*

Culto
Pasión existencialista: las cartas inéditas de Albert Camus y su amante

Pasión existencialista: las cartas inéditas de Albert Camus y su amante

El martes abre una muestra de arte cinético y geométrico, que conmemora también el primer año de su nuevo espacio en Vitacura.

“A donde miro, sólo veo noche. Sin ti, no tengo más fuerza. Creo que quiero morir”. Este tipo de frases cargadas de romanticismo no son aquellas a las que nos tiene habituados el escritor francés, filósofo del absurdo de la existencia y crítico del autoritarismo de izquierda, Albert Camus. Pero el Nobel de Literatura 1957, conocido por su admiración a las mujeres, tuvo un romance que marcó especialmente su vida y cuya importancia quedó al descubierto esta semana después de que su hija Catherine decidiera publicar 865 cartas, postales y telegramas inéditos entre el autor de El extranjero y la actriz de origen español María Casares.

La correspondencia cubre casi 16 años y ahora es recogida en una edición de más de mil páginas, publicada por el sello Gallimard. “Gracias a ambos, estas cartas hacen el mundo más vasto, el espacio más luminoso, el aire más ligero, simplemente porque existieron”, ha reconocido Catherine Camus, quien dudó mucho y hasta se arrepintió de publicar estos documentos, pues Albert Camus engañaba a su madre, Francine Faure, con la actriz de origen gallego.

Albert y María se conocieron e1 19 de marzo de 1944, en la casa del escritor Michel Leiris, después de asistir a una obra de teatro escrita por Pablo Picasso. Camus tenía 30 años, ya había publicado El extranjero y vivía en París desde octubre de 1942; su esposa Francine y sus mellizos Catherine y Jean permanecían en Oran, Argelia, a raíz de la ocupación alemana.

María tenía 22 años y desde 1936 vivía exiliada en París con su madre y su padre, Santiago Casares Quiroga, ex ministro de la República española. La joven, de pelo castaño, delgada y coqueta, se destacó rápidamente en la escena parisina y a poco de conocer a Camus interpretó a Martha en su obra El malentendido. Tres semanas antes del estreno, el escritor la invitó a una fiesta organizada por Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir en casa del director Charles Dullin: “María llevaba un vestido de Rochas, con rayas violetas y malbas, y el cabello negro hacia atrás. Un reír estridente dejaba ver por momentos sus dientes blancos. Estaba realmente hermosa“, escribiría Beauvoir en La fuerza de la edad. Al día siguiente, fecha del desembarco aliado en Normandía, Albert y María se convertirían en amantes.


“Mon chérie”

“Me siento solo y desierto. No te has dado cuenta de que de una sola vez concentré en un solo ser una pasión que antes yo repartía por todos lados, al azar, y en todas las ocasiones”, le escribiría en esos primeros meses el ensayisa -que firmaba como Michel- a María, en un inicio de relación que era casi un monólogo. El le pide que lo visite en Verdelot, donde está refugiado por su participación en el movimiento de resistencia Combate. Pero María no lo hace y termina con él en octubre de 1944, cuando Francine se instala definitivamente en París con sus hijos.

“¿Por qué el destino nos ha puesto uno frente al otro. Por qué nos reunió nuevamente, por qué este nuevo encuentro justo cuando hacía falta?”, se preguntaría Maria Casares cuatro años más tarde, después de que ambos enamorados se cruzaran por azar en el boulevard Saint Germain de París y reanudaran una relación que terminaría solo con la muerte del autor de Los justos.

“Mon chérie, mon cher amour, mi pequeña gaviota, trucha negra, sabrosa”, le escribe Camus a Casares, con una pasión que se les hace difícil disimular. “Pataleo e imagino el momento en que cerraré la puerta de tu habitación”, anota el ensayista. “Estoy ardiente por dentro y por fuera, todo quema, alma, cuerpo, corazón, carne, ¿entiendes?”, responde María.

La relación crece a espaldas de la esposa de Camus. “Mi madre tuvo una depresión nerviosa terrible y creo que la relación tuvo en parte la culpa”, dice Catherine Camus. “Pero creo que también si María no hubiera estado allí, mi padre no hubiera resistido. Por eso creo que mi madre sabía de la relación y por eso quería tanto a María”, añade la hija, quien tras la muerte de su madre, a comienzos de los 90, buscó conocer a la amante del escritor y le compró la correspondencia amorosa que la española guardaba “en unos bolsos de viaje, de manera desordenada, como ella era”.

Durante 15 años, en esos textos, María hace parte al filósofo de la vida teatral francesa, de sus reencuentros, sus viajes y describe toda un época: la mítica pareja de dramaturgo y actriz, Jean Louis Barrault y Madeleine Renaud, o los actores Gérard Philipe, Michel Bouquet, Pierre Raynal, que son identificados minuciosamente en las notas a pie de página del libro de Gallimard. A veces incluso, la española tiene tiempo para los rumores: que Simone Valèrequi ha dejado a su marido para vivir con Jean Desailly, o que Simone Signoret ha abortado: “He visto a (Yves) Montand bien decepcionado y deprimido”.


Volverte a ver

Las cartas de la hija de Santiago Casares, último presidente del consejo de ministros de la Segunda República española, permiten descubrir la vida de una gran actriz de cine y teatro, “su valor y sus errores”, según la hija de Camus.

Empleada primero por la Comedia Francesa y después en el Teatro Nacional Popular de Jean Vilar, actuó en El malentendido y en Los justos, de Camus, entre otras obras. Mientras ella triunfa en Argentina, en octubre de 1957, escribe: “Las palabras de agradecimiento que tuve que pronunciar, las pronuncié pensando en ti”. Una semana más tarde, Camus fue coronado con el Nobel de Literatura. El le envió un telegrama: “Nunca te había echado tanto de menos”.

La última de las cartas data del 30 de diciembre de 1959, cinco días antes de la muerte del escritor, y está llena de una emoción particular. Camus la titula premonitoriamente “última carta”. Instalado desde noviembre en su casa de Lourmarin, en el sudeste francés, le dice a su amante que regresará por la autopista el 4 de enero: “Hasta pronto mi súper. Estoy tan contento con la idea de volver a verte, que río escribiéndote. Te beso, te aprieto contra mí, hasta el martes para continuar”. Pero el escritor nunca llegó a París, murió cuando el Facel Vega del editor Michel Gallimard se estrelló contra un plátano oriental al sur de Fontainebleau. Y en su bolso, el manuscrito inacabado de El primer hombre, que será publicado 34 años más tarde, 23 antes que su correspondencia con Casares.

Sobre el autor: