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Culto
“Miente miente que algo queda”: ni Piñera ni Artés ni Lenin ni Goebbels

“Miente miente que algo queda”: ni Piñera ni Artés ni Lenin ni Goebbels

Es admirable la ironía que alcanzó la apócrifa frase que hace que, quienes la repiten, ingenuamente —incluso en un debate presidencial—, la sigan cumpliendo.

Anoche, en el fragor del #DebateAnatel y tal vez apurado por algún prurito, el candidato Sebastián Piñera refirió a Lenin una frase con la que empalmó los emplazamientos del candidato Alejandro Navarro.

“Lenin decía: miente miente que algo queda”, habló el hombre de Chile Vamos.

Cuando el rating promediaba los 43,4 puntos, el también candidato Eduardo Artés tomó la palabra para contestar a otra pregunta y quiso mejorar la frase de Piñera: “Para mentir y comer pescado, hay que tener mucho cuidado”, deslizó el mascarón de proa del movimiento Unión Patriótica.

“Lenin nunca dijo esa frase, amigo mío. Ese fue un dicho —y se lo puede explicar mejor el señor Kast— del Ministro de Propaganda del régimen nazi de Hitler”, agregó.

“Miente miente que algo queda”. ¿Quién dijo realmente esa frase? ¿Fue Goebbels? ¿o Lenin? ¿O ninguno de ellos?

Según Iván Almeida, Doctor en Filosofía y profesor jubilado de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), los primeros rastros remontan al siglo I d.C.

“En el capítulo 4º del libro I de sus Obras morales y de costumbres, Plutarco la atribuye a Medion de Larisa, un ambiguo personaje que cinco siglos antes había sido consejero de Alejandro Magno”, escribe el profesor en una columna de El País: “Ordenaba a sus secuaces que sembraran confiadamente la calumnia, que mordieran con ella, diciéndoles que cuando la gente hubiera curado su llaga, siempre quedaría la cicatriz”.

La frase reaparece en el siglo XVII, ya macerada como un conocido proverbio. Así lo confirma Roger Bacon en su obra latina De la dignidad y el desarrollo de la ciencia: “Como suele decirse de la calumnia: calumnien con audacia, siempre algo queda”.

Un siglo más adelante, Rousseau pone en boca de un “famoso delator” lo siguiente: “Por más grosera que sea una mentira, señores, no teman, no dejen de calumniar. Aun después de que el acusado la haya desmentido, ya se habrá hecho la llaga, y aunque sanase, siempre quedará la cicatriz”.

Finalmente, entrado el siglo XIX, Casimir Delavigne, en Les enfants d’Edouard, da otro aire a la frase que había atravesado toda nuestra era: “Mientras más increíble es una calumnia, más memoria tienen los tontos para recordarla”.

Lo anterior puede argumentar que Goebbels no fue el inventor de la frase, sino que el depositario de la tradición. Alguien que se sirvió de ella para describir una maniobra enemiga.

En su artículo “De la fábrica de mentiras de Churchill” (1941) escribe: “Una vez proferida una mentira, (Churchill) sigue repitiéndola sin que nada ni nadie se lo pueda impedir, hasta que al final acaba él mismo creyéndola (…) El esencial secreto del liderazgo inglés no debe buscarse tanto en una inteligencia particularmente afilada sino, mucho más, en una estúpida y bochornosa tozudez. Los ingleses se rigen por el siguiente principio: ‘Cuando mientes, miente en grande y sobre todo persevera en la mentira’. Y así siguen mintiendo, aun a riesgo de volverse ridículos”.

Goebbels, que, como ministro de la propaganda nazi, fue un mentiroso a repetición, resulta no ser el autor de la frase. Sin embargo, es admirable la ironía que alcanzó la apócrifa expresión que hace que, quienes la repiten, ingenuamente —incluso en un debate presidencial—, la sigan cumpliendo.


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