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Culto
Lo que dijeron en el estadio

Lo que dijeron en el estadio

Alusiones al quiebre de la banda, loas a Zamorano y cómo no, consignas contestatarias, adornaron las dos noches que terminaron por ser la base de “Lo estamos pasando muy bien”, el DVD que mejor muestra el regreso de Los Prisioneros hace 15 años.

El público del nacional grita. Hay fervor, banderas chilenas, peruanas, mapuches, de partidos políticos y movimientos ciudadanos adornando el estadio en que catorce años después Chile logrará ganar su primera Copa América frente a Argentina.

Jorge González acompañado de su bajo, Claudio Narea con una camisa roja prestada por un amigo y Miguel Tapia, con vistosas trenzas y sus baquetas, hicieron su ingreso a un Nacional repleto.

Sonó “La voz de los 80” con algunas alusiones al Opus Dei y, sin mediar pausa, siguió “Brigada de negro”. Ahora, recién terminado el tema que no sabemos si habla de la CNI, la DINA, el periodismo o los fans de The Cure, González saluda al público secundado por Tapia. Claudio Narea guarda silencio.

“¡Buenas noches! Doce años después volvemos a tocar juntos. Fue muy agradable descansar de estas canciones por un tiempo. Ahora nos suenan como grupo nuevo… y vamos a cantar una canción que se llama ‘Por qué los ricos’”, dice el músico. El Nacional ruge.

Luego, un silencio acompaña el inicio de “Jugar a la guerra”. González grita: “¡Miguel Tapia canta ‘Quién mató a Marilyn’!” y tras esto, parte una de las canciones más dulcificadas de Los Prisioneros con los años.

Narea sigue sin decir nada, mientras Jorge es quien toma la palabra.

“Ahora cuando estábamos ahí, antes de salir, nos pasó una cuestión muy grosa. Vino Iván Zamorano en persona a saludarnos. ¿Qué les parece? ¿Cómo la ven?”. El estadio ovaciona al entonces recientemente retirado capitán de la Selección Chilena de Fútbol, que algunos años después vería su popularidad en el suelo con la crisis del Transantiago, del que fue rostro. “Significa que nos está yendo más o menos bien”, completa González ante los aplausos al eterno “9” de La Roja.

Suena “Paramar” completa, seguida de “No necesitamos banderas”, ese reggae contestatario que González interrumpe por primera vez para darle el paso a Narea con el solo de guitarra, pero también para recitar una poesía infantil.

“Blanco azul y rojo tus colores son. Yo los llevo dentro de mi corazón. Banderita mía yo te doy mi amor, para defenderte seré un campeón. Blanco azul y rojo. Banderita mía. Banderita tuya. Banderita del vecino. Banderita de la vecina. Banderita del vecino (pero del otro lado)… no necesitamos banderas”, remata.

“Ese Antonino y ese Nico. Y esa Anita y ese Tedy”, grita el cantante saludando a sus hijos antes de empezar la mejor versión en vivo de “Mentalidad Televisiva”: “¿Cómo salen? Bien, ¿no? Perdonen si me equivoco mucho con el bajo, pero es que estaba desacostumbrado a cantar y tocar el bajo y es un poco peludo. Pero como el bajo no se nota mucho…”.

“Yo lo he notado, ah. Lo noto”, le dice Tapia. “Te has condoreado heavy, loco”.

“Igual si lo grabamos…. después, si grabamos esto reemplazamos el bajo, la grabación y queda todo poco menos que tocáramos como Los Tres”, dice Jorge. La gente reprueba la idea con chiflidos.

González dice: “Bueno, queremos agradecerles porque en realidad en estos doce años que estuvimos separados ningún día la gente nos permitió dejar de ser Los Prisioneros. O sea, todos los días la gente nos veía y éramos Los Prisioneros, así que poco menos que los únicos que no estaban convencidos éramos nosotros. Igual, nos habíamos puesto en la buena hace ya varios años, pero tenía que darse la cosa musical para volver a tocar. A mí me da la impresión de que tenía que pasar la década de los noventa para que pasara. Y ahora vamos a cantar una de las canciones que más nos gusta, que se llama ‘Por qué no se van’”.

Después de eso, suena “Muevan las industrias”, acompañada como nunca de un sinfín de efectos electrónicos, al igual que “Por favor”. Coronan la seguidilla con “Tren al sur” y “Que no destrocen tu vida”.

Un silencio recorre el Nacional y Los Prisioneros vuelven a tocar tal vez su canción más trascendente, “El baile de los que sobran”. Entre sonidos de perros, la guitarra, la batería electrónica de Miguel Tapia y el teclado, Jorge González grita y quiere decir que nada ha cambiado respecto a la realidad que retrata la letra que escribió en los ochentas.

“¡En las mismas!”, dice, antes de dar las gracias a quienes corearon con ellos.

“Esta es una canción muy linda, con la que nos sentimos muy identificados. Se llama ‘Quieren dinero’. A sacarse los guantes, esto está empezando no más. ¡Ayo, Silver!”, continúa.

“La próxima pieza es una canción del disco más desconocido de nosotros que se llama La cultura de la basura y se llama ‘Usted y su ambición’”, dice González, que al terminar el tema escucha a los primeros asistentes al concierto gritar “el abrazo, el abrazo”, conminándolo a acercarse a Narea.

Los Prisioneros hacen caso omiso del clamor y lanzan el primer acorde de “Maldito sudaca”. González olvida la letra y pregunta “¿qué viene ahora?”. Improvisa con un “ridículo paraguayo. Obsceno guatemalteco”. El truco funciona y siguen adelante.

La gente sigue pidiendo el abrazo entre González y Narea. “El abrazo de Maipú”, dice el líder. “El desparpajo”, grita Narea reprobando la idea. “Este no es el Jappening po hueón, nada que ver”, dice González para dar paso a la introducción de “Lo estamos pasando muy bien”, la única canción que canta Claudio Narea en el extenso cancionero de Los Prisioneros, junto a “El vals”. Jorge le pide que diga cómo lo está pasando en la escala del uno al diez. “Diez”, responde Claudio. “Eso es bastante”, dice el líder de la banda ante una ovación.



“Y así no nos damos ni cuenta de cómo va pasando la noche. Ya son las…¡cinco para las once! Tarde, pero bueno… ¡Son hermosos ruidos, que salen de las tiendas, atraviesan a la gente y les mueven los pies…”.

Al final de “Sudamerican rockers”, González se refiere por primera vez a la separación del grupo doce años atrás y aprovecha de hacer un guiño a uno de sus leales aliados en la música: Álvaro Henríquez, el líder de Los Tres. “Cachen la media luna”, advierte antes del solo.

“Porque un amor violento nos traicionó, porque un amor pulento nos separó… etcétera”.

Ahora suena “Corazones rojos”, canción de Corazones, primer disco de la banda luego de la salida de Narea. El guitarrista participa con su instrumento en una de las pocas versiones que hay de Los Prisioneros originales tocando temas de la corta era noventera de la banda.

“Bueno, nosotros ya no somos los de antes. Tenemos que echarle una miradita al carnet y vamos a despedirnos con una canción que se llama… ¡’Sexo’!”.

“Canten, po flojos”, dice Jorge. En medio del tema, González detiene el pulso de la banda para, al parecer, ejecutar uno de sus clásicos discursos.

“Sí, muy rico, se pasa bien, buena onda, pero con condones muchachos. Sí, muy rico, se pasa muy bien, buena onda, pero con condones muchachos. Repito: sí, muy rico, se pasa bien, buena onda, pero con condones muchachos y muchachas… y tío Jorge les va a hacer entrega de algunos”.

González se pasea por el escenario lanzando preservativos al público, mientras sus compañeros mantienen los acordes base de “Sexo” y aceleran de nuevo el pulso hasta que el líder grita una vez más.

“Ahora pregunto, ¡¿se van a poner condón?!”. “¡Nooooo!”, responden miles de personas. “Pero en serio, ¿se van a poner condón?”. La respuesta es la misma. “¿Cómo que no? Nada que ver, pónganse. Es pura huevada de la cabeza no más eso, no ponerse. ¿Se van a poner condón sí o no? Porque o si no, no seguimos tocando. Ahora quiero escucharlos a todos. ¿Se van a poner condón?”. “Sííí”, responden los setenta mil persuadidos. “Bieeen. Las rotativas de imprenta ya están empezando a editar más mujeres piluchas…”.

Parten los ruidos de metales de “La cultura de la basura”, González cambia la letra y revive algunas líneas clásicas de los antagonistas del animé Pokémon, de moda en aquella época.

“Meowt, ¡así es! Prepárense para los problemas y más vale que teman”.

Ahora el bajista se disculpa por la elección de la siguiente canción, “Mal de Parkinson”. Dice que tocan canciones desconocidas para muchos solo porque les gustan. La batería da paso a “Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos”, que es interrumpida en el puente.

“¿Ustedes se han puesto a pensar, por ejemplo, los apellidos que tienen los presidentes en Chile? O sea, la mayor cantidad de los chilenos somos una mezcla de mapuche con español, ¿cierto? La mayoría de la gente tiene apellidos como españoles. Fíjense en los presidentes que tenemos. Lagos es un apellido español, ¿pero Aylwin? ¿De dónde salió ese nombre, cachai? O Frei. Son nombres súper raros y por eso cuando llegan arriba no pasa na’, porque la mentalidad que tienen ellos es que para ellos lo bueno que sería que Chile sería como Europa, ¿cachai? Pero cuando uno va a Europa Se da cuenta que la gente allá está como para la cagada, tienen todo perfecto, todo funciona, pero están todos emputecidos porque tienen que seguir reglas porque la huevada no avanza sin que alguien lo maneje de arriba. Porque si no toman éxtasis no pueden bailar. Por todas esas cosas. Porque están obligados a trabajar. Los presidentes quieren sacarnos nuestras cosas más importantes, como por ejemplo, sacar la vuelta. Nosotros tenemos que sacar la vuelta. Esa es una característica muy buena de nosotros. Yo no creo que esa gente lo haga con mala intención, los presidentes, algunos tendrán más mala intención que otros, pero la verdad es que por ahí no va la cosa. Porque Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos…”, siguió cantando González.

La canción termina y Jorge se despide diciendo: “Nos tenemos que ir porque a esta hora van a pasar los goles en los canales”.

El arpegio que da comienzo a “Nunca quedas mal con nadie” suena claro entre los gritos y la promesa de que será el último tema de la noche. Jorge rompe su compromiso autoimpuesto y sigue, luego de decir “buenanotte. Chaíto. Hay que apoyar al rock chileno”.

“Nos está yendo bien. Mira tú”, reflexiona.

“Generación de mierda”, una canción que —declaran ahí mismo— tocan “para los fanáticos”, adorna el casi cierre del concierto.

“Son las 23:46”, le responde Jorge a Narea y Tapia, que coqueteaban con el avance del reloj para calmar a la gente que no quería que el concierto terminara. Narea explica que el tema que viene es el instrumental “De Rusia con amor”, perteneciente a la banda sonora de una de las interminables James Bond.

“Esta canción era de nuestros comienzos, cuando éramos inocentes. No habíamos perdido la pureza. Cuando solo tocábamos por el interés de nada más que tocar… ¡de adónde, oh!”, dice Jorge.

La canción termina y con ella uno de los mejores recitales chilenos en vivo. “Gracias. Chao. Nos vemos. Váyanse con cuidado pa’ la casa. Excelente onda. Yo creo que nosotros deberíamos seguir tocando… ¿cierto? Estamos puro leseando no más. ¡Chao!”.

El público le responde que “sí”, eufórico aún, a González.

“Vamos a pensarlo”, remata Jorge y desaparece tras el escenario.

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