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Culto
Villa Cariño: “Seguiremos contra viento y marea, con los comentarios buenos y malos”

Villa Cariño: “Seguiremos contra viento y marea, con los comentarios buenos y malos”

Uno de los conjuntos locales más exitosos del último tiempo revisa su primera década de vida, enfrenta el estigma que los caricaturiza como “cuicos entrometidos en la cumbia” y hace variadas críticas a la escena. Su líder, Max Vivar, también aborda su relación con la hija de Michelle Bachelet: “Dejo que cada quien hable lo que quiera”.

En su condición de músicos chilenos con arrastre popular, han resistido todos los embates posibles disparados desde el mundo virtual. Pero Max Vivar, el líder, cantante y compositor de Villa Cariño, cuenta que ninguno fue tan ofensivo como el que leyó hace un par de semanas.

“Era uno que decía: ‘ojalá que este huevón le haga lo mismo que el Tea Time le hizo a su mina’. Y cuando eso ocurre, se pierde todo el respeto. Completo. Cuando eso ocurre nadie se da cuenta que ella es mi polola, y que nos queremos mucho y que caminamos de la mano, hacemos lo que hace una pareja que se quiere y se ama. Estamos juntos porque somos compañeros, porque ella me acompaña y yo la acompaño. Soy músico y ella es psicóloga, y ve temas de violencia intrafamiliar, por eso a veces es duro leer eso. Son comentarios feos y que hablan muy mal de lo que pasa acá”, expresa el intérprete, en alusión a su noviazgo con Sofía Henríquez Bachelet, la hija menor de la Presidenta de la República.

Desde su irrupción en 2008, Villa Cariño ha avanzado como pocos conjuntos locales entre un campo minado donde esquivan troleos diversos, chistes acerca de la cuna socioeconómica de sus integrantes y, ahora último, ataques a sus vínculos políticos.

Es quizás la consecuencia natural de su genética artística. Iniciados en el Colegio Latinoamericano de Integración, en Providencia, la banda ensambló una propuesta donde la cumbia no sólo se rendía a la parranda, el sexo y el amor, sino que también intentaba narrar parte de los conflictos que sacudían la contingencia, alcanzando un público transversal y una fórmula que con los años fue etiquetada como la nueva cumbia chilena. Mientras en su debut de 2009 aparece el tema “Política, amor y revolución”, en su cuarta entrega, Despertar (2017), “Antes que tú te mueras” es un dardo contra las AFP y su letra se condice más con la ira afilada del punk que con el sabor tropical: “Falló este sistema/ que te pudre hasta la última neurona/Falló este país/ que te dejó en el abandono”.

Después de todo, el plan ha obtenido un saldo favorable. El grupo ya acumula un paso por el Festival de Viña y otro por Lollapalooza, además de presentarse en los encuentros de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. En 2016, se consagraron como los músicos nacionales más escuchados en Spotify. “No me gusta la palabra consolidación, porque me da la sensación de que todo se va a terminar. O como si fuéramos una marca. A mí me gustan mucho los Clash y ellos recién al quinto disco se sintieron seguros. Es peligrosa la estabilidad, porque provoca comodidad, y hay que volver las cosas un poco más inestables”, subraya Vivar.

Y si se trata de cambios, la banda incluso ha decidido sepultar algunas letras de su pasado, como en “No puedo olvidarla”, donde relatan que “cuando una noche/conocí a una tigresa/desilusión, desilusión más grande nunca había tenido/Porque era un varón con minifalda/ y mucha fuerza”.

El vocalista sigue: “Esa frase, que puede ser tan típica de la cumbia, hace diez años me daba risa, pero hoy me causa espanto. En vivo ya no la cantamos. Está la diversidad sexual y la identidad de género, que son cosas que hoy nos identifican. En un momento dijimos: ‘¿qué tan chistosa es esa frase?’ Basta que nos cause risa todo eso”.

-¿Es difícil hacer estos cambios en el ambiente de la cumbia?

Cuesta mucho. Cuesta para el crítico de redes sociales. El público de uno da el aguante siempre. Me acuerdo cuando salió el disco Corazones de Los Prisioneros, que todos dijeron ¿qué es esto? En ese momento no era lo que es ahora, que ahora es casi el disco más importante de la banda, y merece un homenaje y todo eso. Pero ése es el periplo en la evolución del músico chileno

Entre los estigmas más repetidos en redes sociales al minuto de calificar a Villa Cariño está aquel que los tilda de “cuicos” haciendo cumbia. El portal de noticias irónicas La Legal alguna vez tituló con que habían decidido cambiarse el nombre a Condominio Cariño y que su próximo trabajo se llamaría Amor en Chicureo. “Igual era buena la talla”, coinciden los cuatro miembros, para luego también concordar: “Ya no nos molesta que nos digan así”.

Vivar toma la palabra: “Lo entiendo, no podemos ser mentirosos y decir: ‘si, venimos de la población’. Nunca quisimos perder el tiempo defendiéndonos de eso. Queríamos ocupar nuestro tiempo yendo a la marcha contra las AFP, porque al igual que los chilenos que no son del círculo de privilegio ni de las familias más ricas, tampoco sabemos qué va a pasar y nuestro compromiso es para ese Chile que no goza los privilegios”.

-Pero la gente puede decir que ustedes sí se mueven en círculos de gente que goza de privilegios.

Sí, claro. Para corregirlo: más que cantarle al no privilegiado, que suena más de trovero, nosotros dentro de la condición de privilegio que significa tener un grupo, nos hacemos cargo de muchas cosas. Hasta el artista más revolucionario vive hoy en una condición de privilegio. El loco de Calle 13 puede romper con un palo su Maserati en un videoclip porque se puede comprar otro. Y sería tonto decir que vamos a cantar sólo para los no privilegiados, porque si fuera por eso no podríamos tocar en Lollapalooza.

-¿Siente que la gente les cree?

Sí. No sé. El que lo cree, lo cree. El propósito de nosotros no es ganarse la credibilidad. El propósito es tirar la bomba nomás. Y ahí cada cual lo verá. El que no nos cree, tiene su espacio para hacer un ensayo en Facebook sobre por qué no nos cree.

Gabriel Duque (flautista): El que no nos cree, puede comprar el primer disco y ver que nuestro discurso no es algo de ahora.

-¿Se sienten pioneros de esa unión de discurso social y baile?

Fue una preocupación desde nuestros inicios, cuando partimos en el Galpón Víctor Jara. Es algo que de alguna forma no siguió. Algo que yo sólo veo en algunos compañeros de la música.

-Dice que “no siguió”. Las bandas actuales de cumbia, ¿no han continuado con ese discurso social?

Es que, más que un movimiento, a la nueva cumbia chilena la llamaría una tendencia de muchos grupos, muy buenos por cierto, pero que yo miro desde lejos. Miro con nostalgia nuestra partida, porque en ese momento no había nada y lo que nos movía no era llegar a un gran festival. Hoy tratamos de hacer eso en escenarios más grandes y seguiremos contra viento y marea, con los buenos y malos comentarios. Pero es duro tocar en el festival Vivas Voces, donde está Illapu, Inti-Illimani, Manuel García, Nano Stern y Ana Tijoux, y donde se pide a viva voz el cierre de Punta Peuco, y que nadie lo esté cubriendo. Y si nosotros somos tan cuicos y la cosa, igual estamos ahí. Si otro compañero de la música te tira un comentario (por Facebook), en vez de eso, ven conmigo, párate al lado, grita el cierre de Punta Peuco conmigo al lado. Pasa con los colegas de la música que se pierde harto tiempo en pelar al colega. Mientras pasa eso, otro asesino de la dictadura sale libre. Faltan manos, y manos de los compañeros de la música también.

Aunque no lo apuntan directamente, es probable que se refieran al hiphopero Portavoz, quien, cuando se reveló que Vivar pololeaba con Henríquez, linkeó la noticia y disparó en Facebook: “Uno hace el intento profundo de ser diplomático, dialogante, tolerante, buena onda… y aparecen estas weas. Zorrones kls, posan de rebeldes y son las bandas de la juventud de gobierno. Puaj!”

El aludido responde: “Alguien me dijo ‘¡respóndele!’. Pero no me dio para eso. Se hubiera convertido en una bola de nieve que después se vuelve inmanejable. No es nuestro interés. Nuestro enemigo no es el compañero de la música”.

-¿Consideran injusto eso de “zorrones” y “banda de gobierno”?

Lo más divertido es que poquito después de eso me encuentro con un flyer que anuncia a Portavoz cerrando un show del INJUV. Entonces, no sé quién es la banda de la juventud del gobierno.

Vicente Siriany (guitarrista): Ojalá alguna vez podamos conversar con él, que se dé el tiempo de conocernos antes de tirar un comentario así. Se daría cuenta que somos personas sencillas y que tenemos muchas cosas en común. Me dio risa nomás.

-¿Trae estos costos su relación con Sofía Henríquez?

Al principio, claro. Y de ahí viene la fantasía de muchos. Me acuerdo de cosas ridículas, de subir una foto a Instagram en que salgo en mi pieza y alguien pone: “Ahí estás en tu casa que te la arrienda Bachelet”. No pos. La tengo que pagar todos los meses. Postulamos a los fondos de la DIRAC para hacer un gira; les queremos avisar a todos que no lo ganamos, se lo ganó Gepe y Dënver. Debe haber estado bien malo nuestro proyecto. Han aparecido muchos malintencionados.

-Pero es inevitable que aparezcan toda clase de comentarios al estar vinculado a la hija de la persona más importante del país.

Es natural, lo asumo. Desde que esto empezó no pienso en eso. Dejo que cada quien hable lo que quiera. Trato de que las cosas me resbalen, desde el minuto que nos conocimos yo caché cómo se venía la mano. En un comienzo leer tanta cosa es complicado, como la portada de un diario donde decía “acompañó al pololo al lanzamiento de su video”. Eso no es una noticia. Ese rollo de la exposición es heavy, no me había tocado algo así.

El músico cuenta que conoció a su pareja a través de amigos en común del Frente Amplio, la coalición donde milita y para cuya candidata, Beatriz Sánchez, compuso su jingle de campaña. “Confío en que vamos a pasar a segunda vuelta. El escenario con Piñera es lamentable”, dice.

-¿Cómo es su relación con la Presidenta?

No muy distinta a la relación de cualquiera. Es la mamá de mi polola. Aparte que tiene una agenda muy apretada. No nos hemos visto mucho.

-Tomando en cuenta que su público es amplio, ¿es un riesgo estar vinculado por un lado al Frente Amplio y por otro a Bachelet?

Sí, pero es bueno tomar el riesgo. No trato de pensarlo. Si lo pienso mucho me hago problemas yo. No me complica particularmente. Y políticamente no estoy vinculado a ella (la Presidenta). Políticamente no estoy en ese conglomerado, estoy en el Frente Amplio. Son cosas que hay que separar. No hay rollo con eso. Militar en una vereda política trae costos que uno asume de buena forma.

-¿No lo han intentado cambiar de bando?

Jamás. Y no lo lograrán (se ríe).

Sobre el autor:

Claudio Vergara |
Subeditor de Espectáculos de La Tercera y periodista especializado en música popular.