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Culto
Almost famous o cuando un fanático mira el mundo del rock

Almost famous o cuando un fanático mira el mundo del rock

La cinta de Cameron Crowe cuenta la historia de un joven de 15 años, aficionado al periodismo, que tuvo la posibilidad de salir de gira con las máximas estrellas de rock de su época y escribir esas historias en revistas como Rolling Stone. Y esa es, en efecto, la historia del propio director.

Cameron Crowe reconoce que hubiera sido más fácil pagarse unas sesiones de psicoterapia y dedicar sus esfuerzos cinematográficos a algún otro proyecto de los que le llovieron tras el éxito de Jerry Maguire (1996). “Más fácil, más barato y un poco más privado”, asegura el californiano de 43 años que siempre supo que quería hacer una película sobre sus días como periodista de rock para la revista Rolling Stone, cuando solo tenía 15 años. Lo que no sabía era cuándo. Y el tiempo ya se le venía encima. “Cuando me preguntaban la edad y respondía que unos 40, todos me decían que parecía más joven “, comenta acerca de una crisis que derivó en Almost famous (Casi famosos), un proyecto sobre el mundo del rock de los ’70. El filme, que hoy llega a las salas locales, superó un presupuesto inicial de 60 millones de dólares, una contradicción con el concepto de un filme intimista. Almost famous acaba de ganar el Globo de Oro al mejor largometraje cómico o musical, y es uno de los más probables candidatos a los Premios Oscar. “Tenía que hacerse con cuidado pero sin locuras porque mi experiencia nunca fue extravagante. Una película en la que me rodeé de personas ¡casi famosas!, como dice el título”, añade Crowe.

La cinta es más bien una pieza autobiográfica y un homenaje a todos aquellos seguidores del rock que, como Crowe, disfrutaban de la música que surge más abajo de la línea del éxito. “En principio se iba a llamar Untitled (sin título), pero como al estudio no le gustaba, volví al de Casi famosos, acordándome de toda esa gente que estaba detrás del escenario mientras actuaba Mick Jagger. Familiares, amigos, seguidores. Ellos fueron mi inspiración”, dice este cineasta nacido en Palm Springs en 1957.

Crowe ya había escrito en varias revistas cuando Rolling Stone lo contrató por teléfono. Había abandonado los estudios en la adolescencia para colaborar en revistas como Creem, Playboy, Penthouse o Circus y volvió a las aulas sólo para inspirarse y escribir su primer guión sobre la vida en un instituto, Fast times at Ridgemont High (1982), protagonizada por Sean Penn y Jennifer Jason Leigh. De ahí pasó a ser el guionista y director de Say anything… (1989) y de Vida de solteros (1992) hasta integrar la lista de realizadores de primera línea tras el éxito de Jerry Maguire, traducido en 154 millones de dólares en la taquilla estadounidense. “Me encanta ser una mosca en la pared. Esa era mi idea cuando trabajaba como periodista, y me gustaría seguir así. Alguien que observa la vida de esta gente, que no actúa en esos momentos. Sencillamente, están viviendo “, se describe el realizador.

John Cusack, después de trabajar con él en Say anything…, le dijo en una ocasión que sus guiones no eran fáciles de interpretar porque se trataba de vidas reales. Para Crowe lo difícil fue ponerle cara a los rostros que lo rodeaban en los ’70, incluso al suyo propio. “Fui el primer sorprendido cuando me llamaron “, recuerda Patrick Fugit, uno de los cientos de adolescentes que contestaron a la búsqueda nacional de un Cameron Crowe quinceañero (en el filme se llama William Miller). “Todo fue bien hasta que me preguntó, como dándolo por seguro, si me gustaba el rock and roll y le dije que no. Pude notar un silencio espeso”, agrega Fugit. “Ni conocía a Led Zeppelin. Pensaba que era un cantante”, corrobora Crowe, que solucionó la imperdonable falta al enterarse de la pasión de Fugit por los monopatines. “Cuando le ves hablar de Zeppelin, la magia que hay en sus ojos, su fascinación, su pensamiento está puesto en un monopatín”, reconoce.

Este no fue el único ajuste que tuvo que hacer en un filme en el que la obsesión por el detalle de Crowe le llevó a lo que define como “serias crisis ” para conseguir plasmar una historia que fuera “cierta hasta la agonía”. No fue fácil encontrar a alguien que supiera lo que es un corte de pelo a lo Marc Bolan o brillos a lo Ziggy Stardust en un mundo de extras amantes de los rapados militares. Tampoco era sencillo obtener el reparto ideal. Crowe trabajó varios meses con Brad Pitt para el papel del guitarra Russell Hammond, antes de que el actor abandonara el proyecto porque no entendía la intención de Crowe. Sarah Polley, la nueva musa del cine independiente estadounidense tras su éxito en Go, viviendo sin límites, iba a ser Penny Lane, el espíritu de la seguidora, una mezcla de las múltiples fanáticas que Crowe conoció durante las giras. Las fechas se lo impidieron y el papel acabó en manos de Kate Hudson, que ya formaba parte del reparto en un papel muy secundario. Tampoco funcionó la idea de contar con Meryl Streep como su madre, papel que interpreta Frances McDormand. “Tuve la suerte de que Steven Spielberg (el productor a través de su empresa, Dreamworks) quería una película personal, donde no hacían falta estrellas sino una buena historia “, reconoce Crowe, quien acabó utilizando a Billy Crudup como el guitarra y a Jason Lee como el cantante del grupo Stillwater, una mezcla de los Allman Brothers (por las peleas entre guitarra y líder), Lynyrd Skynyrd (por el accidentado viaje de avión) y The Who, Led Zeppelin (su disco Fever dog no es más que un homenaje a Black dog) o The Eagles (por las frases como “haznos quedar bien “, sacadas de sus cuadernos de notas como periodista). Y un poco de Neil Young. “Pasé un par de semanas en la carretera con Young, un artista que admiraba. Cuando entregué la historia y lo llamaron desde la redacción para comprobarla, dijo que no daba su aprobación “, agrega, como le pasa al protagonista de Casi famosos.

Más ficticia fue la pasión musical de los actores, aunque al final del rodaje los clásicos del rock era lo único que se escuchaba en todos los camerinos. Durante seis meses, Crowe sometió a su equipo a una “escuela de rock” en la que Crudup aprendió a tocar la guitarra en seis semanas. Otros aprendieron a actuar, como el resto de los miembros de la ficticia banda Stillwater, interpretados por músicos como Mark Kozelek, de Red House Painters, o John Fedevich, de Szuters, o incluso Peter Frampton, que además de ser asesor musical aparece como el representante de Humble Pie.

Tanto en la película como en su carrera, las ideas de Crowe están asociadas con la música. “Incluso mi próxima película tiene un título musical, Vanilla sky, aunque sea una historia de amor en Nueva York”, comenta sobre su adaptación de Abre los ojos, con Tom Cruise, Penélope Cruz y Cameron Díaz. La música también sirvió para inspirar a sus actores: Crowe enterneció a Hudson en una escena sorprendiéndola con River, de Joni Mitchell. Aunque el director logró reunir al cantante de Led Zeppelin, Robert Plant, con su guitarrista, Jimmy Page, para que se saltaran sus reticencias habituales y le permitieran usar cinco de sus canciones, otros temas, como “Stairway to heaven”, quedaron fuera.



* Publicado en La Tercera el jueves 15 de marzo de 2001.

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