Culto
El libro de moda entre los jerarcas chinos

El libro de moda entre los jerarcas chinos

El ex zar anticorrupción recomendó hace algunos meses a los miembros del Comité Permanente del Politburó del Partido Comunista de China leer Momentos estelares de la humanidad de Stefan Zweig. Publicado en 1927, el libro es un compendio de sucesos que cambiaron el rumbo de la historia.

Hace cinco años fue L’ancient regime, el clásico de Alexis de Tocqueville sobre la Revolución francesa. El libro se convirtió en lectura obligada de los jerarcas chinos y escaló luego a la lista de los más comentados entre intelectuales y blogueros de ese país. Sumida en una desaceleración económica, China se enfrentaba entonces a un cambio de liderazgo y veía estallar protestas en distintas regiones del país. “No sienten que China es actualmente casi una copia de Francia en esos días pre-revolucionarios”, escribió por esos días un bloguero chino. Pero al final, de la mano de Xi Jinping, el país reforzó el poder centralizado, consolidó un liderazgo personalista y acalló esos temores.

Hoy, el libro de moda en el gigante asiático es otro, que responde, tal vez, a la sensación de cambio de Era de la que habla el historiador británico Niall Ferguson. El propio autor de Coloso y Civilización lo reveló en una reciente columna. “Si busca un libro para leer recomiendo Momentos estelares de la humanidad de Stefan Zweig (…). Un amigo en Beijing me dijo que era el último libro occidental que recomendó Wang Qishan —el entonces zar anticorrupción— a sus colegas del Comité Permanente del Politburó”. El libro, escrito en 1927, es un compendio de 14 momentos que, según el escritor austríaco, se “dan muy ocasionalmente”, pero terminan siendo “decisivos por décadas y siglos”.

“Parte del encanto del libro es la selección que hace Zweig”, asegura Ferguson. El libro que parte con el asesinato de Julio César y el nacimiento de la Roma imperial termina con el fracasado intento del presidente de EE.UU. Woodrow Wilson en la Conferencia de París de 1919 para llegar a un acuerdo que sentara las bases de una paz duradera —y que finalmente dejó abierta la puerta a un nuevo conflicto. A lo largo del recorrido, la obra suma desde cambios geopolíticos como la caída de Constantinopla hasta hitos científicos como la expedición al Polo Sur o acontecimientos culturales como Goethe y la creación de La Elegía de Marienbad. Episodios calificados por el autor austríaco como Sternstunden, literalmente “horas estelares” en alemán.

Zweig, quien se suicidó en 1942 en Río de Janeiro, en plena Segunda Guerra Mundial, experimenta hoy un revival. Su obra ha sido reeditada y este año se estrenó Adiós a Europa, un filme sobre sus años de exilio. El escritor escapó de su país tras la instauración del régimen nazi e inició un largo peregrinar por el mundo que lo llevó a París, Londres, Nueva York y finalmente a Río de Janeiro. Sólo un día antes de quitarse la vida terminó su autobiografía El mundo de ayer, donde se lamenta de los derroteros que seguidos por el mundo. “Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del apocalípsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror (…) y sobre todo la peor de todas las pestes: el nacionalismo que envenena la flor de nuestra cultura europea”.

Como sostiene el escritor y columnista de The Economist y Bloomberg, Marc Margolis, “Zweig ha vuelto a ser valorado por una generación que está aprendiendo los peligros del populismo y de líderes que le tienen muy poco respeto a la verdad mientras prometen el regreso a las grandezas nacionales”.

En una época, que algunos han comparado con los años 30, como el historiador estadounidense Timothy Snyder en su libro Sobre la tiranía, la figura del escritor austríaco recuperó actualidad. Y los jerarcas chinos no se han mantenido al margen.

Según Ferguson, detrás del interés estaría también la inquietud por la creciente tensión entre EE.UU. y Norcorea. Una crisis cuyo “desenlace nadie sabe” y que podría derivar hacia “un momento estelar o hacia un épico fracaso”. Situación que ha llevado a que “los líderes chinos no estén leyendo a Karl Marx sino a Stefan Zweig”.


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