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Culto
Tears for Fears: “Trump encarna ahora lo mismo que Thatcher en los años 80”

Tears for Fears: “Trump encarna ahora lo mismo que Thatcher en los años 80”

La banda de new wave y pop de sintetizadores, que en los años 80 ya cantó sobre este "loco mundo" y la obsesión por el poder, regresa con un grandes éxitos en el que reivindican sus letras.

“Los actores y el tiempo eran otros, pero los problemas de los que hablábamos siguen existiendo. De hecho, Donald Trump encarna ahora lo mismo que Margaret Thatcher en aquella época”, opina en una entrevista Curt Smith, retornado compañero de armas de Roland Orzábal tras más de una década separados.

Juntos conversaron con agencias de Rule the world: greatest hits (Universal Music), un nuevo recopilatorio para su producción, a la que añade dos temas inéditos: “I love you but I’m lost” y “Stay”.



“La idea -explica Orzábal- era reintroducir la música de Tears for Fears en Reino Unido y en Europa”, donde sus huellas han perdido algo de profundidad en los últimos años, desde que esta banda británica mudó su base de operaciones a Los Angeles y focalizaran en EE.UU. su radio de acción.

Fundada en 1981 en la localidad inglesa de Bath, Tears for Fears lanzó dos primeros sencillos de escasa repercusión antes de dar la campanada con “Mad world”, un tema que, según cuentan, fue concebido originalmente como una “cara B” que un ávido empleado de su discográfica supo darle mayor relevancia.

A aquel éxito que alcanzó el número 3 en las listas británicas y que se incluyó en su álbum de debut, The Hurting (1983), le seguirían otros “hits” como “Everybody wants to rule the world”, “Shout” o la feminista “Woman in chains”.

“No temíamos hablar de nuestra emociones más íntimas, como tampoco nos daba miedo tratar las grandes cuestiones de la humanidad, con unas letras cargadas de significado. Eso nos diferenciaba de muchas bandas de la época”, considera Orzábal.

En efecto, en medio de la eclosión de grupos en coordenadas estilísticas similares, como Duran Duran, Spandau Ballet o Supertramp, Tears for Fears se caracterizó por cargar sus temas de connotaciones políticas y psicológicas (su nombre, de hecho, procede del libro de autoayuda Prisioneros del dolor, de Arthur Janov).

Musicalmente, sus primeros álbumes están muy ligados a la memoria sonora de los años 80 y al tirón de los sintetizadores, lo que en opinión de sus autores no les ha restado credibilidad a día de hoy.

“Es cierto que aquellas canciones están muy vinculadas con una década concreta, pero creo que han trascendido el tiempo, en parte porque en estos años ha habido suficientes interpretaciones de otros artistas que las han traído al presente”, afirman, tras poner como ejemplo la versión de Lorde de “Everybody wants to rule the world”.



El cambio de década traería un giro hacia el rock progresivo y también la salida del grupo de Curt Smith.

“Habíamos hecho juntos tres álbumes y tres giras internacionales. Yo había pasado por un divorcio y quería recomponer mi vida personal con alguien a quien conocí en Nueva York y con quien sigo 30 años después. Necesitaba un descanso para ello, porque estar mucho tiempo bajo el ojo mediático no es lo más saludable”, alega.

Orzábal, por cuyas venas corre sangre británica, argentina y española, se hizo cargo a solas de la formación y publicó dos álbumes más, Elemental (1993) y Raoul and the Kings of Spain (1995), antes de que un lustro después, volviera a reunirse con su excompañero de fatigas.

“Fue fruto de un proceso bastante natural. Teníamos algunos asuntos de papeleo pendientes y nos veíamos de cuando en cuando. Por aquel entonces ambos habíamos sido padres, que es algo que trastoca tu visión de la individualidad en cuanto tienes a alguien más importante que tú mismo de quien ocuparte”, rememora Smith.

Hablaron “relajadamente” durante una cena y se propusieron volver al estudio para ver qué surgía de combinar sus energías una vez más, sin más compromiso que lanzar material nuevo si surgía algo realmente “bueno y válido”. Así llegó su último disco de estudio hasta la fecha, Everybody loves a happy ending (2004).

Su nuevo recopilatorio, confirman, servirá ahora como preámbulo de un próximo disco de estudio previsto para la primavera de 2018, un trabajo “muy electrónico y uptempo”, que serviría además para llenar de contenido una futura gira.


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