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Culto
Green Day en Chile: “Aún estamos vivos”

Green Day en Chile: “Aún estamos vivos”

Los californianos dieron un show que no entregó grandes sorpresas en su playlist o en la teatralidad que acompaña sus conciertos, pero sí dieron lo que el público quería: todo de sí mismos.

El público cantando el clásico de Queen “Bohemian Rhaspsody” no fue una novedad. Tampoco el conejo danzante sobre el escenario al ritmo de “Blitzkrieg bop” o el comienzo de tintes épicos que da “Also Sprach Zarathustra” a cualquier acontecimiento acompañado de esta pieza de Strauss.

No por eso el público dejó de corear, saltar, gritar y llorar al ver a pocos metros de distancia a la banda que acompañó su adolescencia, aquel periodo de rebeldía y confusión que se vive en mayor o menor intensidad por distintos factores, pero por el que todos pasamos al fin y al cabo.

“El pasado emo” -como pueden calificarlo algunos- fue musicalizado por los ritmos furiosos que buscan emular el punk primigenio, aquel que llegó a Reino Unido de la mano de The Clash y los Sex Pistols, y a Estados Unidos con los Ramones en la década del 70.

Green Day sigue igual, o más bien, muy similar a sus versiones de los 90. Ya no tienen 21 años, pero no importa. La música, disfrutar su propio show y -sobre todo- darlo todo a su público, es la razón por la que vinieron. Lo dejan en claro con las veintitantas veces que Billie Joe grito “SANTIAGO!!!” en su variantes que agregaron “Muchas gracias”, “I love you” o “Let’s go fuckin crazy”.

Desde la primera canción “Know your enemy”, establecieron la interacción con el público como ingrediente fundamental de su show. La batería de Tré Cool dio la bienvenida a la banda que regresó a siete años de la última vez que pisaron suelo chileno, también el Estadio Bicentenario de La Florida.

El sencillo de 2009 llevaba apenas un minutos sonando cuando Billie Joe comenzó a llamar a algún fanático que se atreviera a cantar con ellos. El joven elegido no podía más de la emoción, pero cantó dignamente acompañado por el público que, si bien no repletó el recinto físicamente, sí demostró con creces que no querían estar en otro lugar.

Con “Bang bang”, de su álbum Revolution Radio (2016), comenzaron el despliegue de los juegos de flamas que salían desde el escenario. La audiencia ovacionaba cada llamarada que marcaba un punto fuerte de la canción. No tenía la dosis de nostalgia que sus obras insigne de los 90, pero la energía que los mantiene siempre jóvenes se percibió en cada nota al igual que en “Revolution Radio”.

El primer punto a destacar llegó con “Holiday” de 2004. El vocalista desplegó una bandera chilena y llamó a repetir una consigna contra los teléfonos celulares, los computadores y las redes sociales: “This is not a political party, is a celebration. Tonight is about Chile”.

“Boulevard of broken dreams” llegó cuando la noche ya había caído sobre la capital. La oportunidad de Billie Joe para recurrir nuevamente al público y para que usen sus teléfonos como linternas, no para grabar videos como dejó en claro: “Vivan el ahora”.

Armstrong dedicó sus palabras a “todos los que alguna vez fueron llamados freaks, weirdos o strangers”, tiene sentido con una tonada melancólica que habla de la soledad y la búsqueda de los sueños. “Todavía estamos vivos”, dijo el líder de una banda que es capaz de detener el tiempo.

Las estrellas se adueñaron del estadio y acompañaron el ritmo de fogata de la balada de American Idiot. Una suerte de calma antes de la tormenta, que los californianos se permitieron antes de que “Longview” convirtiera el suelo en un material que hizo saltar a todos los presentes y subió a un segundo fan al escenario.

Posterior a la reciente “Youngblood” y la antigua “2000 light years away”, Green Day se permitió alterar su setlist por un lapsus de tres canciones, asegurando que no las tocaban hace mucho tiempo. Las elegidas fueron: “Stuck with me”, “Geek stink breath” y “Nice guys finish last”.

A partir de “Hitchin’ a Ride” retomaron el repertorio que presentaron en Buenos Aires solo dos noches antes. Alternaron la interpretación de “Waiting”, “When I come around”, “She”, “Are we the waiting” y “St. Jimmy”; con juegos vocales del público gritando “eeeeeeeeeee ooooooooo”, Billie Joe tirándose al piso, lanzamiento de poleras, serpentina de colores y muecas de Tré Cool y Mike Dirnt.


Un tercer fan fue privilegiado con el que probablemente recuerde como el mejor día de su vida. Subió al escenario, besó a Billie Joe repitiendo la hazaña del fanático trasandino, y tocó en guitarra “Knowledge”. Eufórico le rogó a Armstrong tocar el siguiente tema: “Basket Case”, pero el cantante le dijo: “No te puedo dejar tocar la siguiente canción, pero puedes quedarte la guitarra”.

Luego de la interpretación de corte alegre que significa “King for a day” -con el lanzamiento de un calzón recogido por Billie Joe y disfraces por parte de la banda-, dieron paso a unos 10 minutos de cóvers que comenzaron con un saxofonista.

De la interpretación de notas aisladas, poco a poco apareció “Careless Whisper”, una derivación obvia que antecedió “Shout”, “(I can’t get no) Satisfaction” y “Hey Jude”. El final de este extenso show que comenzó a las 20 horas, estaba llegando a su fin.

“Still breathing” y “Forever now” se encargaron de recordar que volvían a Chile por su disco Revolution Radio, pero el punto final y cierre inolvidable lo darían paulatinamente con dos seudo despedidas.

La primera con “American Idiot” y la ópera rock “Jesus of suburbia”. El público en éxtasis no quería dar por finalizada la jornada, pero tenían un último premio de consuelo: “21 guns” en formato acústico para decir adiós y prometer volver pronto con “Good Riddance (Time of your life).

Sobre el autor:

Mónica Garrido |
Periodista de La Tercera. En Twitter es @monigarridov