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Culto
Nona Fernández: “Soy atea, pero creo en la escritura y en su poder iluminador”

Nona Fernández: “Soy atea, pero creo en la escritura y en su poder iluminador”

El miércoles 29 la autora recibirá en la Feria del Libro de Guadalajara el premio Sor Juana Inés de la Cruz por La dimensión desconocida.

Con un pie sobre la historia reciente, y el otro en una ficción capaz de torcerla y reescribirla, la narradora y dramaturga chilena Nona Fernández (1971) se ha alimentado vorazmente de ambas cosas, de recuerdos y anécdotas reales para construir una obra en la que las esquirlas del pasado siguen abriendo agujeros en el presente. Lo ha hecho con casi todas sus novelas, desde Mapocho (2002) y Fuenzalida (2012), hasta Space invaders (2013) y Chilean Electric (2015), así como con El taller (2012) y Liceo de Niñas (2015) en teatro: fundir su memoria y la del país para dejar caer el peso del pasado.

“Mis relatos tienen siempre un asidero real. Son historias que han ocurrido, que se me presentan o son parte de alguna esquina de mi propia biografía. Algún impredecible radar personal las elige y entonces, entre el recuerdo y el sueño, se van configurando como un libro”, comenta la autora, recientemente galardonada en México con el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz por su novela La dimensión desconocida (2016).

Ambientada en el régimen militar, la historia arranca con la dura revelación de su protagonista, Andrés Antonio Valenzuela Morales, quien llega a las oficinas de una revista de oposición para confesarle a una periodista que es un agente de la policía secreta. “A medio camino entre el periodismo, la literatura y el diario personal”, la obra “consigue mostrar las emociones de toda una nación con respecto a un pasado negro y acaso vergonzoso, y se alza como un ejemplo de los múltiples procedimientos con que las escritoras de Hispanoamérica exploran nuevas rutas para la narrativa contemporánea”, destacó el jurado integrado por el venezolano Daniel Centeno y los mexicanos Cristina Rivera Garza y Eduardo A. Parra.

Dotado con 10.000 dólares, el galardón distingue desde 1992 a la autora de una novela publicada en lengua española durante el año inmediatamente anterior. En 1994 y 2012 ya había recaído en las chilenas Marcela Serrano y Lina Meruane, respectivamente. Nona Fernández recibirá el premio el miércoles 29 de noviembre, en el Auditorio Juan Rulfo , durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, una vez terminada la segunda temporada de Prefiero que me coman los perros en el Taller Siglo XX, la obra de Carla Zúñiga en la que la actriz y narradora interpreta a una mujer solitaria y frágil que carga con una antigua tragedia por la que se le inculpa.

“‘La memoria escrita hay que inventarla’, decía Jorge Semprún, autor español que escribió sobre su vivencia en campos de concentración”, comenta Fernández. “Yo acojo esa idea de inventarnos una memoria. Los recuerdos son fragmentarios, antojadizos y engañosos, y sólo la imaginación los completa. Ahí donde no sabemos, no recordamos y no tenemos información, podemos imaginar. Yo soy atea, pero creo en la escritura y en su poder iluminador. Así que me parece perfecto que La dimensión desconocida fuese premiada en nombre de Sor Juana, quien encarna de manera icónica la dificultad de siglos que han tenido las mujeres para ejercer la escritura”, agrega.

La dimensión desconocida pronto será traducida al alemán, italiano, francés e inglés. Esta última versión saldrá por el sello Graywolf Press en 2019. El trabajo de traducción de la novela, en tanto, estará a cargo de Natasha Wimmer, quien también tradujo a Roberto Bolaño. “El traductor es un intérprete, y en esa interpretación hay una gran autoría. Soy muy respetuosa de ese trabajo y con el tiempo he aprendido la importancia de participar de ese proceso, pues los traductores son al mismo tiempo nuestras voces y médiums”, opina.

Por cábala, Fernández suele no hablar de sus futuros proyectos. Sin embargo, dice, otro recuerdo ha vuelto a cruzarse en su camino: “Es una obra de teatro que pensamos trabajar con La Pieza Oscura, mi compañía, y que mezcla el ahora con el pasado, como parece que ya es mi condena. Es una family play que intenta revisitar, desde el alzheimer de su protagonista, un hecho real ocurrido en 1992, cuando una familia fue tomada rehén por dos jóvenes frentistas que huían de carabineros, muy cerca del Campus Oriente de la UC, donde yo estudiaba. Nocturno de Chile es su título de trabajo por ahora. Así tal cual, como la novela de Bolaño. Cara de nalga”, concluye.

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