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Culto
Martin Heidegger: más capítulos para una historia sin fin

Martin Heidegger: más capítulos para una historia sin fin

Según revela una investigadora alemana, el filósofo integró hasta 1942 la comisión encargada de organizar el derecho nazi. El hallazgo, unido a recientes publicaciones, reaviva la polémica en torno al autor de Ser y tiempo: al filósofo y al político.

Para el centenario de su natalicio, el interés por Martin Heidegger (1889-1976) se mostraba creciente y vigoroso: ignorando las barreras de la academia, la palabra y la obra del “pensador del ser” llegaban a países como Chile, donde Apsi, Artes & Letras y La Época ofrecían reseñas y reflexiones, o bien columnas que hablando de cualquier tema despachaban alguna expresión heideggeriana (“ser-ahí”, por ejemplo, o aletheia, término griego que expresa la idea de develar algo).

En paralelo, eso sí, acá y en varias latitudes, se sentían aún las réplicas de la sacudida que supuso la publicación de Heidegger y el nazismo (1987). El libro de Víctor Farías no sólo vino a refrescar un tema que el filósofo alemán acostumbró vadear, pero que aceptó abordar en la entrevista de 1966 a Der Spiegel, siempre y cuando se publicara póstumamente: sus vínculos con -y su adhesión a- el nazismo y el III Reich. También azuzó la llama al formular cargos de antisemitismo y revelar, por ejemplo, que su temprana renuncia a la rectoría de la Universidad de Friburgo (el 27 de abril de 1934, tras apenas un año en el cargo) fue seguida muy poco después por su ingreso a la Comisión de la filosofía del derecho.

Presidida por el jurista Hans Frank -conocido después como “El carnicero de Polonia”-, esta instancia gubernamental tuvo por misión fundar un nuevo derecho, el derecho nazi, en las características de la raza y del pueblo alemán. Su primera tarea fue contribuir a las leyes raciales de Núremberg, entre ellas la que en 1935 prohibió los matrimonios entre judíos y no judíos, y según pudo establecer Farías, su participación en la misma se habría extendido al menos hasta 1936.

Ahora, una investigadora de la U. de Heidelberg nos dice que esta labor se extendió hasta julio de 1942, lo que no es cualquier dato si se piensa que la “Solución Final” se decidió en enero del mismo año.

En el primer tomo de una obra que publicará a partir de 2018 (Der akademische Nationalsozialismus), la académica Miriam Wildenauer tuvo acceso a archivos del Reich que le permitieron realizar lo que su colega de la U. de Colonia Sidonie Kellerer, califica como un “descubrimiento mayor”. Ello, porque establecería que Heidegger “no se contentó con justificar la ideología nazi: nunca dejó de participar activamente en la ejecución de las políticas nazis”.


Un acto del ser

La historia es enrevesada y comienza incluso antes de su célebre discurso rectoral de mayo de 1933, el mismo que fue saludado con alabanzas por la prensa del NSDAP. Al decir de su biógrafo Rüdiger Safranski, un año antes de la llegada al poder de Adolf Hitler, el autor de Ser y tiempo comenzaba a adherir a su propuesta, aún si su filosofía no entraba ahí. Pero ya para 1933 “la revolución nacionalsocialista se convierte en un acontecimiento poderoso para el ser-ahí, en un acontecimiento que impregna su filosofía hasta lo más íntimo”.

Había ahí un último acto en la historia del ser. O así lo vio Heidegger. Terminada la II Guerra, perdió su cátedra universitaria y no quiso abjurar del régimen, cosa que hicieron muchos nazis enfrentados al cambio en la escena política. Nunca se animó a hacer una declaración pública respecto de su rol, por más que se lo pidiera Herbert Marcuse, y desde su hogar en la Selva Negra el filósofo alemán más influyente del siglo XX, se consolidó como “el rey secreto del pensamiento” para usar la expresión de Hannah Arendt.

El nuevo milenio ha permitido tener más elementos. La publicación de las obras completas del filósofo (Gesamtausgabe), ha incluido a partir de 2014 la aparición programada, y aún en curso, de sus Cuadernos negros. Entre otras cosas, la transcripción de sus anotaciones dan cuenta de la naturaleza del antisemitismo heideggeriano. Antes de eso, Emmanuel Faye había publicado Heidegger, la introducción del nazismo en la filosofía (2009), cuyo solo título contraría a quienes han buscado separar al filósofo del ser político.

Hace dos años, en tanto, Jean-Luc Nancy publicaba Banalité de Heidegger, donde aborda su antisemitismo “banal”, en el sentido arendtiano de la expresión, y propone que lo suyo se encaminaba a un “archifascismo”. En las últimas semanas, a través del diario francés Libération, Nancy se ha enfrascado en una polémica con la mencionada Sidonie Kellerer: él dice que buscar una nueva y ejemplar condena es ceder a la corrección política; ella piensa que aún no sabemos qué tanta responsabilidad tiene Heidegger en el genocidio nazi. La controversia está sobre la mesa y no muestra visos de amainar.

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