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Culto
Silencio de Shūsaku Endō: misioneros apóstatas

Silencio de Shūsaku Endō: misioneros apóstatas

Silencio, la magnífica novela de Shūsaku Endō llevada al cine por Scorsese, aborda la fallida cristianización de Japón por parte de los jesuitas durante el siglo XVII.

“En este Japón le pasa a nuestro Dios lo mismo que a la mosca en la tela de araña; el aspecto y la forma siguen pareciendo de Dios, pero han pasado a ser restos vacíos”. Las palabras corresponden a uno de los misioneros jesuitas portugueses que en el siglo XVII intentaron la cristianización de Japón, en un principio con bastante éxito, aunque luego fueron perseguidos por los señores feudales, que no veía con buenos ojos el arribo de la nueva doctrina. Silencio, la novela del escritor católico Shūsaku Endō, trata la existencia de tres seguidores de Francisco Javier, quienes, un siglo más tarde que el santo, y bajo diferentes designios, no sólo fracasaron en su cometido evangelizador, sino que, en un par de casos, acabaron incluso apostatando de su fe. Ellos fueron Cristóbal Ferreira, un personaje histórico, y los padres Sebastián Rodrigo y Francisco Garpe.

Celebrado en su momento por el novelista católico Graham Greene, Endō publicó Silencio en 1966. Cincuenta años después, el director Martin Scorsese hizo una película bastante meritoria basada en el libro, un filme fiel a las elocuentes imágenes que Endō articuló a través de un prosa sencilla pero llena de recursos convincentes. Tras un prólogo que sitúa el contexto histórico de la narración, el autor deja el relato en manos de Sebastián Rodrigo, quien llega a Japón vía Macao junto al padre Garpe, a sabiendas de que las autoridades niponas han prohibido el ingreso de los misioneros católicos y que por ende serán perseguidos desde el instante que pisen algunas de las islas japonesas. Ambos han oído que el mítico Ferreira sigue con vida, pese a que poco o nada se ha sabido de él en las últimas décadas, salvo un rumor desconcertante: el otrora paladín del catolicismo habría abjurado de su fe para salvar el pellejo.

Silencio es una novela que emula escenas bíblicas sin grandes veladuras, algo que hizo con singular maestría el novelista griego Nikos Kazantzakis en Cristo de nuevo crucificado (1954). En este sentido, la figura de Judas, representada por el japonés en un personaje llamado Kichijirō, alcanza una trascendencia impensada, puesto que, además de reaparecer con impredecibilidad a lo largo de todo el relato, Endō, de un modo sutil, profundamente humano, tiende a liberar al traidor de la mala fama que lo ha perseguido por más de dos mil años.

Como era de prever, los sacerdotes Rodrigo y Garpe son capturados por los japoneses y separados entre sí. De ahí en adelante, la novela corre por cuenta de un narrador omnisciente que no le pierde pisada a las sucesivas trampas de la fe que se van desarrollando dentro de la mente del padre Rodrigo. Las crisis, por lo general, son estimuladas por los rudos escarmientos que las autoridades aplican a los devotos creyentes nipones, todos miserables campesinos, con la intención de doblegar así la santa voluntad del cura. Pero él se mantiene estoico en su voluntarismo: “La compasión es como el sexo, un instinto nada más”.

De especial interés histórico es el método ideado por el samurái Inoue, otro personaje que existió, para conseguir que los cristianos renegaran de su fe. Se trata del tormento de la fosa: “Lo enrollan a uno en esteras para que no mueva ni pies ni manos, y lo dejan colgado cabeza a abajo sobre una fosa. -El intérprete se lo describía extendiendo las manos en un gesto estudiado de terror-. Y como en esa postura moriría enseguida, le abren un orificio detrás de la oreja, ¿sabe?. Sí, para que se desangre gota a gota”.

Además de exponer con humanidad los misterios de la fe católica, Endō plantea en esta magnífica novela algunos dilemas que, supongo, han de ser frecuentes entre los creyentes de hoy en día. En el siglo XVII los esfuerzos por cristianizar Japón fallaron de manera dramática, así lo atestigua Silencio. El juicio que un siglo antes había emitido san Francisco Javier, el gran misionero de la Compañía de Jesús en Japón, le es útil a Endō para sembrar la duda con profundidad e ironía mayores a las que afectan a sus propios personajes: “De los hombres que conocemos, los más inteligentes son los japoneses”.



Silencio

Shusaku Endo

Edhasa, 2017.

$ 14.060.

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