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Culto
Si esto es el cielo…

Si esto es el cielo…

En 2015, el estadounidense Kahlil Joseph estrenó un documental en donde la banda canadiense mostraría los entresijos de su cuarto disco de estudio...

Hay una escena en The Reflektor Tapes en donde el cantante de Arcade Fire cuenta que soñó con Elvis. En ese sueño, el Rey le dice a Win Butler que ensaye 37 horas a la semana.

Hay otra imagen de la-película-que-da-una-mirada-al-proceso-creativo-del-disco-Reflektor en que la banda está tocando en Haití, entrampada en la necesidad de ser vanguardia absoluta.

De repente, la cámara del director Kahlil Joseph muestra los gestos de un grupo de locales sin saber exactamente qué se hace con esa música: si se aplaude, si se mueve la cabeza o si hay que irse.

Esas muecas del desconcierto son las mismas que provoca este documental que estira las posibilidades de la paciencia y exige plena atención y paladeo lento, pero que termina por saber a nada —o a tan poco—, que uno llega a cuestionarse hasta a la banda. ¿Hay algo realmente generacional en Arcade Fire? Entiendo que cada generación quiera tener sus Talking Heads y Radiohead, pero no entiendo por qué no les interesan los Talking Heads ni los Radiohead originarios. Eso es lo extraño.



The Reflektor Tapes juega a aislar algunas pistas del sonido y a regurgitar la conexión haitiana de Régine Chassagne al límite del registro privado de un turista. Están ahí la grabación en Jamaica, los escenarios europeos, los músicos de Arcade Fire cada vez más enamorados de sí mismos.

Vemos sus cabezas gigantes, el disfraz de espejos, el colorido de un carnaval antillano filtrado en blanco y negro. Entre medio, un castillo en Jamaica construido para relacionarse con la realeza europea y el propio cantante acostándose en una ambulancia.

Entendemos la lectura que hacen de Kirkegaard (el título de Reflektor fue tomado prestado del ensayo “The Present Age”) y vemos distintos formatos y escenarios de sus presentaciones, pero todo es tan tristemente posmoderno que solo alcanza a ser un intento. Eso es: The Reflektor Tapes aburre tan rápido porque realmente nunca termina por empezar. He visto inventarios de farmacias más emocionantes que esta película. Lo que en un videoclip puede ser una idea brillante —y ostentosa y hasta poco convencional— no siempre puede repetirse en una película y menos en un documental.

Cuando estamos a punto de entender el proceso de un disco importante y doble como Reflektor, hay 5 segundos del productor James Murphy y sería todo. Otros 5 segundos de Arcade Fire en un intenso tarreo musical con teclados y sintetizadores y no más. Puede ser un material para periodistas encriptado con el humor de la banda, como también puede ser un-canje-por-vaya-a-saber-uno-qué-cosa con el director; realmente es como si dieran forma a eso que algunos llaman “hype”.

Ahora, The Reflektor Tapes funciona perfecta como un termómetro del fanatismo por Arcade Fire. Es como ir en el metro con alguien que realmente necesita darse una ducha desde hace días: no es simplemente algo desagradable, es invasivo de una manera hostil. Así que ahí tienen una prueba, fanáticos: 75 minutos de una pieza de su banda favorita completamente aburrida y sin sentido. No sé. Tal vez podamos rescatar la secuencia final, cuando el músico Richard Reed Parry interrumpe los comentarios de Win Butler y Chassagne observa en silencio la entrevista en donde recién entendemos que todo se trató de un ensayo visual —y completamente olvidable— del disco Reflektor.

Entendemos, a juzgar por sus decisiones, que Kahlil Joseph —el director—, nunca ha leído un libro o un diario, como decía el ácido Roger Ebert: ni visto una película o tenido una idea o sostenido una conversación interesante o pensado mucho en general sobre nada. Y lo que es peor, la película quiere ser importante para las nuevas generaciones como en algún momento The Clash fue importante a través de sus registros visuales —esto lo dice el propio Butler—, lo que produce vergüenza y sonrojo, como cuando un tío no para de hacer chistes sexuales relacionados con un plátano.


Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars