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Culto
Radiohead a dos baterías en Coachella

Radiohead a dos baterías en Coachella

Hace cinco años, los de Oxford cerraron la segunda noche del festival con un show tan perfecto como inédito.

Es 2012 en Indio, California, y el festival Coachella tiene dos grandes anuncios: el cierre con el holograma que revivirá al rapero Tupac Shakur junto a Snoop Dogg y Dr. Dre, y el show de Radiohead con dos bateristas. “Still weird, but a lot more fun” dice la edición estadounidense de Rolling Stone que antecede al festival, la que lleva a los ingleses en su portada y asegura que tienen los párpados hinchados. Que desde comienzos de gira que se nota el jet lag entre los seis Radiohead —ahora junto al segundo baterista Clive Deamer.

Sobre el escenario de Coachella es otra cosa.

Al comienzo, el propio Deamer lleva el pulso de “Bloom” en la calurosa noche de Indio. Son las once de la noche y, mientras avanza el concierto, en el segundo fin de semana de festival, es extraño pensar en los materiales que inspiraron sus trabajos noventeros.

De una parte hasta The king of limbs (2011), los de Thom Yorke retomaron el rock más orgánico, sin nunca copiar una versión anterior de la banda, como es su sello.

Si hay un grupo creativamente inestable y constantemente mutando, ese es Radiohead. De alguna forma, hicieron desconocido lo conocido: de la angustia de “Creep”, que los puso en el mapa global, avanzaron a un sencillo promocional de más de seis minutos y con un video que muestra a Boris Yeltsin cortándose en pedazos en la animación de “Paranoid android”, o en los virales y la estrategia tras Kid A (2000), que tres meses antes de su lanzamiento fue filtrado a través de Napster y, mientras el baterista Lars Ulrich buscaba encarcelar a sus fanáticos por descargar temas de Metallica, Radiohead les regalaba animaciones y material inédito.

Ahora suenan “15 Step” y “Morning Mr Magpie” y la banda suena como un gran bloque de concreto, desatando un groove inaudito en sus presentaciones. Mientras se apagan los 40 grados que marcó el termómetro en la cálida segunda noche de Coachella, Thom Yorke se cuelga una Epiphone Casino y es evidente la nueva preocupación por las texturas y cierto énfasis en los pequeños detalles.



Ahí están las pantallas asimétricas sobre el pedazo de desierto rodeado de palmeras, mostrando en todo momento y desde distintos ángulos que toda la banda está tocando en función de la canción, hasta que, de pronto, todo este comienzo centrado en sus nuevos trabajos —siguen “Staircase”, “The Gloaming”, “Weird Fishes/Arpeggi”— prueba que en su etapa posterior a Amnesiac, Radiohead suena muy parecido a sus discos, pero también que los estudios de grabación no han sido capaces de capturar el sonido real de estas canciones.

Sigue “Pyramid song” y el guitarrista Ed O’Brien no quita la mirada del suelo cuando Yorke acaricia el Yamaha U3 52 sentado y aullando de espaldas, mientras Phil Selway se luce en la batería guiando mágicamente el ride.

Ahora, en la parte central, en donde está el piano, Jonny Greenwood escolta a un inspirado Yorke, siguiendo sus notas con una Telecaster en la sentida “You and whose army?”, mientras cuatro cámaras completan el rostro del cantante en las enormes pantallas laterales, jugando a extremar la parálisis de su ojo izquierdo.

El segmento de Amnesiac acaba y la noche avanza con unas ganas y una vitalidad perturbadoras.

“Nude”, “Kid A”, “Lotus flower” y “There there” van casi sin dejar un respiro. Es el show más perfecto de todo Coachella, un mensaje de los cuarentones para entender que nunca es tarde para reinventarse y da lo mismo que Selway haya debutado como solista con Familial (2010) o que Yorke esté preparando el álbum debut de Atoms for Peace, o que Jonny sea un prolífico compositor de bandas sonoras y orquestales, incluida su reciente colaboración con el polaco Krzystof Penderecki; es difícil describir el efecto que producen “Karma police”, “Feral” e incluso un tema como “Idioteque”.

“Beautiful”, dice suavemente el cantante, con un tono entre el asombro y la gratitud, una vez terminado el segundo single de OK computer: “For a minute there/ I lost myself/ I lost myself”, canta todo el desierto sin música de fondo y con la banda expectante.

Para el primer bis, la banda escoge “House of cards”, “Reckoner” y “Bodysnatchers”. De a poco se vacía más de la mitad del público con el pulso sedante de esta sección del In rainbows. Entonces los seis Radiohead vuelven a desaparecer. Con “Give up the ghost” se asoman por segunda vez y sorprenden con un final sencillamente perfecto: “Exit music (for a film)” y “Paranoid android”.

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