante fue la forma en que lo lograron. De manera independiente, digamos, sin el ‘apoyo’ de una productora grande, que recuerdo por los reportes de esa época les ofrecieron todo para poder quedarse con el show. Pero lo más relevante, sin duda, tuvo que ver con lo emotivo. Yo recuerdo pocos shows en el Nacional con ese nivel de fervor. De genuino fervor popular. Fue un concierto memorable, en el sentido literal del término: que se queda en la memoria para siempre. Un show donde además triunfaron solo con sus canciones. Sin parafernalia ni otros elementos que comúnmente intentan ‘llenar’ el amplio espacio del Nacional. Cuando hay repertorio, como en el caso de Los Prisioneros, lo demás no es necesario”.

Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars