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Culto
Guía propone a Madrid como principio y final del cine de Almodóvar

Guía propone a Madrid como principio y final del cine de Almodóvar

Si Roma tiene a Fellini y Nueva York a Woody Allen, Madrid es la ciudad por excelencia del cine de Pedro Almodóvar, asegura la historiadora Gloria Camarero.

Calles, plazas, cafés o teatros que han acogido el rodaje de sus películas han sido recopilados por la historiadora Gloria Camarero en Madrid en el cine de Pedro Almodóvar, una guía que invita a recorrer la ciudad de la mano del oscarizado director.

Según su autora, el libro puede leerse de principio a fin o abriéndolo en cualquier página, como Rayuela de Cortázar. Incluye fotografías de muchas de las escenas comentadas y, al final de cada capítulo, un mapa numerado con las localizaciones y el nombre de la película a la que corresponden.

El director manchego llegó a Madrid en 1966, con 17 años, una ciudad inmersa entonces en la dictadura franquista pero que para él representaba los valores de cultura y libertad personal. Su mundo y su recorrido vital por la urbe han quedado reflejados en sus películas.

Los locales que frecuentaban los personajes de sus primeros trabajos son los mismos a los que iba él en aquella época. El Rock-Ola del barrio de Prosperidad, el Tablada 25 de Tetuán o la Sala Carolina de Bravo Murillo que aparecen en Laberinto de pasiones fueron además los templos de la Movida.

En el Edificio España que aparece en ¡Átame! vivía en realidad el cineasta Iván Zulueta, a quien Almodóvar visitaba con frecuencia, y el apartamento de Bom (Alaska) en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, en el número 14 de la calle de la Palma, en Malasaña, era la casa de la pareja de pintores conocida como Los Costus, amigos del director.



A menudo, Madrid es el destino de personajes procedentes del medio rural, como el propio Almodóvar, nacido en Calzada de Calatrava. Es el caso de Gael García Bernal en La mala educación, la abuela (Chus Lampreave) de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? o la madre de Lena (Ángela Molina) en Los abrazos rotos.

Los barrios donde habitan esos personajes dan una idea de su clase social. Los más acomodados suelen vivir en Los Jerónimos, Chamberí o Argüelles, como el fabuloso ático de Pepa Marcos (Carmen Maura) en Mujeres al borde de un ataque de nervios, ubicado en el número 7 de la calle Montalbán, casi frente al Retiro.

Eso sí, la espléndida terraza fue reconstruida en un estudio y sus espectaculares vistas corresponden en realidad a las de la azotea del Círculo de Bellas Artes.

El Madrid de los Austrias y La Latina es el hábitat natural de la “progresía intelectual”. La escritora Amanda Gris (Marisa Paredes) de La flor de mi secreto vive en la calle don Pedro 8; la cantante Becky del Páramo (de nuevo Paredes) de Tacones Lejanos, en la calle Alfonso VI, y el escritor Mateo Blanco (Lluis Homar) de Los abrazos rotos en Bailén, con vistas al viaducto.

Mientras, las clases populares se quedan en barriadas más o menos periféricas, como la Ventilla, donde vive Víctor (Liberto Rabal) en Carne Trémula o Vallecas, el barrio en el que la Raimunda (Penélope Cruz) de Volver reabre su restaurante, en realidad un decorado construido en un descampado de la calle Peña Labra.

Entre los lugares de ocio se incluyen el teatro Lope de Vega, al que acude Benigno (Javier Cámara) en Hable con ella, el María Guerrero en el que Becky canta el mítico “Piensa en mí”, con la voz de Luz Casal, o el de Bellas Artes al que acuden Manuela (Cecilia Roth) y su hijo a ver Un tranvía llamado deseo en Todo sobre mi madre.

Tampoco faltan los bares y tabernas. En Los abrazos rotos aparecen coctelerías míticas como Chicote, donde se confiesa el personaje de Blanca Portillo, y Le Cock, donde pincha su hijo. En Kika hay una secuencia en la cafetería del Círculo de Bellas Artes y en La flor de mi secreto se incluye la Taberna Ángel Sierra en Chueca.

La autora de la guía se detiene en “los muchos Madrid” que encierra el cine de Almodóvar, el Madrid rural de Volver, el brillante y colorista de Tacones Lejanos, el veraniego y eternamente en obras de La ley del deseo o el invernal y mutante de Carne trémula, quizá “la más madrileña” de sus películas.

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