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Culto
Lámparas de cristal

Lámparas de cristal

Ricardo Arjona no descuida detalle alguno. La imagen del macho intenso y sensible más la convicción interpretativa, siguen siendo su especialidad.

Un manojo de frases hechas, algunas de ellas ensayadas por lustros como “estoy aquí para lo que les de la gana”, entre sus líneas clásicas tras los saludos de rigor. Entonces el público, que ya sabe su parte, chilla. Ricardo Arjona funciona así. Reglas propias. Podría hacer duetos —los rankings lo dictan—, giras de grandes éxitos, celebrar discos claves y seguir rompiéndola sin mayores cuestionamientos. Sin embargo, insiste en lanzar álbumes con material inédito y producir elaborados shows entre conceptuales y literales como el que presenta hasta el jueves en el Movistar Arena, residencia que arrancó anoche con el sitio repleto como suele ser su cosecha en directo.

Circo soledad, el último título publicado en abril, se monta a la manera de una función circense con ese toque algo macabro, con el cual aquella institución del espectáculo suele ser representada en la música popular. En ese sentido este show está más cerca de Mötley Crüe y Kiss, que en algún momento recurrieron a este concepto en vivo, que a una gira tradicional de un baladista latino.

Con los años los montajes de la estrella guatemalteca se han estilizado ligeramente. Antes lucían recargados e infantiles con escenografías propias del teatro y el musical. Si bien ese elemento aún es recurrente resulta algo menos obvio que antes cuando al turno de “Historia de taxi”, por ejemplo, figuraba un modelo a escala de un vehículo de alquiler. Tal como en la gira de 2014, la pantalla gigante es el eje del decorado, aun cuando todavía persisten elementos visuales para reforzar la idea del circo, incluyendo un par de artistas que bailan y exclaman ataviados ad hoc con algo de desquicio.

“Respirar no es estar vivo, es arriesgarse”, dice Ricardo Arjona en los primeros minutos y, como siempre pasa con sus sentencias con armazón de eslogan, las suspicacias afloran. Lo que Arjona apuesta en cada tour es mantener el nivel. En el terreno musical continúa suscrito a un pop rock guitarrero que su banda interpreta con oficio aplastante. A la vez permanecen intactos los excesos habituales en florituras de violines y clarinete, instrumentos que en el vocabulario artístico del guatemalteco implican refinamiento y tradición de la misma manera en que una abuela prefiere una lámpara de lágrimas de cristal, antes que una pieza con luz led.

Ricardo Arjona, acostumbrado a los calendarios exigentes, cuidó su garganta anoche. Fue de menos a más desde que arrancó con “Ella”, como hizo claros acomodos en “El problema”. Sus éxitos son tantos que cunden los medleys. Hay tres segmentos de ese tipo para no alargar más de la cuenta un espectáculo que a sus seguidoras deberá encantar sin reparos. El guatemalteco sigue representando fantasías con total convicción. Es un artista preocupado de mantener sus cualidades a tope. No descuida detalle alguno. La imagen del macho intenso y sensible más la convicción interpretativa, siguen siendo su especialidad.



Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras