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Culto
Las (otras) venas abiertas de América Latina

Las (otras) venas abiertas de América Latina

Ocho dramaturgos y directores latinoamericanos, desde el brasilero Felipe Hirsch al argentino Mariano Tenconi, estrenarán sus nuevas obras en Chile en enero, para el Santiago a Mil. Las distancias estéticas los individualizan, pero la crisis política, la migración y, desde luego, la historia y tradiciones comunes conectan sus relatos y voces.

Pasó por alto esas líneas hasta bien avanzada la adolescencia: “Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación”, escribió el cubano José Martí en su ensayo Nuestra América (1891). En los últimos meses, la misma frase ha cobrado otro sentido para el director brasilero Felipe Hirsch (1982).

A tragédia e comédia Latino-Americana, su nuevo trabajo, surgió de una imagen, recuerda: “Pensé en una escena en la que se construye y destruye, y pensé: es tan representativo de lo que la gente vive en este continente. La frase clásica de Caetano (Veloso): ‘Aquí todo parece que todavía es construcción y ya es ruina’”.

Su montaje fue anunciado entre los grandes espectáculos del próximo Festival Santiago a Mil, y acaso no es para menos: entre el 15 y 17 de enero, 12 actores llenarán el escenario de Matucana 100 en una puesta en escena que bordeará las cuatro horas de duración. Allí “dialogan”, según Hirsch, una docena de autores latinoamericanos -del brasilero Augusto de Campos y el argentino Martín Caparrós, al chileno Roberto Bolaño- para hilvanar un relato sobre violencia, política, educación y la falta de conciencia histórica.

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Un ejército de actores aparece frente a una imponente estructura hecha de plumavit: “El hecho de que jueguen con él, así como otros hacen con el concreto, el ladrillo o la madera para construir castillos, da la sensación de farsa grotesca por la ligereza del material. Es ese el tono en el que estamos trabajando”, asegura. “No pretendo que esta pieza dé cuenta de la literatura o la historia socio-política de América Latina. Sería una locura. Si alguien hablará sobre América Latina serán estos autores. No yo”, agrega.


Ficciones y revanchas

Ahora imaginemos que es el año 2068, y que la Tercera Guerra Mundial acaba de terminar, dejando a las grandes potencias por el suelo. En ese escenario, una silenciosa primavera económica florece en Sudamérica, y Argentina y Chile desarrollan una inédita carrera espacial. Fue el primer impulso de Astronautas, la obra que el argentino Mariano Tenconi (1982) estrenará en nuestro país entre el 19 y 21 de enero en el Teatro UC, y en la que compartirán escenario las actrices Paula Zúñiga y Claudia Cantero, chilena y argentina, respectivamente.

“Ese momento ridículo y de pura ficción que fue la Guerra Fría me resultó inspirador”, dice Tenconi. “Me interesa pensar cómo la periferia lee esa batalla de hegemonías. Y pensar en cómo la periferia se volvería centro. Cómo la periferia trabajaría con un género que es de los países centrales: la ciencia ficción. Me gusta la idea de Carlos Fuentes de que América no fue ‘descubierta’ por Europa sino inventada, de que Europa necesitó reinventarse económica y filosóficamente. Si Europa necesitó inventar un continente, América necesitará inventarse un planeta entero”, agrega.

El uruguayo Sergio Blanco (1975), quien se dio a conocer en Chile con una versión local de su obra Tebas Land, vuelve al terreno de la autoficción con El bramido de Düsseldorf, que el 16 de enero llegará al Sidarte. La agonía y muerte de su padre en una clínica en la misma ciudad precipitó el viaje de su autor, aunque sin propósitos claros: no se sabe si asistió a la inauguración de una exposición sobre el asesino Peter Kürten, a la firma de un contrato como guionista de películas pornográficas “y/o” a su conversión al judaísmo en la famosa Sinagoga de Düsseldorf. Cuatro historias en una.

“No hubo viaje ni clínica. Mi padre por suerte está vivo, y yo nunca he estado en Düsseldorf”, cuenta Blanco. “Me gusta que la autoficción me permita jugar con lo honesto de la verdad y lo deshonesto de la mentira. Lo mío no es hacer una defensa ni atacar a Europa, sino mover al público”, agrega.

El dramaturgo argentino Santiago Loza (1971) cree que Latinoamérica vive “un momento de gran oscuridad, pero que nuestro teatro ilumina”. En El mar de noche, su último trabajo (15 al 17 de enero, en Teatro UC), Loza narra la historia de un hombre solitario que lanza alaridos bajo las estrellas. Su voz se cruza con los textos De profundis, de Oscar Wilde, y Muerte en Venecia, de Thomas Mann. “Esos textos tan inmensos fueron sólo disparadores. Quería trabajar a partir de Wilde y Guillermo Cacace, el director, trajo a Mann, pero son gigantes que no se pueden adaptar. Todo intento de acercarse a ese mundo termina en derrota”, dice.

Su compatriota, Manuel García (1975), quien hará su debut en Chile con la comedia coral Tu veneno en mí (9 y 10 de enero, Teatro Camilo Henríquez), cree que “hay algo del pulso caótico en todas estas historias que habla de nuestra forma de vivir, de cómo vivimos en relación al Estado y a estos vínculos llenos de caos”. Claudio Tolcachir (1975), en tanto, comenta: “No podemos despegarnos tan fácil del lugar donde creamos”. Pablo, uno de los personajes de Próximo, el montaje que aterrizará en el Mori Parque Arauco el 16 y 17 de enero, “es un inmigrante latino e ilegal en Australia. Y durante el desarrollo de la historia vemos lo duro que es para muchos emigrantes estar en tierras lejanas”, dice Tolcachir. “Nuestra gente está muy expuesta a esa opción suponiendo que siempre lejos la vida es mejor. Y aceptando condiciones de vida que en sus propios países no aceptarían”, afirma el argentino.


Voces de la Tierra

Fue criada por dos mujeres: su madre y su abuela. “Mi abuela era una mestiza, así llamamos en Yucatán a los indígenas. Ella me enseñó mucho del misticismo y el poderío Maya, y mi imaginario se construyó a partir de sus historias, canciones y curaciones con hierbas”, dice la mexicana Conchi León (1973), otra que pisará por primera vez los escenarios locales con Del manantial del corazón (18 al 20 de enero, Sala Agustín Siré).

Recreando rituales y cuidados pre y post parto de las mujeres, así como a los niños de la cultura yucateca, León expone además un dolor personal: “A mi madre se le murieron cinco hijos, y es una tristeza que no se supera nunca. Muchos niños en México mueren en medio de la impunidad, y los gobiernos no hacen nada. Muchos hijos desaparecen, y no importa si es la guerrilla, el narcotráfico o el eco de la dictadura, nuestros jóvenes desaparecen y el vacío que dejan es brutal”, añade.

Siguiendo la misma línea, Ukhupacha, el monólogo del dramaturgo boliviano Diego Aramburu (1978) que se presentará desde el 16 de enero en sala La Comedia, pretende reprochar, en la voz de un enano inspirado en deidades como el Ekeko, un siglo en la “historia oficial” de su país, y llenar los agujeros que la misma dejó.

“La burla peligrosa es la que de quien se asume como ‘voz oficial’, como la historia”, comenta. “¿Cómo nos defendemos de esas ‘voces oficiales’ si no es poniendo en evidencia la mofa que resultan a la humanidad entera? En ese sentido el humor no es un escudo, es un arma, y aunque en el caso de ustedes y como toda obra boliviana que hable de los traumas nacionales que acarreamos, evidentemente se menciona nuestra carencia de mar, pero este es un texto que le reprocha más al politiquerío de mi país que a la voluntad de los otros”.

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