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Culto
Lyndal Roper, historiadora australiana: “El antisemitismo de Lutero fue más extremo que el de sus contemporáneos”

Lyndal Roper, historiadora australiana: “El antisemitismo de Lutero fue más extremo que el de sus contemporáneos”

Nacida en 1956, la académica da clases de Historia Moderna en la Universidad de Oxford, y en 2011 fue elegida miembro de la Academia Británica (FBA). Ha publicado, entre otras investigaciones, el libro Religión y cultura en Alemania (1400-1800), en 2011.

El 31 de octubre de 1517, hace exactamente 500 años, un monje alemán más bien desconocido, llamado Martín Lutero (1483-1546), colgó sus 95 Tesis en la puerta de la iglesia del Castillo de Wittenberg. Entre otras cosas, él veía la venta católica de indulgencias como un escándalo, y sostuvo que la salvación debía ser ganada solo por la fe. Ya hacia 1521, sus enseñanzas tocaban otros muchos aspectos, incluidos, por ejemplo, el derecho de los sacerdotes a casarse.

Fue convocado a una reunión con el emperador del Sacro Imperio Romano en la famosa Dieta de Worms, pero no se retractó y durante los siguientes 25 años defendió sus ideas, a esas alturas articuladas y echadas a correr como una reforma de grandes proporciones. Al momento de morir, en 1546, había dividido a la cristiandad en dos.

La historiadora australiana Lyndal Roper (1956), profesora en la Universidad de Oxford, ha escrito una documentada y reveladora biografía de Lutero, considerando todos sus aspectos: su valentía, su independencia, sus contradicciones, enseñanzas y defectos.

Lutero fue profeta de la conciencia individual y la libertad contra los patrones heredados (por eso sostenía que las escrituras eran superiores a la autoridad de la Iglesia), pero también era un peleador muy hábil; un antisemita radical y una personalidad autoritaria. Así, en 1524, la rebelión se extendió a los campesinos alemanes, que afirmaban estar inspirados Lutero: él repudió a estos rebeldes.

Contra la tradición católica de abstinencia, afirmó que Dios quería que los seres humanos disfrutaran del sexo y, practicando lo que predicaba, se casó con una ex monja con quien tuvo varios hijos. El libro de Roper es particularmente innovador en cuanto a la infancia de Lutero, quien siempre insistió en sus orígenes campesinos, pero resulta que su padre era un inspector de minas.


-¿Es una simplificación pensar que la rebelión de Lutero contra su padre anticipó su rebelión contra el Papa?

-Sí. Esta fue una posición teológica compleja a la que llegó durante un largo período de tiempo, y no la entendemos si la caricaturizamos como una rebelión contra su padre. Sin embargo, su postura en la Dieta de Worms cuando se opuso al Emperador requería una enorme valentía y tozudez. Él mismo dijo que era como un caballo ciego que no mira ni a derecha ni a izquierda. También era alérgico al paternalismo: cuando el cardenal Cayetano en Augsburgo lo trató como a un hijo descarriado, a Lutero no le cayó nada bien.

-¿El momento en que Lutero clavó sus tesis en Wittenberg podría ser apócrifo?

-No hay evidencia directa de que Lutero clavara sus 95 Tesis. Melanchthon, de quien tenemos la historia, no estaba en Wittenberg en ese momento. Sin embargo, Lutero sí celebró su décimo aniversario. Creo que es probable que las haya fijado, pero pegando más que clavándolas, como el historiador Daniel Juette ha mostrado recientemente: hay que imaginar lo que le pasaría al papel si se clavara en una puerta en el frío de fines del otoño.

-En el libro usted dice que sus debates dieron forma a su teología.

-Las 95 Tesis no contienen su teología desarrollada. Cuando se enfrentó a Cayetano en Augsburgo en 1518, comenzó a rechazar la idea de que los pronunciamientos papales tuvieran autoridad y comenzó a insistir en que las Escrituras eran la única prueba. Y cuando debatió con Johannes Eck en Leipzig en 1519, comenzó a argumentar que los Concilios de la Iglesia podían estar equivocados. Era muy difícil para sus oponentes mantenerse al tanto con él, porque tan pronto como habían tratado de refutar una herejía, él ya había pasado a la siguiente.

-Lutero tenía una actitud positiva hacia el cuerpo y la sexualidad.

-El entrenamiento filosófico de Lutero lo inclinó a no hacer distinciones radicales de este tipo, sino a ver los objetos como totalidades. Cuando dejó de ser un fraile, se volvió apasionadamente anti-ascético.

-Para estándares, era también un tipo bastante incómodo: fanático agresivo, misógino y virulento antisemita…

-Su antisemitismo es finalmente asumido y abordado por los historiadores modernos, sobre todo por Thomas Kaufmann. Esto marca un enfrentamiento honesto con el antisemitismo de Lutero en la iglesia luterana por primera vez. Su antisemitismo fue más extremo que el de muchos de sus contemporáneos. Abogó por quemar sinagogas, libros judíos, establecerlos en reservas, expulsarlos de las carreteras.

-¿Cómo pudo esta figura autoritaria convertirse en algo así como un profeta de la liberación?

-No creo que Lutero haya sido un profeta de la liberación. Él usó la palabra “libertad” y explotó sus resonancias, pero no abogó por terminar con la servidumbre e insistió en la obediencia a la autoridad secular. No creía que las mujeres debían ser liberadas: su lugar estaba en la casa, porque sus caderas grandes y sus torsos estrechos, argumentaba, significaban que estaban diseñadas para quedarse en el hogar, cuidarla y tener hijos. b

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